Olvidé decirte que la otra noche, cuando nos vimos, pude besar a la más hermosa de las sirenas, justo cuando nadaba en tus ojos.
This post was submitted by Fernando Villaseñor Ulloa.
Olvidé decirte que la otra noche, cuando nos vimos, pude besar a la más hermosa de las sirenas, justo cuando nadaba en tus ojos.
This post was submitted by Fernando Villaseñor Ulloa.
Presumir que el mundo puede cambiar después de un Holocausto, es sencillamente no comprender la naturaleza humana.
La religión Católica Apostólica y Romana, a pesar de ser un riñón del Judaísmo, necesitó alimentar el odio contra el hebreo como método para atraer fieles ,y como sistema, para tapar sus propias engañifas.
En unas declaraciones a un periódico italiano, el obispo emérito de Grosseto, Giacomo Babini, un octogenario inútil y parasitario acusó al “Sionismo” de la campaña de denuncia de los escándalos pedófilos.
Este pensamiento retrógrado e irrecuperable tiene un mismo correlato de aquellas acusaciones que se nos hacían en siglos pasados, de utilizar sangre de niños católicos para elaborar el pan ácimo. Lo único le faltó a este imbécil con sotana, decir que nosotros somos los causantes de la Gripe A. Porque esta misma Iglesia alimentó entre el vulgo la idea que la Peste Negra que asoló Europa en la Edad Media nosotros la provocamos.
This post was submitted by jacobo saul rabin.
Viajaba de incógnito Su Majestad in inferis, despojada la frente de los cuernos de fuego que son su corona, y con el rabo entre piernas, enroscado a un muslo bajo la túnica de su disfraz, para esconder así todo atributo de su poder maldito.
Viajaba por el haz de la tierra y recorría a la sazón el Imperio Romano, en cuya grandeza confiaba para que le preparase por la fuerza y la humillación de las almas el dominio del mundo, que era suyo, según demostraban, con árboles genealógicos y una especie de leyes Sálicas, los abogados del infierno.
Había llegado a la Judea romana, atravesando el Gran mar como si fuera un vado; sobre las olas las plantas de Luzbel dejaban huellas de humo y chirridos del agua que quedaba hirviendo a su paso. Tomó tierra en Ascalon, y subiendo hacia el Norte por la playa estéril y desierta, antigua patria de los Filisteos, pasó, al ponerse el sol, cerca de Arimatea y de Lidda; más al llegar la noche, fría, helada, las estrellas que brillaban, y temblaban, muchas de ellas, con particular brillo y temblor, le dieron cierto miedo supersticioso; y como un ave a quien el viento, que cambia, empuja hacia donde va su ímpetu; o como nave que la tempestad envuelve, Lucifer se sintió impelido hacia Oriente, o mejor, hacia el Sudeste, camino de Emmaús, y allá fue, remontando la corriente de un flaco riachuelo.
CAMARON BLANCO
-Preciosa me parece la vida en este nuevo día! Despierta mi Padre y me inunda con su tibio aliento…, ¡Las nubes escapan asustadas!!:
¡Padre! Creador del divino mirar.
Amo tus dulces caricias de luz.
Sosiego y calma en este despertar.
El pequeño Chirio gorjeaba alzando su cabecilla entre las ramas de picapica. Entonaba la canción de un nuevo amanecer a la vida. Se sentía dichoso y su alma vibraba rozagante de felicidad. Mostraba jubiloso su pechito amarillo elevar sus trinos suaves.
-¡Oler el perfume de las quilas, jugar entre las zarzas, comer lo que Dios me ha brindado…¿Qué más puedo desear?-, decía el pajarillo mientras saltaba de rama en rama, o volaba sobre las hierbas.
Sus ojos incansables se extasiaban en esta siempre primera contemplación. La línea férrea por un lado, y por el otro, el cerro que se perdía a lo lejos, lleno de árboles que escalaban hacia el cielo. El camino del tren, silencioso y enmohecido, no presentaba obstáculos para el pajarillo.
De las matas de arbustos se iba a saltar y buscar semillas e insectos entre los agrietados soñadores, o subíase a los inseparables compañeros de la línea férrea para recrearse en el paisaje. Desde ahí, bajo el terraplén y orillando los raíles, se extendían pastizales anegados en grandes trechos, cuidados por las sempiternas rumiadoras. Hacia el oeste, grandes sementeras de alfalfa o trigales erguidos en semillas de pan y adolescencia.
No sabía el porqué de tanta dicha por la creación; veíala con el alma henchida de amor. Jugueteaba y revoloteaba. Sus ojos endulzados de recientes flores, fulguraban en matices rosas purpurinos, irradiados de sus pupilas brillantes. Pasaba el día.
This post was submitted by Mario Valenzuela Rojas.
El pobre Bernardo, carpintero de aldea, a fuerza de trabajo, esmero, noble ambición, había ido afinando, afinando la labor; y D. Benito el droguero, ricacho de la capital, a quien Bernardo conocía por haber trabajado para él en una casa de campo, le ofreció nada menos que emplearle, con algo más de jornal, poco, en la ciudad, bajo la dirección de un maestro, en las delicadezas de la estantería y artesonado de la droguería nueva que D. Benito iba a abrir en la Plaza Mayor, con asombro de todo el pueblo y ganancia segura para él, que estaba convencido de que iría siempre viento en popa. Bernardo, en la aldea, aun con tanto afán, ganaba apenas lo indispensable para que no se muriesen de hambre los cinco hijos que le había dejado su Petra, y aquella queridísima y muy anciana madre suya, siempre enferma, que necesitaba tantas cosas y que le consumía la mitad del jornal misérrimo.
Su madre era una carga, pero él la adoraba; sin ella la negrura de su viudez le parecería mucho más lóbrega, tristísima.
Bernardo, con el cebo del aumento de jornal, no vaciló en dejar el campo y tomar casa en un barrio de obreros de la ciudad, malsano, miserable.
Entre la muerte de unos y el enriquecer de otros; la vanidad es de pocos, la vida de algunos y la agonía de muchos.
La clase más alta dentro de nuestras sociedades nos ha demostrado a lo largo de miles de años, que su mundo es falso y sistemático, y que basta mirar a su alrededor para darse cuenta de lo ingrato que puede ser ya sea el poder o el dinero. Personas tiradas en un mar de fantasía, donde creen poder crear todo, pero no son capaces de ver la sencillez de la vida misma. Esta es la vanidad de pocos, es la mentira de quienes nos gobiernan, de quienes quieren ser y tener todo, de quienes jamás miran dentro de si mismos para darse cuenta de que están vacíos, de que mientras más ganan, menos tienen; y mientras más invierten, más pierden. Esta, es una vida falsa.
This post was submitted by Ivan Vazquez Gonzalez.
El duque del Pergamino, marqués de Numancia, conde de Peñasarriba, consejero de ferrocarriles de vía ancha y de vía estrecha, ex ministro de Estado y de Ultramar… está que bufa y coge el cielo… raso del coche de primera con las manos; y a su juicio tiene razón que le sobra. Figúrense ustedes que él viene desde Madrid solo, tumbado cuan largo es en un reservado, con que ha tenido que contentarse, porque no hubo a su disposición, por torpeza de los empleados, ni coche-cama, ni cosa parecida. Y ahora, a lo mejor del sueño, a media noche, en mitad de Castilla, le abren la puerta de su departamento y le piden mil perdones… porque tiene que admitir la compañía de dos viajeros nada menos: una señora enlutada, cubierta con un velo espeso, y un teniente de artillería. ¡De ninguna manera! No hay cortesía que valga; el noble español es muy inglés cuando viaja y no se anda con miramientos medioevales: defiende el home de su reservado poco menos que con el sport que ha aprendido en Eton, en Inglaterra, el noble duque castellano, estudiante inglés.
¡Un consejero, un senador, un duque, un ex-ministro, consentir que entren dos desconocidos en su coche, después de haber consentido en prescindir de una berlina-cama, a que tiene derecho! ¡Imposible! ¡Allí no entra una mosca!
BERLIN
Angel Mompracem
Primero van mis manos, después mi boca, atrás voy yo, desesperado. Mis manos tocan este cuerpo perfecto, hierático, egipcio. Esta piel inimaginablemente suave, blanca, tibia que tiembla viva, bajo mis caricias. Sus piernas eternas, largas, celestes. Mis manos tocan estos pies de Ángeles, frescos, curvos, rodeando los talones con mis dedos, mientras, mi boca besa sus pequeños dedos, y su cuerpo se estremece cuando mi lengua busca el sabor de su piel. Mis manos siguen hacia delante, y mis dedos extendidos, y desesperados, rozan sus tobillos y se deslizan hacia el desconocido país que es el cuerpo de esta mujer maravillosa.
Ahora van mis manos, después mi boca, atrás voy yo. Mis manos anhelantes aprietan la carne firme, mientras mis labios besan sus tobillos. Bajo mis manos siento la piel erizada del paraíso. Mis labios tiemblan, incontrolables. El placer duele, lacera y quema. Tan solo un gemido, mas bien un susurro, es lo que sale de sus labios. Sus ojos están cerrados, no quiero que los abra, no quiero que vea el estado de completa sumisión en que me encuentro.
This post was submitted by MANUEL ANDRADE.
- Siempre quise decirte esto. Siempre, pero… supongo que nunca tuve valor. Incluso ahora que me he dado cuenta de que no tengo nada que perder, de que no es nada malo esto que siento, al contrario, es algo normal, es algo bello, incluso ahora tiemblo como un adolescente.
Estaban sentados en el banco de un parque. El atardecer era hermoso en la ciudad, el sol se iba poniendo por algún lugar de las montañas del oeste posando sus últimos rayos en las fachadas de los edificios, mientras unas nubes negras se iban aproximando rápidamente por el sur empujadas por el viento.
- Lo he sabido desde siempre, desde la primera vez que te vi. Llevabas puesto aquel precioso vestido blanco de tirantes. Era verano, ¿recuerdas? nos conocimos en Cala Pequeña, hacía un día claro y caluroso. Bajamos la cuesta hacia la arena, estaba también Mario ¿te acuerdas de Mario? si no fuese por él jamás te hubiese conocido. Estiramos las toallas y nos quitamos la ropa, nos tumbamos uno frente al otro, Mario a tu lado. Creo que al principio te daba vergüenza tomar el sol desnuda junto a mí, pero pronto se te pasó. El calor y el cansancio de los baños nos hizo quedarnos dormidos ¿recuerdas? nos despertamos sobresaltados bajo aquel chaparrón veraniego. Nunca supimos cuanto tiempo habíamos dormido, tan solo que al despertar sólo quedábamos tú y yo en la playa, bajo aquella lluvia.
This post was submitted by El Errante.
El duque de Candelario tenía media provincia por suya; y no iba muy descaminado, porque a sus cotos redondos no se les veía el fin, y ejércitos de labradores le pagaban renta. Mucho había heredado de sus ilustres ascendientes; pero él también había adquirido no poco, y nadie podía decir que de mala manera y sin servir a la patria: era en su vejez, que casi se podía llamar florida por lo bien que en cosas que habían de dar fruto la empleaba, y por la lozana alegría de su humor y la constancia de sus fuerzas y alientos, era, digo, un agricultor de grandes vuelos, inteligente, activo, desinteresado con el pobre; pero atento a la legítima ganancia; y así se enriquecía más y más, ayudaba a los que le rodeaban a ganar la vida, y a quien le sacaba el jugo era a la tierra.
Si de este modo servía ahora a la patria, antes le había dado algo que valía más; su sangre y el continuo peligro de la vida; había sido bravo militar, llegando a general, y en todos los grados de su carrera había tenido ocasión de probar el valor en verdaderas hazañas. Aún más que por todo esto, le estimaban en su tierra por lo llano, alegre y franco del carácter. No se diga que despreciaba sus pergaminos, pero tenía la democracia del trato, como rasgo capital, en la sangre; y por algo le llamaban el duque de los abrazos. En los membrudos remos, como él decía, que no desdeñaban las armas del trabajo del campo, estrechaba con sincera hermandad a los humildes aldeanos, que adoraban en él y le acompañaban en su vida sana, activa, de cazador y labrador y buen camarada en honestas francachelas.
© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0
SmallSquid.com está gestionado con WordPress