Durante la espera, dos personas más, una mujer y un anciano que gritaba entre sollozos que había sido el alcalde de la ciudad, fueron conducidos al callejón. Y cada vez un disparo retumbó sobre los presentes. La niña de la cola preguntó a su madre que hacían con esas personas. La madre respondió que eran llevados a un lugar muy bonito donde hacía calor y había mucha comida y niños con los que jugar. A la pregunta de porqué el disparo la madre respondió que era para celebrar su marcha. La niña volvió a preguntar, ya se sabe como son los niños a esa edad, ¿porque no quieren ir con los soldados entonces?. La madre respondió que porque no querían dejar a sus amigos y familias detrás. ¿Y porque no vamos todos con ellos así no se sentirán solos?. Preguntó la niña por ultima vez pues la madre le mando callar. ¡Porque les han volado la cabeza!. Quiso decirle Lis, pero se contuvo. De todas maneras la niña no se había quedado tranquila con la explicación y miraba con miedo a los soldados.
¿Que extrañas leyes rigen el comportamiento de las multitudes?. ¿Cuál es la chispa que inicia el fuego?. ¿La gota que colma el vaso?. ¿Acaso tenemos que echar mano a la teoría del caos?. La vieja historia de la mariposa que agita las alas aquí y termina con un huracán sobre Pekín… sea como fuese Lis se preguntaba estas cosas mientras intentaba mantenerse en pie sobre la cresta de la ola. Todo estaba calmado, gentes cansadas, rostros sin esperanza, y de pronto, gritos, empujones, codazos y la marea comenzó a moverse, arrastrando a Lis sin rumbo y empeñándose en arrojarla al suelo para ser pisoteada… En pocos momentos Lis tenia heridas sangrantes en las rodillas, la cabeza, el pulgar derecho inflamado, posiblemente roto y un sin fin de contusiones por todo el cuerpo… aunque ella todavía no se hacia dado cuenta pues solo hacia breves segundos que todo estaba en paz. Lis solo fue consciente de la niña pequeña arrebatada de la mano de su madre y desapareciendo debajo de piernas y pies. Estuvo a punto de caer al suelo varias veces, y una de ella hubiese sido pisoteada hasta la muerte si una mano salida de ¡Dios sabe donde! no la hubiese sujetado con fuerza y la hubiese obligado a levantarse, luego se mantuvo a su lado por unos instantes ayudándole hasta que recupero el equilibrio y desapareció… Lis tan solo alcanzo a ver una barba blanca espesa fugazmente. Se oyeron unos pocos disparos al principio, pero enmudecieron rápidamente. Finalmente Lis notó que la multitud se espaciaba a su alrededor y tropezó y calló al suelo, recibió un pisotón en el muslo y todo terminó, los gritos, la multitud, la marea remitió. Lis se incorporó como pudo. La plaza estaba vacía, a excepción de tres o cuatro personas que corrían alejándose hacia las numerosas callejuelas, y naturalmente, los cadáveres que yacían en el suelo, y algunas personas, pocas, que gimoteaban heridas en el suelo. La mesa de reparto hacia desaparecido, la comida también. Los soldados, distinguibles por los jirones de sus uniformes estaban tendidos, muertos, en el suelo. Con dificultad, y sintiendo un agudo dolor en el muslo, Lis se levantó. Con paso vacilante se dirigió a una de las callejuelas, alejándose de los gimoteos de los heridos, y pasando al lado de un niño de unos tres años, sentado en el suelo, con los ojos abiertos y gimoteando con esos sollozos que tienen los niños pequeños cuando se quieren guardar el llanto y no pueden. El niño esta bien, solo tiene una pequeña herida en la cabeza, inofensiva pero que sangra mucho, y se mira las manos manchadas en sangre, asustado, sin saber que hacer, llamando a veces a su madre. Naturalmente ese será su principal problema, que alguien se haga cargo de él. Porque Lis pasa al lado suyo, casi pisándole, y ya sea a propósito o porque no se ha dado cuenta, sigue adelante sin prestar atención al pequeño.

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