Relato

Bajo aquella lluvia

Por , en 24 de mayo de 2010

- Siempre quise decirte esto. Siempre, pero… supongo que nunca tuve valor. Incluso ahora que me he dado cuenta de que no tengo nada que perder, de que no es nada malo esto que siento, al contrario, es algo normal, es algo bello, incluso ahora tiemblo como un adolescente.

Estaban sentados en el banco de un parque. El atardecer era hermoso en la ciudad, el sol se iba poniendo por algún lugar de las montañas del oeste posando sus últimos rayos en las fachadas de los edificios, mientras unas nubes negras se iban aproximando rápidamente por el sur empujadas por el viento.

- Lo he sabido desde siempre, desde la primera vez que te vi. Llevabas puesto aquel precioso vestido blanco de tirantes. Era verano, ¿recuerdas? nos conocimos en Cala Pequeña, hacía un día claro y caluroso. Bajamos la cuesta hacia la arena, estaba también Mario ¿te acuerdas de Mario? si no fuese por él jamás te hubiese conocido. Estiramos las toallas y nos quitamos la ropa, nos tumbamos uno frente al otro, Mario a tu lado. Creo que al principio te daba vergüenza tomar el sol desnuda junto a mí, pero pronto se te pasó. El calor y el cansancio de los baños nos hizo quedarnos dormidos ¿recuerdas? nos despertamos sobresaltados bajo aquel chaparrón veraniego. Nunca supimos cuanto tiempo habíamos dormido, tan solo que al despertar sólo quedábamos tú y yo en la playa, bajo aquella lluvia.

La mujer se metió un mechón de pelo suelto por detrás del oído, levantó la vista, no dijo nada al respecto, simplemente entrelazó sus manos sobre el vientre y se quedó mirando caer las hojas del otoño.

- Ya han pasado veinte años desde aquello. ¡Veinte años! Toda una vida. Tú no volviste a saber de mí. Desaparecí de tu vida, aunque no del todo. Realmente siempre estuve a tu lado, cerca de ti, viéndote subirte al autobús desde una esquina, asomado a la ventana del bar que hay enfrente de tu oficina sólo por verte salir a las siete en punto, vigilando tus juergas nocturnas, agazapado en las sombras, como un fantasma. Veinte años viéndote pasar del brazo de otro hombre, besando a otro hombre, queriendo a otro hombre, a otros hombres. Veinte años consumiéndome, ardiendo por dentro, haciéndome daño a mí mismo, pensando mañana… mañana… ¿Cómo no te has dado cuenta, cómo has podido estar tan ciega? Veinte años…

La mujer se puso la chaqueta en silencio, comenzaba a refrescar. La negrura de la noche asomaba en el este y el viento se hacía por momentos más y más frío. Se abrochó los botones y se encasquetó un coqueto sombrero en la cabeza, mientras los gorriones cantaban entre las ramas.

- Pero no te guardo rencor por no haberte dado cuenta, ¿cómo ibas a saberlo? No puedo guardarte rencor, no puedo odiarte porque… te amo, te amo. Te amo, más que al aire que respiro, más que al sol de la mañana. Eres mi dicha, mi cárcel, mi alimento. Te amo más que a mí mismo… te amo… te amo.

La miró fijamente, largamente, como quien mira un atardecer. Entonces, de repente, la lluvia comenzó. Ella simplemente se levantó, abrió su paraguas y comenzó a caminar sobre la alfombra de hojas secas que cubrían el sendero de tierra. Él se quedó allí, con el corazón descansado, al fin había confesado la causa de su pesar, aunque sabía perfectamente que la mujer no podía oír sus palabras. Así que se quedó sólo, otra vez, bajo aquella lluvia.

http://www.youtube.com/watch?v=mGoJ8hjeTV8

This post was submitted by El Errante.

Comentar | Trackback

1 Comentario en “Bajo aquella lluvia”

1

lindo . me gusto

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  

 

Secciones

Canales

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio