Relato

CIUDAD SITIADA

Por , en 2 de marzo de 2005

¿Que antiguo instinto animal nos hace cambiar de acera al encontrarnos a un desconocido en una solitaria callejuela por la noche?. Se dice que toda persona tiene un espacio imaginario alrededor suyo, que una vez invadido hace que nos sintamos incómodos. El mismo instinto que hace que un perro te gruña y te muestre los dientes si eres un desconocido y te acercas demasiado. La distancia a la que permitimos que se nos acerque varia según la educación recibida a lo largo de tu vida, de ahí que unas culturas acepten mas la cercanía que otras. Todo eso es normal. De hecho si no ocurre así algo malo sucede. No hay cosa más aterradora que el perro que te muerde sin avisar. Eso fue lo que hizo que Lis se pusiera en guardia al encontrarse a una desconocida caminando lentamente en dirección contraria. Lis caminaba con el pan debajo de la chaqueta, pero este asomaba por debajo de la ropa y era visible. Lis cambió de acera, pero de todas maneras tenía que pasar cerca de la desconocida debido a la estrechez de la calle. Lo que asusto a Lis fue que la desconocida la mirara sin expresión en el rostro y no hiciera gesto de incomodidad ante ella. Parecía la serpiente que se acerca lentamente a su presa aparentando indiferencia para girarse en él ultimo instante. Perro ladrador poco mordedor, y su contrario también. O teme a los que visten con pieles de cordero porque ocultan al lobo… o algo por el estilo. La gente sólo recita pasajes de la Biblia y recuerda su versículo, libro y demás tonterías en las películas. De todas maneras Lis comprendía muy bien la idea. Así que siguió caminando. Sin prisas, mirando al suelo, aparentando que nada sucedía, siguiendo la táctica del avestruz, siguiendo la estrategia del animal que se hace el muerto y cierra los ojos, rezando para que cuando los abra ya no se encuentre allí la horrible bestia que ansia su carne. Paso al lado de la desconocida notando los tambores en su pecho y temiendo que fueran escuchados. Pero no ocurrió nada, para su alivio. La desconocida no se giro de pronto ni se abalanzó sobre ella…
- ¡Eh, tú… espera! – Lis salto dentro de sí misma. Pero siguió caminando, como si no hubiese escuchado nada. Una mano le sujeto el codo.
- ¡Eh eh, donde vas blancanieves con tanta prisa! -
Lis se giró asustada, pero intentando aparentar tranquilidad e indiferencia. Sin embargo sabia que su miedo era olido.
- ¿Si? – pregunto Lis intentando que no se le atragantaran las palabras. Su voz sonó muy débil y volvió a preguntar con mas firmeza.
- ¿No tendrás algo por ahí para prestarme verdad? – preguntó la desconocida. Vestía bastante bien para encontrarse en una ciudad sitiada y no parecía hambrienta. Tenía el pelo pelirrojo, y los mofletes salpicados por numerosas pecas.
- No tengo nada – respondió Lis.
- ¿Seguro?. Mira a ver mujer, algo tendrás, vamos mujer, mira mejor- dijo la desconocida alargando las manos hacia Lis.
“Ahora me pedirá cinco durillos para coger el bus porque se le ha quedado tirada la furgoneta y mañana hay mercado”, pensó Lis asaltándole imágenes de un pasado desaparecido.
- ¡No tengo nada! – respondió Lis alejándose de ella.
- ¡A ver, enséñame debajo del abrigo si no tienes nada!- Dijo la desconocida levantando la voz.
Lis se giro y se alejo caminando apresuradamente y escuchando los gritos detrás de ella que le llamaban puta, guarra y demás… Cuando ya había avanzado unos metros echo una mirada rápida sobre el hombro. La mujer la seguía en silencio. Sin prisas pero sin quedarse atrás. “¡Por favor que se vaya!”. Suplicó Lis. Entonces escucho pasos apresurados a sus espaldas y Lis echo a correr, pero era demasiado tarde. Le hizo la zancadilla y calló al suelo golpeándose la frente contra el borde de la acera, además callo sobre el brazo izquierdo en mala posición y un dolor agudo subió por su antebrazo hasta el hombre extendiéndose por todo el cuerpo. Medio inconsciente Lis apenas sintió las manos que rebuscaban debajo de su abrigo robándole el pan y los vales de comida. Luego le pego una patada en la boca haciéndole saltar un diente y otra mas fuerte aun en el estomago y en los riñones. Y allí quedo tendía Lis, gimiendo, tendida en el suelo como un trapo sucio.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

Comentar | Trackback

Comentarios de “CIUDAD SITIADA”

Aun no se han realizado comentarios.

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  

 

Secciones

Canales

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio