Entradas de abril de 2009

Relato

EL VIAJE INVERSO DE LEONARDO PEREIRA MELÉNDEZ

Por , en 27 de abril de 2009

Armar un libro con distintos materiales, para indagar sobre la aparente vida, lleva a Leonardo Pereira Meléndez a hilvanar un canto descarnado: primero como ofrenda y después como lamento. ¿A qué hora la muerte duerme?. Ateneo de Carora “Guillermo Morón”. Barquisimeto. 2009. Canto hímnico que busca perpetuarse en la memoria documental de un universo trunco en viajes homéricos.

La oportunidad que se le presenta al poeta, para ensalzar una vida efímera mediante la explosión de los sentidos a través de la imagen, pescada en sueños y clímax eróticos en ese pozo insondable que es nuestro descenso al fin último.

Este libro -viene a ser- una ruptura con su vieja poética, marcada por la cotidianidad y el hastío, sus cantos anteriores buscaban ganar terreno en un tiempo caracterizado por el aluvión de información, que da cuenta de una fenomenología estéril e intrascendente.

Lenguaje archipiélago construido de manera deliberada para abarcar el mayor número de mundos, que componen el abigarrado imaginario del mago de la palabra, que encanta objetos inútiles al solo conjuro del verbo-mundo.

Los libros anteriores se agotaban en el ligero marco de su forma, construidos con claves -algunas convencionales- para lograr efectismo en el lector poco avisado.

En ¿A que hora la muerte duerme? el autor va a transitar el accidentado camino de la brevedad y la cortedad lingüística. De estructura compleja, echa mano de los enunciados aristotélicos y de los viejos cantos salmáticos, hasta el poema de clara estirpe de Nicanor Parra y sus Antipoemas.

Lo polifónico y el collage ayudan al creador a completar su trabajo, lo coránico y teatral posibilitan la introducción de segundas manos: cartas intercaladas, tomas de posiciones de Pereira Meléndez, transgrediendo con ello las leyes de la métrica.

Como un libro que comienza festivo, termina en una caoticidad que predispone al lector; quien no suspende la lectura, para ver como finaliza esta navegación, construida con el cuadrante de un mundo cerrado, paidea griega que le dicta al neo-dios nuevas emboscadas y fin de los días para los señalados por el oráculo de Delfos.

El libros fragmentado en variados anillos a la usanza de la Divina Comedia, se empantana en un círculo tanático, donde un miembro de la etnia, atraviesa el Estigia con Caronte al timonel, es la parca que apareció un día en las ardientes arenas de la Etiopía del Cantar de los Cantares.

Es el Libro de los Reyes, texto paradigmático de sus siete Biblias, ¿A qué hora la muerte duerme? es una propuesta valedera en un momento y una época, en que se ha devaluado el lenguaje místico que sondea la muerte y los avatares de esa quimera que damos en llamar vida. Los cantos de Pereira Meléndez, no son una Elegía, ni un Salmo, ni un Epigrama, son todos los géneros en una estructura de Palimpsesto. No hay arreglo con la realidad, ni retaliaciones odiosas sedientas de sangre, solo es lenguaje. Cuando hay una segunda intención a través del verso, dejamos de existir, y por lo tanto no parece la muerte como tabla niveladora de estas suertes de existencia.

Con Leonardo Pereira Meléndez, el lenguaje es una excusa para vaciar lo complejo de nuestra mediación entre el cerrado universo de la mecánica celeste de Pascal y nuestra neurosis; ganando espacio nuestras especulaciones sobre la realidad, cosa que nos reconforta a plenitud ante un decorado derrotista y perdidoso, que solo ve la entropía como fórmula de desenlace.

Abril de 2009.

Autor: JUANDEMARO QUERALES

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Ensayo

las cuotas crecientes al tipo de interes

Por , en 21 de abril de 2009

es un diseño nuevo.
un nuevo metodo de amortizacion.

que no contiene las atrocidades de los actuales.

lo estoy divulgando para que la gente, sea capaz de exigirlo a los bancos, y aparte, que los bancos se vean obligados a dar el valor real de las comisiones que cobran pues, no lo hacen.-

te dejo el link, para que lo descargues, gracias, son 30 paginas en pdf.

http://dondenaceeldinero.files.wordpress.com/2009/04/las-cuotas-crecientes-al-tipo-de-interes-pdf.pdf

Autor: david sanchez palacios

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Microrelatos

La mosca en el hormiguero IX

Por , en 20 de abril de 2009

¿quien es el duende?

Hasta ayer no habría podido responder a esta pregunta. Hubiera dicho: “Seguro que el Duende verde no, o si? No sé, nunca lo vi. Quizás debería de haberlo visto cientos de veces porque mis ojos de mosca me dan un panorama más amplio de lo que hay alrededor”. Pero me sucedió que mientras estudiaba los conductos de una semilla, después de la tos, la habitación se llenó de niebla, una niebla licuada que hacía de las superficies, pinceladas borrosas. De pronto se esparció la claridad y con un solo vistazo volví a capturar un inventario minucioso de cualquiera de los tres rincones que capturaba. Teniendo esta parte controlada y a salvo, decidí dejar que mi mente divagara por los ramales de la imaginación. El olor a tabaco a veces diluye los ruidos, sazonando los sonidos, o eso me pareció. La luz de la vela dejaba entrar cualquier clase de sombras. Al cabo de poco tiempo ya me sentía a flote junto a esas formas, moviendo mi cabeza al compás de su marea imaginaria en que se sostenían. Ya flotando sobre mi espalda, disfrutando la sensación de estar en mi lugar seguro, con mis sombras, mis pensamientos y mi naturaleza, vino a mí, como un regalo, el recuerdo de un personaje imaginario que nunca me pude imaginar. El Duende. ¿Qué clase de duende se acerca a este perfume y a este olor que fumo con placer? ¿Quién es ese al que le ofrendo la última resina del atávico momento? Pensé en él, y lo creí capaz de aparecerse ante mi y darme una señal. Fue entonces cuando descubrí que había dejado plasmada, sobre el cebo de la vela, toda su figura. Vean qué imagen!

Autor: hypodermic

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Relato

Escritos de Ujueta

Por , en 19 de abril de 2009

“En meses pasados se hundió la bóveda del Libertador y algunos miserables mandaron rellenarla de tierra y pisarla firme, como en efecto iniciaron el trabajo. De esto tuvo conocimiento don Manuel Ujueta y Bisais, quien corrió hacia la Catedral y como todavía no habían embaldosado el sitio, mandó suspender la obra, dio pasos reclamando la falta de respeto hacia los restos del Héroe de América y tuvo la fortuna de no hallar oposición. Allí le informaron que por que no había dinero para componer la bóveda la habían mandado serrar en firme”.
Crónica Semanal, 30 de marzo de 1.838, Bogotá

He decidido escribir lo que pasó durante aquellos días de la providencia en que tuve la honra de salvar de la vulgaridad los restos mortales del hombre grande de la América, tierra nueva y de todos. Era imperioso hacerlo desde ha mucho ya, pero careciendo de la debida oportunidad, he aquí que apenas ahora ofrezco a quien quisiere saberlo, lo ocurrido verdaderamente en esos tres días del pasado cuando hube de enfrentarme a la ignominia de estos nuevos pueblos olvidados de Dios, nuestro Señor.

