Fantasía, Relato

Camarón Blanco

Por , en 29 de mayo de 2010

CAMARON BLANCO

-Preciosa me parece la vida en este nuevo día! Despierta mi Padre y me inunda con su tibio aliento…, ¡Las nubes escapan asustadas!!:
¡Padre! Creador del divino mirar.
Amo tus dulces caricias de luz.
Sosiego y calma en este despertar.
El pequeño Chirio gorjeaba alzando su cabecilla entre las ramas de picapica. Entonaba la canción de un nuevo amanecer a la vida. Se sentía dichoso y su alma vibraba rozagante de felicidad. Mostraba jubiloso su pechito amarillo elevar sus trinos suaves.
-¡Oler el perfume de las quilas, jugar entre las zarzas, comer lo que Dios me ha brindado…¿Qué más puedo desear?-, decía el pajarillo mientras saltaba de rama en rama, o volaba sobre las hierbas.
Sus ojos incansables se extasiaban en esta siempre primera contemplación. La línea férrea por un lado, y por el otro, el cerro que se perdía a lo lejos, lleno de árboles que escalaban hacia el cielo. El camino del tren, silencioso y enmohecido, no presentaba obstáculos para el pajarillo.
De las matas de arbustos se iba a saltar y buscar semillas e insectos entre los agrietados soñadores, o subíase a los inseparables compañeros de la línea férrea para recrearse en el paisaje. Desde ahí, bajo el terraplén y orillando los raíles, se extendían pastizales anegados en grandes trechos, cuidados por las sempiternas rumiadoras. Hacia el oeste, grandes sementeras de alfalfa o trigales erguidos en semillas de pan y adolescencia.
No sabía el porqué de tanta dicha por la creación; veíala con el alma henchida de amor. Jugueteaba y revoloteaba. Sus ojos endulzados de recientes flores, fulguraban en matices rosas purpurinos, irradiados de sus pupilas brillantes. Pasaba el día.

-¡Les cantaré a esos amigos que al igual que yo, ríen y son felices por este canto de la naturaleza.- Trinaba la avecilla.
Brincando sobre las matas y haciendo cabriolas en el aire, se acercaba a tres jóvenes caminantes aparecidos desde un recodo de la línea. Uno de ellos portaba una pequeña y resistente honda de elásticos desprovistos de toda sensibilidad al descargar su mortífera dedicatoria. Llevaba el aparato en la mano derecha y a cada instante se agachaba a recoger piedras diseminadas entre los durmientes.
El pajarillo se detuvo a algunos metros del grupo.
-¡Escuchen mis melodías infinitas!, me las encargó Dios para ofrecérselas en dulzuras sin tiempo; ¡agitaré mis alas aplaudiendo a la naturaleza y a ustedes que se dignan a escucharme!
Los jóvenes se habían detenido. Por extraña casualidad, era el único pájaro que se veía por esos contornos.
-¡Canten conmigo, den vueltas en el aire como yo lo hago! ¡Es mi forma de amar y les amo! :
Naturaleza y creación inmensurable,
Haces nacer la vida
Creando fantasías
De amor.
Jugueteaba cerca de ellos. Pasó por sobre sus cabezas en un vuelo plástico, luminoso como el día, hasta ir a posarse en la cima de una cercana zarzamora. Dicharachero y alegre.
-Voy a ensayarme con este pájaro estúpido que parece estar haciéndonos burla- dijo el más delgado, mientras estiraba los elásticos al ver el inflado pecho amarillo en el ápice de la zarza.
-¡No seas tonto, no ves que es un pájaro muy chico! No tiene razón matarlo por matarlo- Arguyó uno de los amigos haciendo ademán de bajarle los brazos.
-¡Dale no más!, él tiene la culpa por haberse puesto en nuestro camino- Acota el otro queriendo arrebatarle la honda.
-Soy pequeño, no me parezco a un zorzal o a una loica, ¿Por qué apuntas con esa varita hacia mí? Yo no te he hecho nada. ¡Cantaré más fuerte!:
¡Pinta de color los corazones cansados!
Renacerán bondades
Ocultas en el fondo
Del alma.
- ¡No te preocupes, Juan!, ¡te apuesto que no le pego!- decíale al
amigo que solamente contemplaba sin atinar a intervenir.
- ¡Escúchame, mientras cierro los ojos y canto la perenne canción
de las eternidades luminosas!:
Auroras refulgentesinician los días,
Se canta a la vida;
Mientras sigilosa va…
¡La Muerte!.
¡Te brillan los ojos y presiento que me harás daño!
-¿No seas malo, deja que siga cantando!…, sigamos nuestro camino a buscar
camarones mejor; ya estamos cerca de las vegas- Pedía el llamado Juan.
-¡Detente!. ¡Escúchale por favor!, ¡Ya tengo miedo!, Pero mi voz aún no se quiebra y puedo cantar mucho más fuerte. ¡Entonaré para ti la canción de Redención a tu nueva vida!:
Renacería la esperanza soñadora;
Si débiles murmullos
Le anunciaran…
¡Se abre tu alma!
¡Mi pecho se desgarra de tanto esfuerzo! ¡Mi corazón estalla de alegría por ti!, recuerdo frescos días, ¡Adiós, mi alma se …escapa por la herida…de mi…canto!
Un brevísimo instante bastó para hacer caer al chirio con su costado sangrante. Pequeñas plumas son llevadas por la brisa. Silencio y vacío.
-No te decía yo que lo ibas a matar- habló Juan, después de unos momentos.
-Sigamos ahora, un pájaro más, un pájaro menos, ¿importa en algo? Ni aría volver a ser niño y poder llorar, al besar tu cabecita sin asco…¡Tonteras!, no podría llorarte, bien, hay que seguir, te dejo aquí…¡Donde van éstos ya!, habrá que correr”.
-¡Fuiooo!; ¿Qué te pasa que vas tan callado Carlos? Arriba ese ánimo, a lo hecho pecho- Dice Juan, mientras el Avivador con la honda en las manos se entretiene en lanzar piedras a los postes.
Sólo es un recuerdo. Cada día se inventa nuevamente ese vuelo que el tiempo se encargará de borrar de la memoria… ,luminoso… , una imagen…, viene..,viene…,se fue.

This post was submitted by Mario Valenzuela Rojas.

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