Ahí yace en su mecedora de madera, que chirrea cada vez que se balancea, su mirada, como siempre está perdida en la ventana, admirando las montañas, se pierde en su majestuosidad y poco a poco desliza su pesada mirada hacia el interior de la habitación y la recorre con tristeza y desanimo. Mira hacia el rincón donde menos luz entra, ahí un pequeño cajón, , uno muy viejo y abandonado, de esos que todo el mundo desprecia y sabe que está ahí pero no presta atención a su uso, tiene un gran candado oxidado que mantiene su gran tapa de madera ya comida por polillas, sellada por una cerradura que en algún momento estuvo bañada en oro. Un cajón olvidado, es en él donde guardó sus más profundos anhelos, que así como el aspecto de ese cofre, así reposan en su mente, desgastados por la lucha y por no conocer la victoria, usados una y otra vez lejos de ver la gloria del triunfo, ha decidido encerrarlos en un despreciable cofre donde no podrán acercarse a su mente para tentarla con vanas ilusiones para que sea libre de soñar. Pues esos pensamientos fueron de un espíritu joven que soñó una vez con viajar, gozar, luchar triunfar, ¡volar!
This post was submitted by María J. Sanabria.

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