Es mi nombre el de Manuel Ujueta y Bisais; soy hijo de padres vizcaínos, pero he visto la luz primera de la creación divina en este paraíso que tengo por patria segunda, esta tierra de retos y riquezas que los antiguos españoles, hombres bravos y valientes, han llamado Nueva Granada, y que después Bolívar llamó Colombia. Aunque antes de todos, hubo un tal Alonso de Ojeda, cuyo país no me sé, que fue adelantado en estas tierras que semejan ínsulas por su mar extenso y tal vez por eso les ha llamado Nueva Andalucía en un principio. Cierto es que la gente de aquí habla con la manera andaluza, aunque no pueden llamarse iguales. Por mi parte, trato de no ahondar mucho en estas cuestiones, pues que la fragilidad es tal, que a cualquier cosa que se dice de la España, muchos por las calles van en seguida gritando indecencias que no tengo ganas de repetir. He pensado que esto se debe al miedo de las gentes a que Su Majestad alguna vez tenga a seguro volver a adelantar tropas a esta, por voluntad divina, soberanía del Reino; pero se sabe que a esta época las cosas del poder en la tierra madre andan hasta peor que por estos lugares. Es sabido por los españoles que aquí estamos que tal día de retorno de las cosas a su punto original y verdadero está por llegar, pero mientras ese fin se da debidamente, rogamos al Señor cesen las aversiones entre españoles que si no hay tal, tarde que temprano, veremos a la patria única en llamas de desunión y nuestro sueño de reencuentro fraterno será nunca.
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Relato

Me entrego a luna

Por , en 18 de abril de 2009

Regreso de luna
Y no encuentro mas que el Tedio, un tedio
De naturaleza infame.

No hay más vida
Que la que debes.
Al final solo eres
El desdeñado peón
Que en tablero no es si no
Quien antes fenece
A cuenta…de su “rey”.

Agradecida te debes
a quien fortuitamente
te brindó la exsistencia, una existencia vana
que se cobra con tedio.

No hay conversación
Sin sumisión,
Y si no se da la sumisión,
discusión y sangre.

Viva estoy, agradecida,
solo hasta hoy.

La vida es propia,
innata posesión del individuo.
No hay reyes, ni peones,
Ni progenitor….
Ni bástago.

Autor: April Nomad (Sara Rodado)

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Misterio, Narrativa

LA PEOR DE SUS PESADILLAS

Por , en 16 de abril de 2009

Una noche más, como cada noche desde hacia dos años, Ryan se despertó súbitamente. Sin embargo, esta vez, todo parecía diferente. No sintió ese sudor frío que le empapaba el cuerpo cuando despertaba y se incorporaba de medio cuerpo en su cama como si un resorte saltara en su cintura. Esta vez, el resorte no saltó y no había sudor frío. Solamente hacía frío y su cama le pareció dura y helada. Además no vio la luz de la lámpara que Ryan dejaba toda la noche encendida en una mesilla en la esquina derecha de su habitación, esta vez la luz provenía de arriba y era prácticamente cegadora.

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Tres años atrás, Ryan era pasante en un prestigioso bufete de abogados de New York. Llevaba en ese puesto casi un año, desde que se licenció en la universidad de Columbia. Uno o dos años más como pasante y seguramente ascendería al plantel de abogados y quien sabe si con los años y muchos juicios ganados alguna vez le propondrían ser asociado. Claro, que ese era el sueño de su madre que vio como una viuda, a base de muchos años de duro trabajo, de horas extras, de doblar turnos y de privarse de prácticamente todos los caprichos, pudo enviar a su hijo a una buena universidad y si dios le daba fuerza y los años suficientes, posiblemente también lo vería convertido en un famoso abogado de esos que en un solo año ganan tanto dinero como ella había ganado en toda su vida. Ese era el sueño de Claire para su hijo y en un principio también el de Ryan, pero en el año que llevaba en el bufete, había visto pasar ante sí muchas injusticias, incluso había ayudado a cometer muchas de ellas. Seguir leyendo »

