Entradas de octubre de 2011

Microrelatos, Relato

Un angel se fue

Por , en 25 de octubre de 2011

tres gotas de sangre
lloraba la luna menguante
porque ayer se fue su angel
cada vez que pienso
en ello me
enciendo en amargo recuerdo
cuando pienso en sus
ojos de color cielo
siento un cosquilleo
su pelo de color fuego
huele a incienso intenso
el sol ya no brilla con amor
porque ella se marcho
y toda su vida la destrozo
oh luna menguante
ven a ocultarme
en la luna oscura
para que mi corazon
no se parta en dos.

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Ensayo, Relato

JOSE ALVAREZ LÓPEZ por Guillermo Borioli

Por , en 25 de octubre de 2011

JOSÉ ALVAREZ LÓPEZ

Por Guillermo Borioli
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(Revista Mensual Ciudad X –
Enero 2011
Diario La Voz del Interior, Córdoba)
……………………….

UN VIAJERO HACIA LO DESCONOCIDO
…………………..

Guy de Maupassant, francés nacido no se sabe dónde y muerto en París en 1893, autor de relatos de terror comparables con los de Edgard Alan Poe, narra en “El Hombre de Marte” que cierto día, mientras trabajaba, le anunciaron que un hombrecillo lo buscaba. “Hágalo entrar”, ordenó a su criado. El cuento, sublime, describe al visitante como “un enclenque maestro con gafas, cuyo cuerpo endeble no se adhería a ninguna parte de sus ropas demasiado flojas”.

El extraño sujeto explicó que se sentía incómodo por haber interrumpido y después de tomar asiento, dijo: “¡Dios mío… estoy demasiado turbado por las gestiones que emprendo. Pero era absolutamente necesario que yo manifestara mis inquietudes a alguien, y no había nadie más que usted. En fin, me he armado de valor, pero verdaderamente, ya no me atrevo.”

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Relato, Terror

Lagrimas bajo la lluvia 1

Por , en 25 de octubre de 2011

El: Pero, te amo
Ella: te amo, pero… lo mejor es… decir adiós…

estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el “amor” al cual estoy seguro que tu llamarías sexo, – ¿como llegamos a esto?… – fue lo primero que tildaste a decir, mas entre un susurro interno que una pregunta como tal, – hay una luna hermosa… – fue lo único que pude decir, no tenia respuesta, no tenia ninguna respuesta convincente que decir, no tenia nada que decir, pues yo mismo no lo sabia, -¿porque cambiaste tanto? ¿que paso con el chico del que me enamore ?…- entre balbuceos, como si tuviera que arrastrar las palabras atiene a decir – soy yo, sigo siendo el mismo… – por primera vez en la noche me miraste y tus ojos se clavaron en mi con tanta fuerza que una lagrima amenazo con salir – no, ya no eres el, aquel luchaba por sus sueños, aquel era tierno y dulce, aquel me hacia sentir querida, me hacia sentir amada… tu me haces sentir ignorada, sola, fea y aturdida – se hizo un silencio, solo que este era diferente de los que había conocido, aquel decía mucho mas de lo que era capaz de expresar, dándome cuenta que las palabras no eran mas que limitantes, ella se sentó en el borde de la cama, permitiendo que su cuerpo quedara semi-expuesto a la luz de la luna, tan hermoso como siempre, tan lejos como siempre.

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Ensayo, Relato

El camino del Líder desarrollador

Por , en 18 de octubre de 2011

Hace algunos años emprendí una experiencia que sin duda ha cambiado la percepción de mi misma y de mi entorno. Una maestría en liderazgo desarrollador me ha enseñado en este tiempo la importancia de ser un verdadero líder para quienes guías. Esta etapa de mi vida me ha ayudado a distinguir y entender las situaciones que como colaboradora y líder de un equipo es necesario tener en cuenta: aprendí de qué manera reaccionar ante las situaciones que se presentan en mi área de trabajo, analizar de una manera más profunda cual es la mejor decisión que puedo tomar ante la adversidad y sobre todo cómo orientar y comprender a aquellos que me rodean en el área de trabajo, sea su líder o no. Considero que de 2 años a la fecha mi desempeño laboral ha mejorado, la actitud que tengo ahora es mucho más constructiva y decisiva, cosa que sin duda he ido aprendiendo a lo largo de este caminar y con el reconocimiento de mis áreas de oportunidad.

Reconocer los errores es cosa difícil, pero poner en práctica la mejora a veces resulta más complicado por las costumbres que se vienen arrastrando como patrón de vida. He descubierto que la mejor actitud ante un cambio es reconocer que no estamos en el camino adecuado y corregirlo, por ahí dicen que es de sabios escuchar, reconocer y enmendar los errores, sin embargo, para un líder esta sabiduría debe ser como su guía a seguir ya que si este no inicia el cambio por el mismo entonces nada se habrá aprendido y menos habrá algo por transmitir. Un líder debe reflejar ante sus liderados: seguridad en sí mismo, autoconocimiento, congruencia, espíritu de servicio, capacidad para escuchar a los demás y sobre todo tener la calidez de la empatía, entre muchas otras características no menos importantes; de esta manera y con estas cualidades podrá desarrollar de una forma más fácil a sus aprendices y sobre todo el crecimiento de él mismo será constante en cada situación que enfrente.

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Relato

La melodía de Gabriel

Por , en 18 de octubre de 2011

La melodía de Gabriel *(Fragmento)

Hacia una noche estupenda, había luna llena y millones de estrellas parpadeantes en el oscuro cielo. Por eso se había previsto hacer una fiesta para esa noche en la gran mansión del señor Charles Wachip, se había mandado invitar a todos sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos en concreto a todos los que alguna ves se habían cruzado en su vida de 69 años, claro que todos no podían entrar en casa por muy grande que fuera, por eso había una simple pero importante advertencia que había de cumplirse para poder asistir a la fiesta: ir disfrazado, no importaba de quien o de que, pero el disfraz tendría que estar bien trabajado y que fuera creíble.

La esperada fiesta en la mansión había comenzado, la música clásica tocada por los músicos por supuesto también disfrazados empezaba a sonar, algunos invitados empezaban a bailar otros a comer los deliciosos manjares que había servidos en las mesas, a contar chismes de otros, a reír, todos con disfraces magníficos, había animales, personajes famosos de la época, como algún que otro Napoleón Bonaparte o un Julio Cesar, también había personajes sacados de algún circo siniestro, títeres, ángeles, demonios, personajes sacados de cuentos de hadas o incluso algún monumento a alguna ciudad estos dificultaban el movimiento.

Charles se sentía orgulloso de su propia fiesta, la gente gustosa hacia lo que él quería una vez más, hasta que vio a Gabriel como no, la excepción de la regla, un diablo en persona, ese joven rebelde parecía arruinarle todo lo que hacía al menos eso le parecía a él, pero algún día Dios cambiaría eso pensaba Charles y si no él tendría que encargarse personalmente esperaba no tener que hacerlo, sabía que había echo mal en invitarle, pero es que si no lo hacia la gente creería en el rumor de que él sentía envidia hacía Gabriel.

Ese endiablado muchacho así es como suele llamar Charles a Gabriel cuando esta en casa lejos de que le pueda oír, se había atrevido a asistir vestido como siempre solía hacerlo, no era un disfraz ni si quiera se había molestado, tan solo llevaba un parche pirata que le cubría su ojo derecho, se paseaba tan alegre entre la gente, curioseando. Charles dejó de seguir sus movimientos ya se encargaría de él más tarde, ahora intentaría disfrutar de su fiesta.

*Esto es un pequeño fragmento y adelanto de mi novela “La melodía de Gabriel”

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Microrelatos, Relato

SE PASA LA VIDA

Por , en 16 de octubre de 2011

SE PASA LA VIDA
Al pecho de la calle se le ha sellado, justo en el centro, una linea de acero; es algo parecido a los rieles de la vía del tren.Esta vía no es ferroviaria, por ella no avanza a grandes velocidades un tren de carga o pasajeros.Por sus hendiduras se desliza un bastón, este bastón lleva un ojo en el extremo que se aplica a la vía, la mano que lo dirige debe de empujarlo con fuerza para evitar que este salga de su linea; de ser así, el ojo perderá el control. Solo algunas calles tienen esta linea y para encontrar otra que haya sido sellada y hendida de plata habrá que caminar a ciegas, en medio de titubeos, rodeando y de regreso sobre las mismas.En ocasiones estaremos al borde del abismo o en medio de un torbellino a causa de nuestra condición.

No todo es tan malo, en el ir y venir nos tropezamos con algun incauto como nosotros.Nos sonríe; creemos ver en él, el final de nuestra angustia, con la resulta de unir nuestra ceguera a otra: mal de todos consuelo de tontos.

En medio de toda esta trifulca, tampoco advertimos la brújula de los demás sentidos. Sumidos en el piso, estropeamos la evolución, al grado de terminar el ciclo vital encorvados de tal forma que nuestro aspecto demuestra una desmedida testarudez.

Dejamos de percibir los momentos fujaces de la tarde, el despilfarre de aromas universales, aún las intromisiones de leves o fuertes hedores que han provocado el desbalance en el ánimo de la citada armonía del aromatico cosmos.

Los perfumes de las horas, de cualquier hora, despejan sin darnos cuenta algunas turbulencias en nuestro doblegado andar.
¡Y qué decir del contraste celestial! trinar arriba, estruendo abajo.
Empinados buscamos el punto que absorbe y conduce al oscuro mundo.
LETICIA DÍAZ GAMA

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Microrelatos, Relato

Antología Microrelatos I

Por , en 16 de octubre de 2011

–Purgatory

Lo siento pero ya no puedo seguirte más estoy aquí perdida, también, entre almas iguales
Ya solo podré verte en mis sueños que serán los más hermosos.

Lo siento he salido huyendo hacia otro camino, será mejor así, ahora aunque mi cuerpo se encuentre en este laberinto mi mente siempre estará contigo, mi amor.

–You Are the One

Uno por uno voy venciendo les, uno por uno voy cayendo por un acantilado hacia el mar azul que hay en tus ojos me sumerjo y me hundo, peor me salva tu dulce boca y los dos nos convertimos en un sol invisible, que brilla sin parar en cada lado del universo.

–Cyber Love

Es algo automático, pero lo que siento no lo es, los seres que me rodean parece no haberse dado cuenta, siento una emoción que no había tenido nunca aparte de mis sonrisas, con está nueva emoción mis cables y electrones parecen revolucionarse, los humanos han intentado des programarme y programarme una y otra vez sin conseguir nada e investigando por mi mismo y ellos lo llaman amor.

–The Girl In The Street

Te vi por casualidad en una de mis noches en vela me pregunte que hacías tan tarde en la calle fría y oscura, me alumbraron tus ojos verdes y pronto estuvisteis en mi corazón, parecías estar disponible soló las noches y por el día te desentendías de todo, no tarde en darme cuenta de lo que ocurría, podre ayudarte, aunque, no tenga riquezas, ni siquiera puedo comprarte unas flores y el hambre es una constante en mis días pero tú me llenas y no podría soportar compartirte con otro chico.

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Fantasía, Relato

La última hora del día

Por , en 16 de octubre de 2011

Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron como langostas el espacio abierto de la plaza y danzaban en torno a ella, a su figura retorciéndose de maneras toscas, y algunas veces soberbias. Uno de ellos se rió luego al caer sobre su sombra, enroscado de la risa y atropellado por mil suelas mugrosas; rió tanto que se orinó encima y Lola dio un ligero salto para evitar mojar sus pies desnudos.
Más tarde, por la calle ya no corrían sombras, estaba el sol sentado en la mitad del cielo y los niños sudaban ríos que se vertían todos en un agujero, en la fosa cavada por Lola en su atornillado baile -más que un trompo, un taladro-, la insensata mujer también está riendo como loca pero sus carcajadas se escuchan densas, como si reventaran la tensión del viento y luego, tragadas por un remolino central se volvieran de agua. Los peces en ese mar aleteaban en oposición a la corriente –aleteaban como aves en un torbellino- y la risa ya tenía color y luego aroma. Un instante después -fueron indistintamente siglos o meros segundos- Lola paría a un niño. No se trataba seguramente de otra carcajada, porque aquél sonido escuchado luego era tan irritante, que la masa de escolares se marchó enfurecida, algunos lloraron en los regazos de sus madres que llevaban bajo el brazo la hogaza de pan, o una modesta cartera repleta, o un lápiz de labios envuelto en una empanada de cuero de vaca, o una rosa del hombre que no era su marido, o de su marido, o no una rosa sino su marido, bajo el brazo -¡bajo el brazo!- o no era una madre, sino un padre, o ninguno. Y Lola y su niño lloraban juntos en mitad de la plaza.

