Entradas de febrero de 2009

Ensayo

El Buscar Más De Dios Cada Día.

Por , en 7 de febrero de 2009

Dicen que cada persona es un mundo y quizá eso sea cierto pero dejame decirte que eso lo dicen porque cada persona tiene una manera distinta de pensar, ahora dejame mencionar que muchas personas aunque no piensen igual, tienen las mismas creencias y están en un mismo sentir.Si una persona que es cristiana se encuentra entre muchas personas que no son cristianas y que no conocen a Dios, en verdad ese no es el ambiente indicado, por ejemplo: Es viernes en la noche y suponemos que me invitaron a una fiesta ese viernes, entonces mis amigos de la escuela me llevan a esa fiesta, cuando llego a esa fiesta pues me doy cuenta que nadie es cristiano sino solo yo.

Entonces mientras más tarde se hace, la fiesta va tomando otro ambiente más pesado por decirlo así o más bien como los jóvenes que están en la fiesta nadie es cristiano sino que yo soy el único cristiano. ¿tú crees que estoy en ambiente? Si en verdad soy cristiano y me respeto a mi mismo entenderé que ese no es mi ambiente, pero si me dejo llevar por la corriente de los deseos del mundo, lo más probable que es caiga en ese ambiente.Y muchos me pueden decir ¿Que si que tiene de malo tomarse una o dos cervecitas? entonces yo les respondería que ellos me dijeran como les fue la siguiente mañana con la llamada cruda, que según se andan muriendo.

Pero la verdad el resultado de haberse embriagado aquella noche, el peor problema no es la mañana siguiente sino el peor resultado se da cuando ese tipo de personas con ese estilo de vida… se vuelven alcohólicos y pierden muchas cosas de sus vidas, entre ellas primeramente su dignidad como persona porque en realidad no se da a valer, segunda cosa que afecta es su familia, después de no respetarse ni a si mismo, tampoco respeta ni a su familia y aquí es donde entra el abuso familiar, el maltrato a la esposa o a los hijos, etc… y conforme el vicio va creciendo como un árbol que lo riegan todas las tardes, así crece el vicio y cuando se desarrolla el afectado ni siquiera se da cuenta de como fue que le paso todo eso.

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Relato

QUITAR LA SOLEDAD CON AMISTADES

Por , en 6 de febrero de 2009

PARA TODAS LAS PERSONA QUE VIVEN Y VIVIMOS EN CIUDADES GRANDES, DONDE EXISTE MUCHA SOLEDAD LAS AMISTADES SON POCAS Y MUY COMPLICADA DE ENCONTRAR. eNTRA EN UN MEDIO AUTOMATICO DONDE EN TU PROPIA CASA Y TECLEAQDON UNAS TECLAS , ESTAS DESEANDO ENCONTRAR A UNA PERSONA QUE TE HABLE, Y ENCUENTRE EN UNA PERSONA DESCONOCIDA UN AMIGO,
NOS PONEMOS EN NUESTA SALVACION UN ORDENADOR QUE CRUZA MARES Y OCEANOS , PAISEJES EXTRANJEROS Y TAN LEJANOS, QUE A LA VER ESTA EN TU PROPIA CASA
MI META ES CONSEGUIR QUE TODOS DE MOSTREMOS NUESTROS SENTIMIENTOS PARA SER UNA GRAN FAMILIA QUE NO HA APORTADO LA NUEVAS TERNOLOGUIA . AYUDAR A LOS DE MAS

Autor: MARIA

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Narrativa

Moral para vender armas y promulgar la paz divina

Por , en 5 de febrero de 2009

Moral para vender armas y promulgar la paz divina

Que es ese ruido! Que aburrido es esto aquí, este lugar parece perfecto y bello pero adonde diablos estoy! Hey esa luz que parece un sol creo que esta mucha gente reunida ahí, voy a asomarme volando ya que aquí no hay pisos donde sostener mis pies.
¿Disculpa quienes son ustedes y que están haciendo?
Yo soy Grabiel un ángel, y estoy cantando alabanzas a Dios.
• Que!
• Este es el cielo, ¡y tu quien eres?
• No recuerdo¿ y que hago aquí?
• Bueno déjame llevarte a Cristo para que diga quien eres y por que tienes el gozo de estar en victoria justo aquí, mientras tanto espera que tenemos 11 meses mas de cánticos, 13 de oraciones y 6 para ayudar en las guerras a los cristianos.
• Ok ok……
• Tengo varios meses aquí y ya estoy aburrido de los mismos cánticos, que extraño que aun siendo un espíritu o ángel me están saliendo callos en las rodillas de tanto arodillarme a orar las mis mas oraciones y todavía falta ver a estos inbeciles terminar de ayudar de exterminar la humanidad.
• Mira parece que Cristo quiere hablar con tigo, por fin vas a saber la razón por la que estas vivo aquí cerca de la presencia de Dios.
• Cristo. Hola mi pequeña oveja bienvenido a mi rebaño, como ya vez aquí no hay pisos este es un espacio vacío solo los ángeles yo y mi padre.
• Por que tu padre permite tanto aburrimiento aquí en el cielo.
• No de que hablas aquí estamos todos en victoria en el gozo mi hermano.
• Yo estuve acompañándote en tu existencia hijito tu te llamabas en la tierra Calpurnius, aquí en el cielo te llamas Flavio Josefiel, tubistes una gran misión para con la humanidad logrando escalar las más altas cumbres del genocidio con infinita crueldad contra la población árabe, libanesa y Palestina que no han sido fieles a Cristo además me acabo de acordar que debo mandar al infierno otros millones de humanos no bautizados que cometieron el pecado de conocer sobre mi palabra santa la biblia, contando con la complicidad alevosa del imperio norteamericano, mi tierra Israel la única que se va a salvar claro, con sus políticas de exterminio en lo que constituye un verdadero holocausto.
• Cristo tiene razón me acuerdo pero creo que viniendo de ti algunas cosillas que hice creo que no fueron crímenes bien si fueron a favor de la causa divina.
• En mi reino cuando venga a la tierra voy a Abolir la Monarquía y todo Gobierno organizado la Propiedad Privada, la Herencia el Patriotismo la familia el matrimonio y de toda la moralidad, y la institución de la educación comunal de los niños, y toda religion cristiana
• Que!!
• Disculpa no se donde vino ese discurso. suena como una
cruz torcida o partida, en la que se exhibe la figura repulsiva y distorsionada
de Cristo, definitivamente tengo que acabar con los medios de comunicación me están enfermando te recomiendo que no leas otra cosa que sea la Biblia menos ese libro de J.D Parsons la cruz no cristiana, los misterios de Jesús de Peter Gandy y Freeke! Dios mío que falta de fe! Seguir leyendo »

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Humor

Honduras: La divina comedia

Por , en 4 de febrero de 2009

La Divina Comedia

Fue en un día cualquiera, cuando la ignorancia me condujo hacia aquellos parajes, ahora imborrables en mi memoria, cuando me llevo por el desértico sendero donde se encuentra el camino a los peores tormentos. Viaje hasta la cima de la montaña, y puesto allí me encontré con aquella escalofriante inscripción en la entrada de la cueva:
“En mi reina la desesperación, en mi gobierna la anarquía, en mi se vive en zozobra ¡Ay de todo aquel que entre en mi territorio, pues quien se arriesgue a vivir en estas honduras deberá renunciar a la esperanza!”
Entre en aquella bestia indomable, y pude ver que se trataba de un camino sin retorno, sino fuera por un guía que la divina providencia me ha enviado, vano hubiera sido cualquier esfuerzo por salir de ese laberinto de terror eterno.
Y entonces, el enviado de los cielos me advirtió que cruzaría por los nueve círculos infernales, uno mucho peor que el otro. Con aprensión, pero también con determinación emprendí el recorrido por este tenebroso territorio.

Comencé por una institución consular, la cual es el primer círculo, pero el embajador no se encontraba en ese momento, casi nunca en realidad, y mi pasaporte me costaría el doble de lo esperado, por aquello de los nuevos costos del papel, el cual ni siquiera estaba disponible en esos instantes. Poca seria esa mi desgracia, pues se tardaron muchas semanas en atenderme, y cuando lo hicieron, un subalterno, sacado de no se donde, me lanzo una mirada tan despectiva cual si viera a un insecto. En fin, con el pasaporte en mano, pude cruzar con mi guía al siguiente círculo del infierno.

Otra vez me sumergí en un triste escenario, donde el caos reina en su totalidad, vi a muchos hombres y mujeres, lamentándose, quejándose por el dolor sin que nadie saliera a prestarles auxilio, me contaron entonces que había llegado a uno de los hospitales públicos, donde si me llegaba a enfermar tendría que esperar mi consulta por lo menos unos diez meses, salvo si fuera de emergencia y estuviera mas muerto que vivo. Me marche antes de caer convaleciente y se aumentaran mis desgracias, mi querido e ilustre guía me contó acerca de algo aterrador, pues si el escenario era dantesco, mucho mas seria cuando los doctores y las enfermeras se fueran a la huelga nuevamente, ya que siempre pasan negociando con el gobierno, y este casi nunca les cumple.
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Relato

EL ÁRBOL DEL PATIO

Por , en 3 de febrero de 2009

EL ÁRBOL DEL PATIO
El barrio era de los antiguos, estaba donde la ciudad retomaba su aspecto provinciano. Destacaba una calle adoquinada, ancha; flanqueada por casas de un estilo plano, con balcones y ventanas cubiertas por cortinas que ocultaban las existencias de sus interiores. En una de las esquinas, varias personas reunidas en la puerta de una tienda, conversaban con rostros de intriga. Una mujer, que llevaba sobre su cabeza un pañuelo con flores de colores, parecía ser la moderadora de la tertulia. Un poco más allá de este grupo de personas, unos niños jugaban aventándose una pelota; destacaba de entre ellos uno, cuya mirada poseía un brillo más natural que las de sus compañeros, se llamaba Nicolás, uno de los muchachos del barrio. Era media mañana, el sol pegaba con fuerza. Al fondo de la calle, en un pequeño bosque, los árboles se movían al compás del viento, mientras los pájaros revoloteaban en busca de alimento, o quizá simplemente existían.
Las presencias humanas se manifestaban cubiertas de una luz transparente, hacía que el ambiente desprenda una pureza regada sobre todos los objetos componentes del escenario vivo, manifestado en un sinnúmero de sonidos, que entremezclados producían una especie de espiral acústico, desde el centro del cual, el momento, el espacio, los seres, daban identidad a sus existencias rodeadas por las revelaciones de la naturaleza, por la expresión estática de los objetos inventados. A instantes parecía que se eternizaba el tiempo; que los humanos, animales, objetos, presentes en la mañana, en esa calle, era todo el universo.
Las mujeres y hombres reunidos en la esquina, parecían tratar un tema relacionado con algún acontecimiento digno de perplejidad. Las veces que se producían estas asambleas al aíre libre, en la esquina donde estaba la tienda, el barrio se transformaba en una especie de ágora griego en el que los asuntos colectivos eran tratados públicamente, como una forma de democracia directa. Algunas de las mujeres de avanzada edad se llevaban las manos a la boca, en claro signo de asombro; los hombres arrugaban sus frentes en muestra de preocupación. Todos, por momentos, desviaban sus miradas hacia un árbol que sobresalía sobre el techo de unas de las casas del barrio. Era un ciprés gigante, rebosante en verdor; sus ramas se elevaban al cielo, abiertas como abrazando el espacio, su figura era perfecta, terminaba en una punta que coronaba su cuerpo ancho, las ramas del centro eran gruesas, fuertes, capaces de sostener a varias personas en una sola de ellas. La sombra del macizo se regaba hasta la calle, hasta fuera de la casa donde estaba sembrado hace muchos años. Seguir leyendo »

