Narrativa, Relato

Cuidado con los Marios

Por , en 9 de diciembre de 2007

Un verdadero año nuevo fue aquel primer día de Enero. Todo el barrio estaba en silencio. Las músicas estruendosas de algunas horas antes, ya no se escuchaban, ya no perturbaban el ambiente. El pesado olor a carnes asadas, carbón y humo, la brisa matinal se los había llevado lejos. Parecía que hasta las aves, viendo tal ambiente tóxico de humanidad desenfrenada, habían emprendido el vuelo; ni siquiera sus cantos veraniegos podían escucharse.

Tanto silencio llama la atención, ¿cierto? Eso le pasó a Mario, mi amigo, un extraño amigo, mustio, silencioso y muy espiritual, pero algo ebrio y melancólico por amores frustrado. Estuvo toda aquella mañana intentándo oir algo, escuchar todo aquello que le fastidiaba, especialmente aquellos días de fiesta. La música infernal del gordo de la Esquina, quien ponía el parlante de su equipo de música en la ventana para que todos escucharan sus melancólicas canciones pasadas de moda. El rechinar metálico de una máquina pulidora de hierros que era usada por el imbécil que vivía a los pies de su casa. El motor de una cuatro por cuatro que el estúpido de enfrente dejaba encendido desde las siete de la mañana hasta que se iba, como a las nueve. Ese día, todo ese infierno de ruidos habituales, molestos, groseros y propios de una cultura consumista, ya no estaban, ya no molestaban, Mario se había encargado de ello. Años había pensado dar un corte a todo eso. Años añoraba despertar en medio de un silencio hermoso y acogedor. Hace años lo deseaba. Ese día el fruto de sus inteligentes esfuerzos se vio coronado con el más esplendoroso éxito, lo disfrutaba. Sus tres fastidiosos enemigos ya no estaban y junto a ellos otros tantos. La idea de repartir soda gratis con somníferos fue genial y todo gracias a un artículo leído en el diario. ¡Genial! Ideas realmente constructivas y solucionadoras de problemas debieran publicarse más seguidamente, se dijo mientras se disponía a levantarse.

Don Casimiro escuchó un grito desesperado que provenía de la casa contigua, de la casa donde vívia ese tal Mario. Su plan había resultado como lo había previsto también. A penas ese imbécil se pusiera de pie, las desvensijadas tablas del piso, no soportarían el peso y éstas, sin las vigas que las sustentaban desde hace mucho tiempos, cederían al peso y harían caer al infortunado loco al subterraneo de esa antigua casa en donde la fosa ya estaba preparada desde hace más de tres días.
Ese tal Mario ya no volvería a despertarlo por las noches con sus estridentes gritos y risotadas de locura. Dios le había previsto de las ideas para eliminarlo y todos los vecinos se lo agradecerían. Y cuando hubo terminado el griterío del pobre que, sin duda, aún estaría algo vivo y consciente en el interior de la fosa con más de tres metros de profundidad, se dirigió al sótano aquel y comenzó a tirar escombros y tierra a eso foso abierto. Casi una hora después, terminó su encomienda auto impuesta, se felicitó asimismo y volvió a su casa. Las horas de aquel primero de Enero fueron tranquilas y hermosas, no hubo ruidos molestos, ni aromas ni gritería de chiquillos, todo estuvo en paz. Don casimiro vive ahora en la prisión de la pequeña ciudad de Talamiro, en Chile. Se la acusó de envenenar a más de cien personas, hombres, mujeres y niños. Y de la desaparición de uno de sus vecinos, su hermano, dicen. ¿Creen esta pequeña historia? Sí, todo puede suceder cuando la mente está fuera de control. Y Mario no murió, como todos creyeron. Como esquizofrénico inteligente, sabía que la maldad pensada para otros vuelve también a uno, barajó entre sus vecinos quien lo podía odiar más que nadie, y su hermano resultó ser el desafortunado culpable legal de todas esas muertes. Dicen que Mario ahora se hace pasar como profesor, hace clases y algo planea. También ejerce oficios como vendedor callejero, prestamista y comerciante; ejecutivo bancario y traficante. Algunos me han dicho que ahora canta en alguna plazas y bares de mala muerte, a mi no me consta, pero, en fín. ¡quien sabe! Si conoces a un Mario, no te fíes, podría ser el de la historia.

Comentar | Trackback

Comentarios de “Cuidado con los Marios”

Aun no se han realizado comentarios.

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  

 

Secciones

Canales

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio