El silencio es sepulcral en la sala, sólo roto por el volumen quedo del televisor. Cuando el abuelo manda callar nadie desobedece, hasta una inspiración más alta de lo normal podría desagradarle. Miro a papá con gesto de incomprensión, quisiera ver en él a lo que denotara desaprobación, no lo hay, por supuesto. Si esto de las generaciones es algo similar a una cadena papá, que es el eslabón intermedio entre el abuelo y yo, debería tirar por él unas veces y otras por mí, pero siempre hace lo que dice el abuelo y yo salgo perjudicado, no sólo yo también mamá y cualquier otro que esté cerca. Ahora mismo, por ejemplo, mi hermanito ha roto a llorar desconsoladamente, debe tener hambre y mamá ha tenido que salir apresuradamente a la otra habitación a ver qué le pasaba, menos mal que aún no habían comenzado las noticias. Ha sido suficiente que el abuelo la mirara como sólo él sabe mirar para que ella se levantara del sillón como una flecha.
This post was submitted by José Luis Villarín López.

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