CIUDAD SITIADA
Esta oscureciendo. Hace horas que Lis yace tendía medio inconsciente medio despierta. Lleva media hora lloviendo, una lluvia fría y espesa, gotas como perdigones cayendo con rabia, creando ampollas en las grises calles, golpeando el cuerpo de Lis, molesta ante la intrusa que detiene su hipnotizante golpear contra el suelo. Los ojos de Lis están abiertos. Su mejilla yace contra la acera. Ve como las gotas estallan contra el suelo salpicando su rostro. No nota el frío, ni la humedad, ni su cuerpo castigado. Se diría que el caer de la lluvia la ha hipnotizado. Pero por supuesto, esto no puede durar. Esta en equilibrio sobre la hoja de una navaja, con la muerte a un lado y algo peor que la muerte al otro. Lis no esta perdida en luminosos pensamientos de primavera con su familia, su mente no sueña con un pasado más feliz. Solo esta en blanco. Su mente ha desconectado de la realidad. A medida que la lluvia comienza a amainar Lis empieza a encontrarse así misma. Nota su brazo torcido en extraña posición debajo de su cuerpo. Luego el dolor punzante de su diente astillado. Debería gritar de dolor. El shock de las heridas ya ha pasado. Ha tenido tiempo suficiente para enfriarse. Sin embargo Lis no grita de dolor. Le duele, por supuesto. De una manera que nunca imagino posible. Pero no tanto como debería, aunque ella no lo sabe. Eso solo puede significar que la peor parte se la ha llevado su mente. Con una horrible mueca de dolor y mediante un heroico esfuerzo consigue incorporarse. A punto esta de resbalar, pero mantiene el equilibrio y se pone en pie. Ha tardado quince minutos en levantarse, horas le ha parecido a ella, segundos a nosotros. Pero ya se sabe, la percepción del tiempo es relativa. ¿Quién no ha experimentado esto, esperando a que la odiosa manecilla del reloj diese una vuelta completa?. La maldita parece poseer un sexto sentido para saber cuales son nuestros deseos y hacer justamente lo contrario.
Lis camina sin rumbo. Esta desorientada y aturdida. No sabe muy bien donde se encuentra. Se ha hecho un cabestrillo con un sucio pañuelo que llevaba y su brazo, tal vez no roto, pero como si lo pareciera, descansa sobre su pecho. Le duele todo el cuerpo. ¡No tiene comida!. No sabe que hacer. ¿Buscar a alguien y pedirle por favor una cachito de pan para ella y su familia?. ¿Golpear tres veces los talones y pedir su deseo?. ¿Vendrá un tornado para devolverla a casa y encontrarse con todos sus seres queridos?. ¿Que puede hacer?. Le da vueltas y vueltas a su situación y no ve ninguna salida a su laberinto personal sin encontrarse en cada recodo con el minotauro. Aquí no hay ovillo de hilo que valga. ¿Que es lo que la obliga a seguir caminando, o quien?. Tal vez no esta buscando ninguna solución. Tal vez no quiere recordar el camino a casa y enfrentarse a sus problemas. Tal vez solo le da vueltas y vueltas intentando buscar una solución porque sabe que no la encontrara y no se vera obligada a hacer algo, porque esta harta. Harta de que todos dependan de ella. Harta de tener que hacerse cargo de todo. Para eso estaba su marido. Y si ha muerto pues que cargue su madre con la niña. En realidad, sin menospreciar su apurada situación, hay gente que ha estado en peor situación y ha sobrevivido… o al menos no han desesperado con tanta prontitud. Cierto que sus pechos ya no pueden alimentar a su hija, pero aun no se le ha hinchado el vientre a la pequeña de beber agua para calmar los dolores del hambre. Sus rodillas y codos no amenazan de saltar de sus extremidades, como tantas otras víctimas que siguieron el método de control de natalidad de la “sabia” naturaleza. Murieron y siguen muriendo fuera de la ciudad. Pero Lis siempre ha sido así. Nunca ha sido una luchadora. Arrojar la toalla, seguir la táctica del avestruz. La ley del mínimo esfuerzo. Un fallo de carácter en todo caso. ¿Una pobre educación?.¿Circunstancias de la vida?. ¿Culpa de la sociedad?. Cierto que las olas rompen contra las rocas por culpa del viento y del obstáculo que se interpone en su camino, pero un ser humano no es una ola y aunque el viento le empuje y surjan obstáculos en su camino ha de ser capaz de no dejarse llevar. Así que dejemos de echarle la culpa a las circunstancias y considerémoslas únicamente como atenuantes, pero nunca culpables.

