El Loco
Angel Mompracem
Aunque había llovido y hacía un poco de frío, su viejo y raído traje de mendigo relleno de papeles de periódicos con noticias olvidadas, le proporcionaba un calor que realmente pocas veces apreciaba. El frío, el calor, el hambre y la sed habían dejado desde hacía tiempo de formar parte de su mundo. La tarde, un poco nublada, terminaba de morir y la noche comenzaba a nacer.
Metió su sucia mano en el bolsillo de su saco y sus dedos tocaron su mas valiosa propiedad. Un reloj de esfera blanca y agujas negras. Lo miró. Eran las nueve. Siempre las nueve marcaban inevitablemente las negras agujas en el inservible reloj. Tampoco la hora tenía sentido para un hombre que no compartía las reglas de la sociedad. La hora era tan solo un vago recuerdo de un pasado perdido.
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