Relato

Cartas puestas en el buzón del azar, de Héctor Cediel

Por , en 8 de octubre de 2009

CARTAS PUESTAS EN EL BUZÒN DEL AZAR

I

El insomnio de las bestias del cielo es perverso, como los secretos de las mentiras de la placenta. He danzado con estupor en el infierno y en las noches barrocas, con la perfidia de la escoria murte. La noche amortaja a las resurrecciones ulceradas de los guijarros. Me he limitado a escribir palabras como un muchacho torpe. He intentado robarle tiempo a los relojes o simplemente detener sus vagones. Amo a las abominables amigas, porque con ellas perdí los mejores momentos de mi tiempo. A las guapas les deseo: Suerte de loco. Me enamoré como los idiotas o los presos, del espejismo de un hermoso cuerpo. Ahora desesperado como un fugitivo, intento rehacer mi vida. Escribo los versos que invento y escribo sobre el cuerpo de la mujer que amo. Busco desesperado en la boca con sabor a sal, al placer silencioso que sofoca los gritos. Acaricia la espalda y el arco que destrenzo con la yema de los dedos del solsticio, hasta borrar la sangre de la historia que escribimos.

Como el trébol idiota de los reyes que se inmolan en estatuas, levanto las torres derrotadas del cuerpo. Soy impío como los paridos por una costilla inquisidora. Respiro como las pesadillas de los ritos de las vírgenes o la risa del sol que golpea su inocencia. Si hubiera nacido en otra época, no sabría si me hubiera salvado de la hoguera o de la horca. Soy un demonio fruto de la caja de Pandora. Algunos versos ininteligibles, toman café o vino tinto, mientras se celebra el sacrificio ritual de las crepusculares vírgenes. Un hombre se suicida por culpa de la diatriba y por perseguir su honor al placer de apuñalearlo como a una serpiente empinada. Me siento químicamente impuro como la historia. Añoro la taquigrafía, para no perderle el paso a los pensamientos. Reconozco el suero de la genialidad de Brindisi, para revivir a la vida de su desesperada agonía. Adjetivo como una biblioteca despreocupada, así no alcance a tomar el autobús, para recoger los últimos versos de la imprenta.

La melancolía de los esclavos de la desnudez, gime cual animales heridos por la traición. El fuego de la sangre del príapo se transforma en mármol oscuro, como el enrarecido acero que responde a la alquimia del encanto pùbico de la madreselva. He ofrecido mi mundo, a quién me rehabilite del veneno de la manzana. ¡Sé que soy culpable! No me charlotees más. La parte loca de mi vida murió, cuando el destino me arrebató a la mujer que más he amado. Soy más un ciudadano común que un vago profesional, un bipolar o un poeta, así sean casi lo mismo. Me financio con la inutilidad de mis sueños y erogo como un gramófono: Versos obsoletos. No entiendo al desequilibrio democrático que me margina. Creo que he cumplido con todos los requisitos, para que el cielo me niegue la visa. Estoy de acuerdo con la opinión pública: La plática de mis versos es una mierda, por culpa de la sensualidad de algunas imágenes y por eso: Debo ser excomulgado. Hoy le pido de corazón a Dios que alabe mi deshonra, para sentirme menos serpiente o murte. Me siento como un inquisidor, bebiendo cicuta para dormir en paz. Silba insomne el mar y los argasos de las pútridas arenas. Como la pesadilla de la clepsidra que despierta con el aroma del sexo fauno, la mano invisible de la vergüenza de Dios, escribe a su antojo nombres para restaurar el temor a su espada.

Dicen los astronautas, que el universo gime como un cuerpo burlado y al borde de un ataque de histeria. Amo lo indómito de los adúlteros vagabundos. Soy como las silabas que deciden el destino oscuro o luminoso, de nuestros intolerables rugidos. Soy un chacal que acecha con fuego, en la lenta cacería. El futuro púrpura de los latigazos del hierro, hechiza a la frialdad de las arenas del desierto. El escalpelo atosiga, a la agonía del cautivo. Los fragmentos incandescentes del rostro, cortejan al orgasmo de la antorcha. Sé que Dios ríe a carcajadas, cuando lee los absurdos de mis desvaríos. Dejo que el laurel de mis manos claudique, sobre la espesura de la fronda. La pradera geométrica del rictus carmín, hereda al alucinante jaque mate de las luciérnagas y de las mariposas.

Suena el teléfono y las hormonas de mis suspiros, arden cual teas de ilusiones. Tu voz siempre trae la alegría de las ilusiones de la primavera, dentro de un talego de quimeras y utopías. Tus palabras me ponen a volar a más de quinientos grados, que es la temperatura ideal del placer. Através de los mares de las noches entre claroscuros, lágrimas, besos y semen, la ciudad se devora a la belleza de las bellas; brujas a las que la alquimia reduce a escoria murte o simplemente, deja que se las devore el orín murte de el túnel diabólico del tiempo. Los labios de sus miradas, gozan de todo el desencanto como el filo de una cuchilla suicidadora. Ahora que vivo muerto, comprendo a la filosofía que nos legan los difuntos y a los absurdos versos, de algunas de sus miserias. El amor se deshoja, para conservarlo en alcanfor. Nuestros promiscuos besos sin bozal, demuelen lo construido por cupido. Las ilusiones enfermas cicatrizan con dificultad. ¿Dónde están los poetas que necesita la vida? Pretendo vivir como un Rey a mi manera, pero vivo en deuda con dios y con la izquierda, mientras con la derecha escribo la palabra primavera y toreo al natural con derechazos a la vida.

No reserves tus mimos para amores a destiempo. Dime que tu lengua no esta jugando con mis sentimientos. Dejo que me atrapes y me desees con pasión y sencilla audacia. Cómo me duele la ausencia de tu piel, cuando te vas sin un hasta pronto. La vida se alarga con esos besos que van un poco más allá de la medianoche y madrugan cual semillas, para que no las pise el tiempo en época de germinación. La muerte es un efímero pensamiento, largo como la agonía en un insomnio.

II

La voz que escribe, habla con pasión en la soledad. Los pleonasmos ensucian con la gèlidez del éxito, a las palabras que se derraman sobre el blanco del lienzo. ¿Fue tu locura la que le robó, las ilusiones a mi vida? Nunca te prohibí ni te inhibiré de nada, para no alienarte con la deshonra. Tus besos de cirio han dejado huella. Discrepo con las pesadillas que me iluminan, con la fosforescencia del insomnio. No puedo pronosticar una despedida o un adiós sin un: “te amo”, dentro de  una botella marinera. Encharque con promesas al futuro de mis ilusiones. Ya reconozco a los caminos del otoño y a la ansiedad artificial de los “Te amos”. Mi razón intenta comprender al sexo sin Amor, mientras el instinto con la prisa de una fumarola, se burla de mi ignorancia.

Dicen que soy un Cristo, por sacrificarme estúpidamente por los demás. Esa es la quinta esencia de mi vida y el color parnasiano de mis versos. Me he enterrado como una esperanza herida por los desengaños. La agonía me asfixia con sus besos. Mentiría si niego que he gozado y sufrido como una noche triste, pero estrellada. Tu amor me ha conquistado, hasta el borde de la locura. He escuchado melodías, como cuando madruga la muerte a segar y truncar ilusiones. El desamor me infecta con nostalgias y silencios absurdos. Un corazón aventurero, no puede ser famélico. Mis sentimientos daltónicos, se iluminan con el Prozac, que se bebe el dolor de los latidos erectos. Regálame un poquito de tu aletargado amor, así este desafinado y marchito. El amor fractal es visceral e irracional, como el fantástico mundo de Nudelot. Los corazones fríos han envenenado con daltonismo a mis ilusiones. Engendro sueños inalcanzables, que solo otros pueden hacer realidad. La sal de la pasión prospera como un amor imposible, empujado al vacío. Me siento infeliz con las críticas mezquinas, de la irreverente ignorancia. Sabía que el amor es un cáncer, cuando nace como fruto bastardo de una juerga murte. Son increíbles las estrofas que escriben estas basuras; no entiendo como pretenden rimar con una vida digna.

Soy prisionero de mis desdichas narcisistas. No creo en los amoríos comunistas, ni en las relaciones socializadas. Deseo acumular todos tus besos y caricias, para fundirlas en lingotes. En forma de un beso te entrego las llaves de mi cuerpo. Mi bulímica esperanza pasa por entre los barrotes, como una hilacha de versos. Nuestro amor perdura como la sombra de un letargo, gracias a la naftalina. Deambulo como una primavera insomne, robándole el alimento al orgullo que devora al hombre. El tiempo ha cambiado en demasía, el sentir de muchas palabras. La indómita lluvia, es el mar que anhela la mujer. El receloso salobre de la ansiedad, marchita a la desdentada piel, como el sueño enladrillado de un pájaro sin alas. Sin compromiso mis incansables palabras, viajan al azar por la Internet. La poesía ultrajada por la ignorancia, se estrella contra las paredes oscuras de los espejismos. Adopto huérfanos que rescato, repartidos por la ceguera de los inmortales.

Lejos del sin sentido de la vida, revoloteo y me golpeo como un truhán perdigón contra la ventana. Hoy añoro ser murciélago y no un ave atrofiada por la evolución. El futuro imperfecto de las adulteras, se en muralla con besos estériles. Me resigno a defender con el corazón, el paso rutinario del tiempo. Me inquieta que llegue tarde a despertar con mentiras a la milagrosa pasión. La ironía de los pecados capitales, se reduce a la flema de la espada de los poemas.

El indómito amar ni se aprende, ni se olvida. La vida se despierta con el ulular espléndido del devenir. He soñado con el fruto de tus labios y que me hipotecaban a la vida. Me ilusiono como todo imperfecto, con la cercanía de tu pequeña muerte. La belleza de tu madre selva, la compara el coleccionista con una rosa de cosecha. Es apasionado su aroma, cuando no se confunde con absurdos crucigramas. He aprendido a soñar despierto y sin miedo a los errores. Se despeña el placer robado, por un precio al amor. La luz de mis ojos por entre la cerradura, se encandilan con tu belleza. Sobrevivo con el retal del verano, mientras mis ojos se olvidan de tus besos. Te he calentado, hasta agotar mi impotencia. Han sido cuatro polvos, con yemas de desengaños. He sucedido a la mitad de tus ilusiones, pero en la otra mitad: aún reposan sus cenizas. Mis caricias se engominan entre la mitad de tu mitad, de tu cejijunto puerto turnezco. Todo entierro amoroso por culpa de los desengaños, termina en una despedida. Por amor nadie muere, pero malgasta nuestras ilusiones. He aprendido a no derrumbarme, por culpa de los desengaños. Nada es más frágil que un castillo de arena. El futuro dislocado que congela a la agonizante pasión, desvirga a la tristeza de los corazones, muertos en vida. Hay campanas seductoras que solo escuchan los amantes. Mi cruz son los versos que necesito, para soportar los momentos tediosos de la vida. Galopa descocido el futuro de los amantes. El sempiterno amor alocado, sopla adormilado besos enfermizos. Un jilguero apóstol de los malos sueños, muere nadando entre oscuros versos.

III

He recorrido caminos reales empedrados y con fango hasta las rodillas.
He caminado hacia la bruma de las utopías, buscando como loco un encanto o razón profunda para vivir. Vivo con la convicción de no haberme equivocado de batallas. Deseo retirarme a escribir poesía, con las verdades a medias que conozco. He intentado encontrar en la oscuridad, el significado de la palabra amor. He reído y llorado con mis hermanos, quizás por diferentes razones. Las noches de luna y los días de Sol, son muy diferentes para todos. Soy un zarzal para el mutismo de las palabras y la cordura hipócrita de la vida. He susurrado palabras cautelosas en forma de cánticos, para que el mundo no diga que lo grito. Nadie nos comprende ni nos estira con generosidad la mano; tampoco nos falta nada de lo indispensable para sobrevivir con un mínimo de dignidad.

La amistad florece como los colores de la primavera, sin la pasión ardiente del verano, ni las tristezas otoñales del invierno. Aprendí que los amores que se van, jamás regresan siendo los mismos. Hoy le dirijo palabras sugestivas, a los silencios de tu piel y a las sigilosas afonías de tus cavernas. Los faroles de la noche se encienden, cuando no estas para honrarte con besos y respetarte, así existan caricias atrevidas. Te escogí porque estoy cansado de los desencantos, de esos amigos “ronzalitos” que se prostituyen por nada; sin importarles el alma de nuestros corazones, cuando es franca la compañía que se ofrece. Nunca te he olvidado, así pienses que me he alejado más que un poco, pero tú representas para mí, una rosa de los vientos, una estrella constelada con encantos seductores. Siempre te he aceptado como eres, mi pequeña saltamontes, mi libélula dorada. Quiero acompañar con mi canto a tu alma y que mi poesía sea la música de mi destino… Solo te ofrezco confianza y nido para que invernes, cuando te sientas sola.

Todos hemos sido en cierta manera: ¡Asesinos murtes! ¡Cuantos corazones hemos matado, con el veneno de nuestra indiferencia! Hemos suministrado, gota a gota el letal brebaje ponzoñoso. Hay besos, caricias o palabras, que hacen más daño que una herida a bala. Cuando bebía o huía por unas horas de la catástrofe, era consciente que me suicidaba. ¡Yo asesiné los mejores años de nuestras vidas! Y así lo hice con ella, con ellas y contigo. Hoy mi piel, se siente culpable como una asesina en serie. La inocencia del cuerpo del delito, ignora los consejos de los sentidos. Me regalas horas en minutos de guerra arrabalera. Beso hasta el hastío con mimos que desgrano en catarata, a tus pezones y sensuales senos. La razón ignora a los conjuros de la brújula. Eros nos arrasó y no dejó sin conquistar, nada para la imaginación. Las florestas de nuestros cuerpos se doblegan, con los reflujos de los latidos del corazón del tiovivo. Te he visto cerrar los ojos, para dejarte arrastrar por las aguas de la apetencia. Deja que la lujuria se embriague en tu pubis y conquiste uno a uno, los cráteres de tu cuerpo. ¡Eres mi adorada y excitante putita! Eres tan difícil, que te lubricas toda con una leve caricia. Te tiendes para que te estimule y provoque como una hoja en blanco, cuando desea ser llovida, hasta el último rinconcito con versos. Seduces y arrastras al pecado, con la punta de la lanza de tu boca impía. Es misteriosa la embravecida tierra húmeda de la primavera. Entre jadeos morriñosos, vivimos una deliciosa aventura y pecadora. Dejemos que nuestras adictas ingles se ciñan, como nuestras lenguas a la carne. ¡Es el festín de la vida indómita! ¡Es la danza del canibalismo puro! El olor delirante de tu piel me perfuma, cuando me zambullo con hambruna dentro de tu floresta. Reconquisto los versos prohibidos por los miedos o las buenas costumbres. En la intimidad lo higiénico, luce bastante extraño. Amo al delirio de las empalagosas caricias. Amo el sacrílego holocausto que celebramos sobre el altar de las inmolaciones a la vida.

El desdén polifacético de los versos, constelan como los sollozos del aroma de tu cuerpo. Brillas desnuda como el lirio de una pequeña estrella, después que te rescate del miedo y la indolente indiferencia hacia tu mundo. ¡Por Dios! Hay tanta vida y pasión en tus senos, como maldad en tu mirada y sedientos labios. Eres una deliciosa sandía, cuando seduces con una entrega total. Tus pezones se erectan como una esperanza, cuando germina. El sol demarcó los espacios erógenos, para que no se extravíen los besos ni las caricias. ¿Cómo podría negarle un beso, a la belleza de tus nalgas? No sé si tu culo son montañas, montes o manzanas. Eres un hermoso mapa de piel. Tu cuerpo es una estación de relámpagos, una tormenta cuando nos descubrimos como una pareja de invidentes, enamorados. Nos besamos íntimamente y un poco más allá. Huimos del mundanal ruido, para amarnos. Vivimos cada segundo del amoroso éxtasis. Derramamos todo tipo de besos y de caricias sobre nosotros. Deslízate por los poros de mi piel, como una profana despreciada por las blasfemias. Deja que mis besos evaporen los miedos de tu cuerpo y dejemos que la locura nos pierda, dentro del delirio del fuego. Percibo a las lágrimas descontroladas del clímax, mientras un orgasmo salta como una eyaculaciòn suicida entre tus manos o se desborda dentro de tu boca.

Devoro con osadía la rosa de los vientos, de tus sueños. Mi lujuria se devora con besos, a tu amoroso y pequeño lirio. Te regalo pócimas de semen, hasta sacar de madre a tu corola. Es triste saber que no puede reencarnarse nuestro sentimiento. En las profundidades del candoroso volcán, se humedece la sed de la pasión. Suspiro cuando las sábanas se estremecen y la lava de la natura ensalvajada, te preña perversamente los óvulos de todos tus sueños. Los músculos del cuerpo respiran, estremecidos por la infernal demencia. Esto es “amoroso sexo”, es el producto de la alquimia entre lo racional y los absurdos salvajes de nuestros instintos. ¡Navegamos remolinos y deliramos! Disfruta con saliva o con un poco de bebida, tu trofeo. Gemiste victoriosa como la sinfonía y la fuga en el breve orgasmo, como una desbocada yegüita de mar. Gotas de placer llovieron, rompiendo los silencios de tu carne. El amor y la felicidad, son la metáfora de una ilusión. Recogemos los cadáveres del orgasmo como empacando osamentas de masacres, dentro de bolsas negras, después de una batalla. No sobrevivió ni un vestigio de la ferocidad. Mañana se espiarán nuestros recuerdos y nos verán como a inocentes escribas, nuestros nietos. Todo cambia, amor mío, como la piel de los días o de nuestros sentimientos. No me olvides ni me ignores, como una maldecida bestia. La lujuria se enajenará y nos negará el placer de nuevos orgasmos. La vida se compone de capítulos y vivimos con pasión los nuestros.