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Relato

CARTA A MI HERMANO MUERTO

Por , en 15 de abril de 2009

Luis: hoy en este día decidí hacerte una carta, la verdad no sé cómo empezar de tantas cosas que tengo en mi cabeza. Hace veinticuatro (24) años nos enviaste a Leonardo y a mí una carta, la cual aún conservamos, donde tú por un lado ingresabas a la universidad de la vida y nosotros a la carrera de Derecho; sabias y cultivadas tus palabras hermano mío; lo único lamentable es que a ti se te olvidaron, pues te confiaste demasiado y tu ingenuidad te condenó a la muerte.
Has muerto, siento un sufrimiento muy intenso, una aflicción en el alma; yo estoy viva, me quedan tus sueños que se expanden cada día; me quedan tus palabras; tu risa… Me queda tú bello recuerdo que junto a la tristeza van encontrando las grietas de mi alma por las que emergen estas lágrimas…
Me creí una mujer fuerte, capaz de soportar lo insoportable, y solo tu muerte me enseñó cuán débil soy.
Hermano querido: te amé, te amo y te seguiré amando, y ahora necesito alivio, pero quiero que me lo des tú, las palabras compartidas, nuestros escasos encuentros que hoy extraño; como el imaginarte exitoso… Nuestra conversación de aquél trece (13) de diciembre cuando te vi por última vez. En ningún diccionario encontraré las suficientes palabras para expresarte todo el dolor que siento por tu impensada perdida y para honrar a Dios por haberte tenido como mí hermano…
Ahora la congoja me invade, me traspasa el corazón… Sigues vivo en mi mente, te sigo amando con toda mi razón; ahora todo es diferente, tú estás en el cielo y yo aferrada a la oración…
Muchas veces te escuché decir que la vida había qué vivirla intensamente porque uno nunca sabe “si hoy es nuestro último día”, y, ciertamente, Luis, viviste para tus hijos, para tus hermanos, para mamá, te desvivías en atenciones para tu familia… y eso era hermoso, ¡tan hermoso! Qué nunca nadie podrá quitarme esos recuerdos… Y a pesar de que todos sabemos que nada ni nadie habrán de ahorrarnos el final, siento que a ti Luis, la vida se te fue muy rápido. Entiendo que la muerte es una realidad por la que todos pasamos y que tarde o temprano atravesaremos a lo largo de nuestra vida, pero tú muerte nos ha dejado sin palabras, particularmente se me hace difícil expresar lo que siento; una confusión de rabia, impotencia, y dolor… Me aferro a algo que físicamente no existe, parece que me hubieran arrancado una parte vital de mi ser… ¡Acepto tu ausencia pero el vacío es demasiado inmenso!
Con el permiso y la consideración del gran escritor y novelista don Gabriel García Márquez, me despido de ti, reproduciendo una carta de despedida que muchos han atribuido al gran autor de Cien años de soledad:
“Si por un instante Dios olvidara, que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, tantas cosas he aprendido de ustedes pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta infelizmente me estaré muriendo…
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Si supiera que en estos son mis últimos momentos que te veo te diría ” te quiero” y no asumiría tontamente que ya lo sabes”
Luis, hermano de mi corazón: vivo con tus sueños, sueños que son recuerdos, recuerdos que serán eternos…
Caracas, 1 de marzo de 2009
Raquel Pereira Meléndez

Autor: RAQUEL PEREIRA MELÉNDEZ

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Relato

Ladrón de sexo

Por , en 5 de abril de 2009

Ladrón de Sexo

© Oscar D. Salatino

1

Después de un vuelo que se había prolongado más de lo debido para superar un frente de tormenta en medio del atlántico, la comisario de a bordo Mariela Cortés, de veintisiete años de edad y de nacionalidad colombiana se sentía tan agotada que apenas podía mantenerse en pie cuando llegó al departamento que rentaba en el centro de la ciudad.

A pesar del contratiempo nada podía empañar la satisfacción que continuaba experimentando por su reciente promoción, un logro realmente importante para una persona de su edad.

El haber alcanzado esa posición en un tiempo considerado récord -cinco años menos que el promedio- la hacía sentirse tan bien que se le pasó por alto que de las dos cerraduras de la puerta de entrada sólo una de ellas tenía echada llave.

Tras dejar su maleta junto a la mesa de la entrada comenzó a quitarse la ropa mientras se dirigía hacia el cuarto de baño ubicado al final del pasillo, e ignorando la vigilancia a que era sometida terminó de desnudarse después de abrir las llaves de la ducha.

######

Las cortinas del living se agitaron, aunque brevemente, cuando el hombre que se cubría el rostro con una máscara abandonó su escondite. Después de un breve vistazo por la puerta entreabierta del cuarto de baño enfiló sus silenciosos pasos hacia la alcoba.

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Con el cansancio a punto de hacerle flaquear las rodillas Mariela Cortés dio por terminada su ducha. Al mirarse en el espejo se encontró con el que muchos definirían como un rostro atractivo en el cual no habían terminado de borrarse las líneas de tensión causadas por demasiadas horas de vuelo.

Aunque para infundir seguridad a los pasajeros se veía obligada a sonreír constantemente, sólo aquellos que se ganan la vida desempeñándose a miles de metros de altura son capaces de comprender ese terror que vive instalado en sus huesos hasta mucho tiempo después de que los aviones aterrizan.

Una sonrisa desvaída se dibujó en sus labios mientras se echaba una bata sobre los hombros, y aunque se sentía famélica y la sed parecía devorarla, en lo único en que podía pensar en esos momentos era en acostarse y dormir durante los dos días que tenía libres antes de volver a embarcar esa vez hacia el lejano oriente.

######

El aroma de una loción masculina desconocida activó el primer nivel de alerta –el de la sospecha- pero Mariela lo desechó rápidamente pensando que el agotamiento le estaba jugando una muy mala pasada.

El segundo nivel –el de la intriga- se activó cuando sus ojos se toparon con los dos pañuelos de seda que pendían del respaldo metálico de su cama, pero el tercero –el del pedido de auxilio- ni siquiera llegó a activarse porque la repentina aparición del encapuchado emergiendo del guardarropas hizo que Mariela se desvaneciera antes de caer entre sus brazos.
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Relato

Ojos Azules

Por , en 4 de abril de 2009

Ojos Azules

© Oscar D. Salatino

1

El tiempo ha pasado tan velozmente que a veces pienso que fue ayer cuando te vi por primera vez.

Algo estaba mal con tu muñeca con cuerpo de trapo y pelo de lana, pues una profunda preocupación se reflejaba en tu carita de ángel mientras la traías arrastrando de su maltrecho brazo izquierdo.

Tus ojos azules –los llevaré en mi memoria por toda la eternidad si ello es posible- estaban llenos de lágrimas, lágrimas que milagrosamente no desbordaban, pero a las que les faltaba muy poco, casi nada, para deslizarse por tus mejillas tiznadas, porque ¿vaya a saber dónde habías estado jugando para ensuciar tu hermosa carita de esa manera?

Tus enormes ojos parecieron tornarse más azules cuando me descubriste sentado junto a tu padre.

Algo en mí pareció asustarte, y por la forma en que te echaste hacia atrás pensé que me habías confundido con algún fantasma ¿o quizás con tu destino?

Aunque sorprendido no me sentí molesto, pues pensé que reaccionabas así frente a cualquier desconocido, alguien a quien creí que veías por primera vez y tu reacción me pareció tan lógica como que yo me hubiera enamorado de ti apenas verte, porque todavía no podía recordarte de esa otra vida que seguramente habíamos compartido. ¿Puedes recordarla tú Carolina?

No hablé, tampoco hubiera sabido qué decirte, no recordaba cuáles eran las palabras adecuadas para llegar a esa mujer que se ocultaba en tu cuerpo de niña, pero algo en mi mirada te hizo recuperar la confianza perdida un instante antes de que tu padre nos presentara con toda esa pompa que una niñita de tu edad no tiene por qué comprender, pero con seguridad sirvió para despejar lo que creíste dudas.

Cuando finalmente te sentiste segura extendiste hacia mí la mano en la que con dedos trémulos todavía sostenías tu muñeca.
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Microrelatos

Cercanía

Por , en 3 de abril de 2009

Te deslizas como una sombra bajo la luz del atardecer que declina, ganándole terreno a ese mundo que nos cae encima como un aguacero, gota a gota, segundo a segundo. No puedo evitar mirarte limpiamente y llegas a mí sin detenerte al traspasar las fronteras de mi intimidad. No quiero esa clase de cortesía, no ahora que todo parece confluir en el espacio que nos separa y sólo quiero tenerte cerca, siempre a mi lado.

Autor: LadyFenix

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