A LOS GRITOS DEL AMOR…
Que cosa más deliciosa e inútil, el escribir exquisitos poemas de amor y de los otros. Vivo compensando los abismos, entre mis deseos y esos anhelos, que me observan, desde el otro lado del océano; esa realidad que se confunde, con espejismos y sueños. Solo empatando versos, alcanzo el clímax de la felicidad. Gracias al divino ocio productivo, me entretengo, escribiéndoles pasatiempos o solaces distracciones, a los ignorantes; a los desposeídos de tiempo, para si mismos; a esos que le venden, pedazos de sus vidas, a un vejador dinero. Se manipulan los versos, de los libros sagrados, de los profetas clásicos; y los asesinos, le compran a la tierra, su sangre con dinero negro; hasta para ellos, el oro se ha transformado: en oro negro. Añoro los momentos de luz, cuando se abren las botellas, como lámparas encantadas. Me encanta vivir, para transformar en versos a mis pasos y a la ferocidad candorosa, de las pieles y de mis besos. Le he desatado las manos, a los fríos del alma. Les he enseñado a gritar, a los cuerpos de mis hijos. El teléfono, jamás tose las palabras, que aguardo desde siempre. Vivo feliz ensoñando, el fuego de los recuerdos. Sé que la melancolía, cuando no se transforma en luz: ¡mata! ; como los delirios de los fracasos, de nuestras tristes historias.
He intentado descifrar, los enigmas por resolver, de tus silenciosos gritos; esos adioses, que aún sangran; esas heridas, que jamás sanaron…como esas lágrimas, que nunca se secaron… Me angustia el silencio, de los gritos y de los ecos, que te llaman desde lo más profundo, de tus recuerdos; son las cuentas de cobro, que nos pasa el pasado…son esos sobregiros, que aún no le hemos pagado, a la vida…Quiero deshojar, con besos, tu pudor y arrancarle las raíces, a tu tristeza, con mis dedos o con besos impúdicos. No sé, para qué memoricé tu nombre; si nunca lo canto en los poemas, ni te menciono, en las conversaciones con hombres. Duda siempre, de la belleza de las palabras; duda de la hermosura, que cantan los versos. No entiendo, que le encuentran o ven de bello, al sufrimiento; me he observado por horas frente al espejo, porque mi alma me dice: que no soy ese extraño, ni el demonio que dicen, que soy. Que hermosa se ve, la desnudez de una amante. ¡Como vuela la noche! Cuando amanecemos abrazados, a una amada; con qué placidez se desperezan, los somnolientos cuerpos; cuando despertamos cobijados, con una piel enamorada. No soporto saborear, en una copa sucia, la pasión marchita de las colillas. Siempre brindo, por los sueños enmascarados; por esos fantasmas disfrazados, que amamos en silencio; que contemplamos como estrellas, imposibles de visitar; pero las imaginamos despiertas, apasionadas, ardientes…He inventado metáforas, para fantasear sobre un ingenioso paraíso; especular con la imaginación, sobre lo que idealizamos, ensoñamos o anhelamos, con el pensamiento y nuestros sexos… Olimpos pletóricos de ninfas, para los hembros; o ninfos para las hembras; sensaciones eróticas, infinitas…para satisfacer, hasta la última de nuestras fantasías…no sé, si ese sea el paraíso, el cielo…o el averno… ¡nuestro infierno!
He aprendido a descifrar, a la magia de la poesía en la naturaleza; para mí, una hembra, es el mejor taller literario. No soporto los velorios sin licor, para brindar por los buenos recuerdos; me apiado de los genitales, de las viudas o de las separadas, a las que castran las familias, la sombra de su expareja o la mirada de sus hijos…Me fascina contemplar tu pelo, peinado por el desorden y el viento. Ya no te hundes como un barco de piedra, en los argasos del olvido; aunque aún conservas, vasos de amargura y jirones de resentimientos, en tu ponchera. El tiempo insoló tú belleza, aunque aún conservas, al amoroso fuego que ruge, como el corazón de una caldera, a punto de explotar. Permíteme el honor de rebuscar, como un albatros, la carne de la ostra; me encanta: la fetidez de las baladas de amor y la acústica de la concha. Mi sed, se ha bebido todo el azul del mar, que me alucinaba; aún no vislumbro las respuestas a los sortilegios, a esas encrucijadas que me desvelan, a esas incertidumbres, que roen mis huesos, como pirañas o la hambruna, de los murtes carroñeros; a esa basura que aún navega, a la deriva por mis venas. Ya no soy, ni sombra del vagabundo que fui; pero la fama, me ha inmortalizado, sobre un pedestal de vergüenza y lástimas; de misericordiosas compasiones, por parte de algunas vaginas samaritanas, que me fían sus favores, a cambio de un poquito de cariño…o de unos versos dedicados…
Dios escribe renglones torcidos, como las primeras páginas de las tareas, de los niños. Juan Manuel me enseño, a esculpir metáforas, sobre las rocas; son las briznas, de los suspiros del alma; son las imágenes, que le llegan y se transforman, en iluminadas palabras, en el corazón laberíntico. Una página en blanco, siempre será un lienzo; sobre el que se desnudará el alma, al confundirlo con un espejo; algo así, como cuando la lujuria, necesita de una puerta, que le abra de par en par, un camino, hacia la tierra de las fantasías…Me encanta embriagarme, con la quinta esencia, del delicioso veneno: ¡El amor! Sé que es un maldito torturador o verdugo, que nos arranca las vísceras, para brindárselas sobre una bandeja de plata, a unos ilustres desconocidos…quizás sean los mismos amigos, de Pellegrini o de Dylan Thomas…
A LOS SILENCIOS DEL AMOR…
Te he vislumbrado como a una Diana gaviota, te busqué en algunas playas nudistas, entre links o páginas de versos; resistí a las tentaciones, a los cuerpos, a la esbeltez del pecado, a los brazos velluditos, a los pubis de mujeres que me ofrecían sus cuerpos, en la red. Se que a pesar de mi locura: ¡Existes! El verbo ser, debe tener, tiempo presente, en tu vida. Nadie puede permanecer indiferente, a los gritos emancipadores de la vida. Es absurdo, que aún no nos veamos, ni nos tratemos, como seres semejantes; que necesitemos de leyes o decretos, para darle un poco o migajas, a los desposeídos, a los murtes de las alcantarillas. El mundo cambia permanentemente, desde que apareció la mujer nueva, la pensante, la que se atrevió a romper cadenas, a exigirle orgasmos placenteros, a sus amantes; esa mujer autónoma, ejecutiva, empresaria…esa mujer que no tolera el más mínimo abuso, ni que se le trate como una unidad de uso, ni de posesión; nadie debe vivir, a la sombra de nadie; menos marchitarse, en relaciones absurdas, sin magia, sin amor, ni sexo. Las expectativas del devenir, ya no cambian cada milenio o siglo, o décadas…las sociedades ahora se ajustan cada año…día a día…las revoluciones silenciosas, ridiculizan las tesis o los sistemas fosilizados, arcaicos, tradicionales; la palabra libera y por eso, debe amarse, como la vida; por eso, mi insomne búsqueda, persiste. Te busco desde el día en que la vida, me abrió la ventana y vi a una rosa con alas, como se alejaba temerosa, del alcance de mis manos. Ya no sé, que edad tiene, el dolor que me habita. 4 veces me internaron, para rescatarme de la confusión general y 4 veces, resucité del infierno; ahora la luz, son las llamas en mis vigilias. Cuando tú no existías, era feliz; ahora, mi vida es una pesadilla, una desazón de alucinaciones absurdas…de fantasmas oníricos…
Le he prohibido mentir a mis manos, a mis ojos, a mi rostro, a mis besos…pero soy ese demonio, que odio ser. Soy el rocío que te hizo mujer, que rescató de la agonía a tu sexo; te envolví con ilusiones, porque conozco los puntos exactos, que hacen vulnerable a la mujer. Te he convertido, en una dipsómana de mis besos, en una alcohólica adicta, al zumo lujurioso de mi carne; te doblegas a los ruegos, de la llama del cirio salvaje, que te deposito en las manos, para saciar tus desvelos, con la luz de la esperma. Sé que intentas retenerme, brindándome tus mejores frutos. Eres necesaria para mi soledad y te siento mía, cuando te beso y cuando te amo, como un torrente de magma y te abraso, con llamas brutales, en el infernal lance. Sé que no eres pan comido, pero ¿cómo decirle no, a una maquinita insaciable de amor? Un poema de amor, es capaz de desordenar la cordura, hasta de la persona más centrada. Un beso, es el señuelo visible del pecado; es la intención escondida, en el azul del rojo; es el beso que despierta, los latidos del caracol rojo; o puede ser el albor fosforescente, que nos salve de la infinita oscuridad. Conozco el punto, donde la voluntad se transmuta, en locura o el timbre exacto, donde mi voz se transfigura, al evolucionar en tu picador palafrenero.
Quiero liberarte para siempre de los miedos, que te persiguen encapuchados. No te niegues más, que no eres fuego en crisálida. No imagino, musgo en tu sexo; ni justifico un amor panóptico, como el que me ofreces. Quiero disfrutar con placidez, de la cosmogonía del amor y de sus espectros. No me niegues: las rosas de tu jardín, ni el útero, donde la muerte galopa y los imbéciles rebuscan cariño. Eres una medusa, tan peligrosa como unas gotas de cianuro o un revolver embriagado, apostándole opciones sobre la sien, a la vida. Si quieres romper, mi burbuja de ilusiones, hazlo con un beso y no a patadas, como sueles hacerlo. Ahora si me desespera, el paso vertiginoso del tiempo; no sé hasta cuando, podré esquivar las puñaladas irónicas, de la vida. No quiero que el adiós, que tanto pregonas o con el que me amenazas, se convierta en un disparo, para mi infortunado corazón. No quiero que mi amor, se convierta en un dictador, para tus sueños; solo deseo que la alegría, seque para siempre tus lágrimas y que nunca me desprecies, así desaparezcas para siempre, sin despedirte. Soy un resbaladizo excostal de ilusiones, un experdido, un exmarihuano, un experro vagabundo…pero nada ni nadie, le podrá arrancar esas imágenes negativas, a mi costal de huesos.
Ahora mis versos, son claros como una rosa blanca; sé que nunca creerás, en su buena voluntad, ni limpidez. No me esquives, como la guadaña cancerbera, para tus sonrisas. Anulemos los códigos, de nuestros errores. No me encadenes más, como una puta, a mi pasado oscuro; deja de observarme, como el preámbulo a tus tragedias; no fui yo, el que anuló a la Afrodita que te habitaba, ni a tus ardorosos espasmos filantrópicos. No anhelo a una mujer piadosa, sufrida y sometida, por un absurdo machismo; sabes que solo le temo, a los fracasos amorosos; a esos agobios, que son peores, que los incendiarios acosos económicos. Solo el amor, es el gran salvador de nuestras vidas. Murmura el viento, que fuiste voraz como un bosque encendido ¿Cómo puedes ignorar, al cantarino llanto, locuaz y vivaz, de la brumosa floresta? Me fascinan los insomnios poéticos del amor; escuchar las palabras, que no callan el corazón, ni la piel, ni los sexos. Me encanta sentarme, a conversar con el tiempo, a la orilla de la noche; así me sienta como una estrella, distante de la felicidad. A veces pienso, que desperté en el planeta equivocado; o no sé, si es porque la vida, me ha maltratado en demasía. No sé porqué, el infortunio me persigue; nunca pude buscar, ni intentaré encontrar consuelo, con una prostituta, por murte que sea.
A EL ABSURDO DEL AMOR…
Amo los amores breves y surrealistas, aunque curiosamente, duren más que un par de años; me justifico como un amante honesto y bastante afortunado, así me margine la felicidad. Me encanta profundizar detectivescamente, en los callejones de las almas y como un samaritano galeno, sanar sus heridas y hasta borrarles, el dolor con besos impuros. Soy un perro vagabundo, romántico como los azotacalles y barras de bares, que añora a una amante, cuya belleza de su alma, supere la primorosa lindura de sus musas, de mis estrellas. Creo en el amor salvaje; que el amor apasionado y tierno, es el único salvador, que nos puede rescatar de los infiernos. Sé que se necesita de valor en demasía, para escribir sin caretas. Soy un romántico, que me coloco todos los días, una rosa invisible, sobre la solapa. El amor, me salvo de morir en el fango. Necesito del amor y de las palabras, para sobrevivir. El amor ha desarrollado en mí, un rol o una cultura amorosa; creo que los hombres más virtuosos, son los que disponen de sus falos, al servicio de las mujeres; he recontextualizado, las imágenes de los espejos; he intentado renovar, con una actitud casi subversiva, nuestra actitud frente al sexo; debemos replantear a la mujer, en el imaginario masculino; ayudarles, más que permitirles, a que interpreten los papeles que deseen y no, los que les hemos impuesto. Tenemos que gozarnos, esos deliciosos éxtasis de espuma, con estrellas de ardorosas efervescencias y esos jadeos, que nos arrastran a la deriva, hacia ensueños y paraísos inimaginables…no podemos castrarle las alas a nuestros sueños.
El matrimonio como exilio, jamás podrá garantizar más, que un par de meses de felicidad. El matrimonio sin magia, sin química, sin erotismo, solo garantiza infelicidad, soledad…hastío…; el matrimonio debe ser, más que una oportunidad, para desahogar deseos. Tenemos que perder el miedo, a bucear en la sexualidad. La liberación nos atemoriza, porque la mujer entra a compartir, muchos de los espacios, que nos habíamos reservado por generaciones; lo que traumatiza, es cuando se despierta en el hombre, ese pornógrafo, esa bestia con vicios e imperfecciones, que nunca emergen, en los procesos de noviazgo; son esos choques, entre la inocencia y lo libertino, lo que traumatiza o desencanta. El matrimonio no puede ser un cadalso, donde se tolere la violación; sin caricias, ni delicadas y deliciosas ceremonias de preámbulo; la relación no se puede reducir, a un salvaje empalamiento, a una perversa violación. Sin un orgasmo placentero para la mujer, un momento amoroso, no será más que una satisfacción unipersonal o una simple prueba de virilidad, a superar. Me encanta sentir a la mujer amazona, cuando empuña las riendas y nos cabalga con brío, con sed, con hambruna; solo el arte en el amor, nos permite conservar el equilibrio, en esa desequilibrada relación, como son casi todas; las relaciones deben ser de o para complementos, que nos lleven desbocados hacia el éxtasis o una felicidad plena.
Nuestras ideas, se deben ajustar al arte contemporáneo y a las formas amatorias, de la generación que vivimos. Debemos ilustrarnos, tanto los hombres como las mujeres; o cada uno lo debe hacer, de acuerdo a su manera o forma de ser, a los recursos o medios de los que se dispongan, todo lo posible, para edificar de la mejor manera, su propia felicidad. Todos podemos ser, los arquitectos o ingenieros constructores, de nuestro destino, de nuestra felicidad. Sé que la vida, es inseparable de nuestras obras; mi trabajo, más que un canto, es un diario, una confesión del al, con imágenes literarias, a los recuerdos. Me encanta el género epistolar, para que las personas, se visualicen en los textos. No soy un demonio, cuando exalto o hablo del respeto, que siento por los suicidas; el suicida no es un cobarde, ni un derrotado por la vida o un evasor de responsabilidades. El suicida por lo general, es una persona más asesinada, por las circunstancias, por la sociedad; por la ceguera o la indiferencia; por los egoísmos o las bajas pasiones.
Me encanta la complicidad, de esas sociedades secretas, que nos permiten conocer, el alma de la vida; desnudar al hombre; desenmascararnos frente a la sociedad o frente al mundo. Una mujer, siempre excita y estimula la creación; a la vez, son las desestabilizadoras de la cordura y por lo general, son más peligrosas que el fuego. Una mujer se debe amar, hasta el día en que generan buenos versos; una mujer nos debe amar, hasta el día, en que mínimo le generemos 2 orgasmos…o sino, deben cambiarnos por ser malos polvos…o padrotes de desecho…
No hay amor más sincero y apasionado, que el del enamorado que se inmola, por un desengaño, por trivial que sea; por culpa del amor, muchos conocemos, las peores adversidades de la vida. Me duele que nuestra relación, se transforme en un cementerio privado; perdón: en un sementerio privado…porque con “s” la connotación es más real…son como los escombros de un sentimiento gótico… Creo en las afinidades electivas de los sentimientos puros; pienso que los amores caprichosos, solo nos conducen, a absurdas tragedias; como las violentas tempestades internas, que nos llevan a arrebatar el corazón, que nunca debería pertenecernos… Cuando un sentimiento alcanza el culmen, el desengaño es inevitable y el demonio, encuentra en los suspiros, una puerta secreta, siempre abierta.
Tenemos que renunciar, por doloroso que sea, a las falsas ilusiones, a las relaciones cuando se tornan, absurdas, inmanejables, insoportables; cuando se distancian las almas, se enturbian los pensamientos…es imposible saciar la sed, en un agua enlodada. El carácter siempre nos permite apreciar la bondad y las verdaderas intenciones de las almas; la calidad de sus acciones, depende de la nitidez de sus visiones. Hay desencantos, que llevan a nuestras almas, a morir por inanición. Siempre he escrito sobre mujeres reales, sobre ese femenino que nos plantea, retos casi inalcanzables; sobre mujeres que me permiten interrelacionarme, con los sentimientos más profundos o las pasiones más absurdas; con sus virtudes y sus pecados; de lo único que estoy seguro, es que mi corazón, no es de los que les gusta palpitar en solitario…
Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hectorcediel@gmail.com hcediel1@hotmail.com
2008-02-14

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Comentarios de “A los gritos del amor, de Héctor Cediel”
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