No quedan silencios entre los desperdicios que me quedan de vida.
No hay un preciso instante que salve la oportunidad.
No hay huellas de sus pasos al lado de los míos, ni esperanza en la desidia.
No espero que él desaparezca de tus ojos, no espero que me mire con entendimiento, no deseo verlo de pie, no anhelo sus palabras vacías, no escatimo en desaparecerlo, no vocifero su rabia ni estiro sus plegarias.
Me esfuerza el destino a querer morir sin esperar su perdón.
Me llama sncero y preocupado y se despide entre llantos de venganza.
¿sabes cuantos hijos míos se necesitan para igualar a tan solo uno de los suyos?
¿sabes que mi vida no significa que lo necesite?
¿Sabes como le perdí el respeto sin ofenderlo?
Se necesitarían sabores de hielo para requitarse este repugnante olor a muerto.
No tengo perdón, pero haré ver a los que me continúan que no todo está perdido en este paraíso que se abre bajo mis manos, porque de cabeza me encuentro hoy y quizás de cabeza muera mañana.
¿Quieres que me caiga del asombro y finja que todo lo que hizo me importa?
No hay nada en este momento que signifique lo que tu quieres que las cosas signifiquen, no hay esperanza para este maldito juicio errado que sostengo sin piedad, no hay un solo espacio en esta conciencia que me permita salir airoso de todo esto, no existe un clasificado en el diario que me lleve a buen puerto en esta insignificante busqueda de culpa.
El sol espera por mi… el diablo también.
A veces intento no mirarlo, el muy zorro se carcajea. Sabe bien, como no sabría, que todo esfuerzo es en vano que todo preparativo es injusto y que todo pormenor no existe como salvedad.
Se ríe
Juega
me mata.
Autor: Felipe vásquez O.

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Comentarios de “A mi padre que se murió sin haberle visto la frente entre mis manos.”
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