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Ciencia ficción, Relato

EL EXTRAÑO

Por Sergei Ivanovich, en 10 de octubre de 2011

La máquina emitió un silbido a través de la bocina y se detuvo exhalando todo el vapor de la caldera en una espesa nube blanca. La jornada laboral había llegado a su fin. Pitman, cubierto de grasa, surgió de entre los engranajes y bajó por el dentado para entrar junto a sus compañeros a las duchas de descontaminación. Algo más tarde, los obreros de la fábrica, flanqueados por los policías de hojalata que vigilaban las calles armados con sus porras eléctricas, partieron hacia la taberna con gran algarabía y allí pidieron una ronda de cerveza Ale bajo la imperturbable mirada del gran reloj de la torre.

No habían terminado de tomar la penúltima pinta cuando sonó la segunda sirena, en la que las chimeneas de las fábricas enmudecen y el frio polar permanente de los campos helados se adueñaba de la gran urbe. Era hora de marcharse, pues cuando la capa de contaminación que envolvía la ciudad se atenuaba, los hambrientos osos polares que habitaban en el páramo entraban en la ciudad, devorando cubos de basura y todo aquello que estuviera a su alcance. Pitman salió del bar y se adentró por las calles del viejo barrio. Era de noche. La niebla había llegado y con su aliento anegaba el corazón de la ciudad.

La sombra de un borracho surgió del callejón. El borracho, apoyado en la esquina de la calle, se le quedó mirando mientras caminaba frente a él. Pitman lo observó de soslayo con aparente indiferencia, si bien un escalofrío recorrió su cuerpo cuando advirtió en el cristal de sus gafas de aviador un extraño reflejo. Una especie de brillo lunar semejante al que produce la mas extrema de las locuras.

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Narrativa, Relato

Ella

Por Carlos Cisternas Casabonne, en 10 de octubre de 2011

Caminé largo rato siguiendo las luces intermitentes que iluminaban la triste calle, no recuerdo bien
lo que me impulsó a cambiar las tardes familiares (O tal vez me es difícil explicarlo) por las
caminatas hacía lo desconocido, cual hoja de papel al viento en un mundo cruel que amenaza
constantemente con hacerla desaparecer, de sumirla sin piedad en la inmensidad de lo desconocido,
de lo lejano, de lo distante.
Progresivamente fui dejando atrás la calidez del núcleo familiar, los planes a futuro y los paseos
dominicales, en la medida en que me veía inserto cada vez más en el mundo sombrío de los
desdichados, dependientes de los vicios y amigos de la soledad.

Bastó que viera mi reflejo en uno de los espejos exteriores del café, que con sus exóticas luces
iluminaba la calle, para que un sentimiento nostálgico recorriera mi cuerpo, me sentía mal,
conservaba aún la pueril figura de quien prematuramente se encontró con la vida adulta. Poco a
poco los vellos de mis brazos que al sol rubios brillaban aún, se iban oscureciendo al igual que mi
vida. Melancolía de que con cada paso perdiera los últimos signos de la niñez que no supe disfrutar
y con cada trago, con cada cigarrillo con cada mirada lujuriosa, desapareciera de mi semblante, la
sonrisa inocente y traviesa desaparecía también las manos sucias y los pantalones gastados.
Al llegar al punto exacto donde dos calles se encuentran acepté instantáneamente su invitación.
Comerciante de pasión, actriz de la noche, falsa ilusión. Caminamos sin mirarnos.
Levantó del suelo su roja cartera y esta vez si se despidió . Cuando las sábanas recibieron las
primeras cenizas un sentimiento de brutal arrepentimiento se apoderó de mi. ¿Cómo fui capaz de
ignorar la melodiosa y tímida voz de Ella y refugiarme en esos irreales e hipócritas gemidos?
Acepté sin vacilar los servicios de una total desconocida, mientras actuaba indiferente a
quien tímidamente me buscaba. Ahora de seguro, Ella ya me olvidó.

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