Deja la cama así, para que no se borren las huellas de tus recuerdos. Mañana se borrarán las rutas que dibujé con besos. Intento recoger algunos fragmentos, de la lujuria que regó el magma de los amorosos versos sobre tu cuerpo.  Ahora necesitamos de otro tipo de besos para no sentirnos sucios, cuando regresemos a la realidad. La otra orilla esta detrás de esta puerta. Ya no necesitas de cadenas, ni de máscaras, ni de miedos. Sigue sin mí amorita mía, que el camino de la vida es infinito. Sigue soñando, delirando y persiguiendo estrellas imposibles. Corre desnuda y baja a las ilusiones que se enredaron con algunas ramas. ¡Vive!. La vida es hielo y fuego. No enmiendes tus pasos, cierra los ojos y déjate seducir por las caricias del viento. No reserves nada para el futuro. Quizás no exista para nosotros: ¡un mañana! Sigue sin mí, amor mío… no voltees a mirar que es de mal agüero. El devenir te extiende la mano y si persistes, habrá una sombra aguardándote. Sigue sin mí, amor mío, sin lloriqueos, ni suspiros… la vida es una cadena de adioses y comienzos… las heridas sanan con sal, besos y aguardiente. Agua ardiente como el mar o la muerte. El gélido piélago de los milagros de mis pasos, con la exhuberancia motriz del peso del desarraigo, olvidan y perdonan a los asesinos de nuestro futuro, a la ceguera de los mercantilistas y de los avaros. Siento envidia de los pájaros del acantilado, cuando saltan excitados al vacío y extienden las alas como un viejo olivo, como si estuviera escribiendo versos o dando una rueda de prensa. Gracias a ti, he vivido en un infierno de chocolate.

IV

Con la voluntad de un corazón heroico, intento construir con versos un mundo de fantasía, en donde sobrevivir a este absurdo holocausto. Aprendí que es más fácil llorar camuflados entre un zarzal de versos, porque nadie nos ve, ni puede expresarnos lástima. Vivimos lo que teníamos que vivir, bajo las sombras de nuestros destinos. A veces pienso que ni siquiera Dios, es el mismo para todos. A veces me siento en la soledad a hablar con mis pensamientos y algo de esos secretos sublimes, lo plasmo en versos. Me redime la oquedad y el bronce de mis sueños.

A veces me despierto con las esculturas de los desnudos del mar. La belleza de las rocas talladas, son incandescentes como el hermoso veneno de las palabras en el sexo. Por tu belleza te he coronado como la Puta Reina de la Noche y en verdad, te lo has creído. Te necesito equidistante y bien cerca a veces, como el placer o una oportunidad suicida. Despistemos a las ilusiones esculpidas, por una baraja de falsas oportunidades. Te entregas sin miedo como un ansiado plato fuerte o el fugaz entremés, donde se saborea y se muerde, hasta hacer sangrar al vino. Me sumerjo en el deseo de un viaje astral, como un trásfuga gato paria, que narra como todo ser viviente sus experiencias, sin pelos en los bigotes. Me siento como un insólito visionario a oxigenarme, ignorando a los miserables que se resignan, por no saber nada más que ejercer un absurdo y obsoleto sacerdocio. Los místicos más creíbles se esconden como el azafrán o la hierbabuena, entre sombras inalienables. Las piedras se sorprenden cuando les pregunto, sobre la realidad de la existencia de los tres mojones del triángulo.

Deseo polinizar sin albedrío con la amapola que provoca el redescubrirte como hembra. Me extasío cuando me desvisto, con las líneas de tu cuerpo y los pezones de tus misericordiosos pechos. Quiero que la carne viva el veneno ponzoñoso de la boca de mis arrumacos. Deseo inocular tu cuerpo, salvaje y hermoso, mientras aguardo el milagro, cual cenizas de la mañana. Los charcos del invierno reflejan, la luminosidad de mi insomne noche. Como un pirata imaginario, conjugo con tu entrepierna, hasta calmar la sed del deseo, arrancándole al diamante de la perla dorada, destellos de la lujuriosa testosterona, para un amor más profundo y complejo. Al principio el amor es explosivo, como la química de la monogámica vasopresina. Después de un maravilloso orgasmo, no deseo más ilusiones ni promesas con espejismos de un paraíso o un cielo que no son más que nebulosas. No deseo saber más de un dios con azhaimer o quizás, ya ha muerto. Ilumina la esencia de los suspiros que aspiras con tus besos. Escucha a la ideología trascendental de mis desvaríos. Tú eres la razón aterciopelada que se desliza dentro de la carne de mis versos. No me desnudo para ganar guerras, ni levito en las madrugadas, ignorando las tentaciones del chocolate de la “dolce vita”.

El olor de la desdicha, me desespera. Me evaporo entre la lluvia, con el silencio del olvido y en compañía de los aciertos de algunos versos. Me refugio entre escombros y armo cadáveres exquisitos para soportar el tedio, mientras siguen cayendo bombas en algún lugar del mundo. No entiendo lo que llaman oportunidades o tierra fértil. El dolor se refleja en el horizonte, como el arco iris que brota de la sangre de los vencedores y vencidos, caídos inútilmente en acción. La nieve crece como el crisol de una avalancha, arrasando los sentimientos sobre mi pecho herido por la diabólica nitroglicerina. Respiro como un promiscuo satélite de insulina o un obsesivo dependiente, de la monótona diálisis. Cada letra es una molécula fragmentaria, de un espíritu desordenado que suda miedos. Aúllo como un pájaro desesperado, dentro del laberinto de los ecos sordos. Creo más en el poder de un áspid, que en la mano de Dios. Expreso verbos enardecidos, ante los absurdos impredecibles de una justicia paquidérmica, obsoleta y estéril. Me encrespan los grilletes imaginarios e intergalácticos. Los muertos que dejan las macabras tormentas humanas. Todos fingimos ser inmortales, pero nos camuflamos con sangre. Siento repugnancia hasta el borde del agua, cuando imagino a la desnudez mendigando un poquito de amor. Las garras del instinto apasionado de mí invernal octubre, fustiga el placer de mi equipaje erótico, como la ternura del cañaveral sobre el que nos revolcamos, como si fuese el arenal sobre el que nos balanceamos para engendrar un fruto primaveral.

Los espectros famélicos, se ensañan con los locos. La soledad más que una invención, es el candil de los fracasados. Siento más envidia que rabia por lucir harapos y morir escondiéndome del infortunio, como un escarabajo murte. He vivido burlándome de dios y de la muerte, pero he sobrevivido. Lloro por la destrucción irrefrenable de la tortura; por el dolor de los que se quedan, cuando desaparecen sus hijos y los sueños, quedan sin bandera. Reprimo a los cuervos por no ser transparentes. Cuando me sublevo e impaciento, lloro como el agua desolada. Cuando desahuciaron mi alma, me confabulé en el sexo. Soy un adicto al olvido, cuando me enzarzo con mi amada y nos confundimos en una sola sombra de desencantos. Mi carne llora y respira como el bronce o el cemento, cuando no puede retirar ilusiones del cajero automático. Dicen que vivo en rojo, pero aún me quedan cheques por llenar en la etiquetera de los desencantos. El reloj de los demonios se olvidó de mi nombre. Me río de la fe de mis mentiras y de las calles que han vivido mis agonías. Anoche me bebí como un horno 2 litros de whisky y escasamente se ahogaron, un par de maldecidas penas.

Cuídate de las serpientes murtes que acechan sigilosas, camufladas entre la locura pervertida que corroe al horizonte. Hay muchas monas malucas que hechizan con la mirada erguida de la sinvergüencería.

Hechor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com
2009-02-13

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1 Comentario en “Cartas puestas en el buzón del azar, de Héctor Cediel”

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Que tedio, hay que leer con un diccionario en la mano,caes en el tipico error del seudointelectual.Olvidas que el arte esta compuesto de simplicidad.cansa tanto sinonimos,metaforas sin trascendencia.

se grande…se simple.

Atte. Un ignorante.

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