Relato

CIUDAD SITIADA

Por , en 2 de marzo de 2005

Ya es de noche. Se hace difícil caminar. Pero la falta de luz artificial ayuda a los ojos de Lis a adaptarse a la oscuridad. Y hay otra cosa. Una leve claridad anaranjada que aumenta a cada paso. Lis la ha estado siguiendo constantemente sin darse cuenta. Entonces, un olor que no percibía desde hacia mucho tiempo asalta sus sentidos y se abre paso a través de sus enmarañados pensamientos hasta su conciencia. Un olor a carne asada. Su estomago despierta. Su boca se le hace agua. De pronto siente su debilidad como una ola física que la golpea y la inunda, haciéndole vibrar. Se marea, da un trapies. Pero acelera su paso en dirección al olor. La luz anaranjada aumenta. Finalmente llega al origen del olor. Se encuentra en un antiguo parque, lo que en tiempos atrás fue el mayor parque de la ciudad. Ya no hay césped, ni arboles, tan solo sus recuerdos y un oxidado columpio caído son testigos de lo que un día fue. Ahora una cerca rodea el parque. Decenas de hogueras arden en su interior. Junto a montones de algo indeterminado que proyectan macabras sombras danzantes sobre el suelo y las paredes de los edificios más cercanos. Hay gente allí. Personas que cargan con bultos de los montones y los colocan en una cinta transportadora a manivela que llega hasta las hogueras. También hay soldados. A lo lejos, una pequeña multitud se agolpa contra la cerca. Gritan palabras sin sentido, se oyen disparos, Lis ve como parte de la multitud cae al suelo. El resto sigue gritando y no huyen. Mas disparos. La tierra salpica su pantorrilla a pocos metros de ella. Sin darse cuenta se ha acercado a la cerca y se ha puesto a buscar algún sitio por el que entrar. Otro montón de tierra levantada junto a ella. Esta vez ha escuchado el disparo y retrocede deprisa. Huye corriendo hacia los callejones, asustada de sí misma. Asqueada.

Es de noche. El cielo esta mas despejado de lo que ha estado nunca. En vez de un opresivo manto oscuro, esta noche una neblina cubre el cielo. Incluso se adivina la luna como un jirón pálido y desdibujado.
Lis camina por las solitarias calles. Por el camino ha encontrado una delgada barra de hierro que utiliza a modo de bastón para caminar. No sabe dónde esta, ni tiene ganas de saberlo. Camina por caminar. Además del dolor físico que siente un abismo se abre en su estomago amenazándola con consumirla. Siente el hambre que no había sentido nunca en su vida, el hambre que padece el mundo entero fuera de la ciudad, el hambre que padecía gran parte del mundo en los mejores tiempos ya pasados. Lis escucha un llanto. Parece un niño llorando. Avanza hacia el sonido, que se desliza por las callejuelas rebotando y cobrando impulso. A veces es difícil de seguir. El llanto parece girar a su alrededor y cuando piensas que esta al lado parece provenir de tus espaldas. Lis se pregunta si no persigue un fantasma. Sin embargo le parece que cada vez suena con mas fuerza. Espera que el niño no se mueva, porque no tiene fuerzas para caminar indefinidamente detraes de él. Hace frío. Los huesos le duelen. Sobre todo los nudillos y los dedos. Aferra la fría barra con fuerza y parece que se le ha pegado la barra a la carne. Sabe que si no encuentra refugio pronto morirá congelada. Dicen que llega un momento en la congelación que no sientes nada, y es un momento agradable. Porque ya no tienes frío y no notas los dolores de la carne. Pero Lis también sabe que antes de ese momento el frío es como miles de cuchillas despedazando tu piel.
Finalmente Lis ve una luz al fondo de una callejuela. Camina intentando no hacer ruido. Al final de la callejuela la sombra alargada y danzante de alguien se proyecta contra la pared. Luz anaranjada de una hoguera, que proviene de detrás del recodo de la callejuela. Lis asoma con cuidado la cabeza. Un niño, de unos 7 años llora sentado en las escaleras de piedra que suben hasta una casa que esta parcialmente en llamas. De una de las ventanas del primer piso salen las llamas. Lis supone que la casa es del niño, y que sin querer le ha prendido fuego. O tal vez es tan solo un niño perdido que se ha guiado por la luz de las llamas hasta aquel lugar. Realmente aquí no hace tanto frío debido al incendio. De pronto el niño se levanta de un salto y sale corriendo gritando, huyendo de la barra de hierro que ha pasado a unos centímetros de su cabeza y se ha estrellado donde momentos antes se encontraba. Ahora solo queda Lis, aferrada a la barra de hierro. Se sienta en las escaleras llorando. Incluso en esta ultima oportunidad se le ha escapado de las manos. No puede resistir mas el hambre, y su familia seguramente tampoco. Tal vez el niño llevaba comida encima, se dice a sí misma repitiéndoselo una y otra vez. Solo quería asustarlo para conseguir algo de comer, intentando convencerse.

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