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Relato

El dimante que se creyó piedra

Por , en 3 de febrero de 2009

Eranse una vez, en algún lugar lejano, remoto, perdido en el tiempo y en el espacio, dos diamantes gemelos, idénticos, que viajaban en la bolsa de un gran señor que, con especial cuidado, los transportaba por un camino.
Sucedió, que sin esperarlo, este buen señor de pronto fue atacado por una banda de ladrones que persiguieron su carruaje intentando quedarse con sus pertenencias.
El señor, al ver que no podría escapar, y sabiendo que sus dos diamantes perfectos eran todo su tesoro, en un recodo del camino, mientras huía a toda carrera, los saco de su bolsa y dandoles un beso de despedida los arrojó a un costado del camino, cerca de un arbol el cual usaría como referencia para poder volver a buscarlos.
El tema es que los dos diamantes cayeron al suelo, a la corta distancia de dos metros uno del otro, y allí quedaron, a la espera de ser descubiertos por alguien o recuperados por su señor, ya que no habián nacido sino para ser piedras de corona real.
El tiempo pasó, pasaron las horas, los dias, las semanas y por ultimo los meses y el señor jamas volvió por ellos.
Los diamantes que ya estaban preocupados, comenzaron a hablar…
No nos quiso, dijo uno de ellos, no nos quiso porque no somos diamantes, yo siempre lo supe, somos rocas sin valor y por eso nos arrojó de su carruaje, claro…, ¿Quien querría pedazos de piedra como nosotros?…
El otro diamante que lo escuchaba, a su vez le respondía…
No, sabés que no es asi, nos arrojó para protegernos, porque eramos su tesoro mas preciado y si no volvió será porque algo le habrá pasado, porque jamas nos habría abandonado…
El tiempo se consumió en charlas similares…y siguió pasando, y los diamantes siempre mantenían la misma postura, uno de ellos veía el vaso medio vacío y el otro el vaso medio lleno.
Cuando los meses se convirtieron en años, el diamante positivo, por llamarlo asi, el que sabía su valor, propuso…
Hagamos algo… brillemos, con más fuerza de la habitual, brillemos hasta encandilar con nuestro brillo, asi, quien pase por el camino nos encontrará y podremos por fin convertirnos en lo que soñamos, en piedras preciosas de corona real…
No, le dijo el otro, vos no entendes… somos rocas, piedras, convencete PI-E-DRAS, ¿Entendés? y por más que lo intentáramos jamás podríamos brillar, nadie nos querría, nadie nos valoraría, no vale la pena hacer nada, somos parte de este paisaje agreste y aquí nos debemos quedar…
Frente a este desencuentro de voluntades, el diamante positivo, sin dejarse contagiar por lo que escuchaba…comenzó a brillar, al principio tímidamente y finalmente con un brillo tan poderoso que competía con la luna, ya que atesoraba los rayos del sol durante el día y en la noche los despedía, asumiendo así su condición, reconociendo con orgullo lo que sabía que en realidad era, valorándose, esto, por supuesto, contra su entorno y la situación que al ser tan desfavorables, podrían confundirlo y hacerle ver lo contrario… Seguir leyendo »

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Relato

Solo una estrella más

Por , en 2 de febrero de 2009

En el espacio, a millones de años luz de la tierra, se encontraba un sistema, similar a nuestro sistema solar, compuesto por una enorme estrella, tres veces más grande que nuestro sol, y seis planetas que, junto a sus satélites, giraban a su alrededor.
Esta estrella a la cual llamaremos Pegnar, era la más hermosa de su galaxia, y con su luz y calor daba vida a todos y cada uno de los seres que habitaban dentro de su fuerza de atracción gravitacional.
Pegnar, en definitiva era solo una estrella de tantas en el universo, pero no lo sabía, no le importaba, ella brillaba siempre con la misma intensidad, cumpliendo su función y se sentía orgullosa de su brillo…
Un día, un cometa, de tantos que andan por el espacio, pasó muy cerca de Pegnar, tan cerca que de haber estado nosotros allí habríamos jurado que iban a colisionar, pero esto no fue así…
Al pasar tan cerca de Pegnar, el cometa, que era educado, inteligente, pero muy malintencionado, la saludo… ¡Hola pequeña estrellita!, le dijo, a lo que Pegnar, asombrada ante tanta confianza respondió… ¿Pequeña estrellita??? jajaja estarás hablándole a otra, mira mi brillo, alcanza para dar calor de aquí hasta el último de los planetas, no soy perfecta, ni deseo serlo, pero hago mi trabajo todos los días con esmero y dedicación y no soy pequeña como tu dices…
Jajaja, se rió el cometa, tu no viajas por el espacio como yo, ni has visto lo que yo he podido conocer, pero te contaré..
En este espacio infinito, infinito es el numero de estrella que hacen lo mismo que tu, se quedan quietas, muy cómodas, muy creídas de ser imprescindibles y sin embargo no lo son.. ¿Pequeña?… sí, lo eres, he visto estrellas miles de veces más grandes que tu, que no tienen seis sino mil planetas girando a su alrededor, estrellas que no puedas mirarlas porque su brillo te dejaría ciego con solo intentarlo…
Sí eres pequeña, y eres muy común, no te engañes, que cumplas tu función todos los días no te hace especial, no te hace importante, solo eres una mas de tantas; un punto en el universo que de desaparecer mañana nadie notaría.. Y dicho esto se alejó riendo, para continuar con su orbita normal… Seguir leyendo »

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Microrelatos

Noticia de último momento

Por , en 2 de febrero de 2009

De acuerdo con lo informado por los medios, anoche se produjo una fuerte colisión.
Aparentemente, y de acuerdo a los peritajes, un beso de mi boca, que se dirigía con rumbo a la tuya chocó de frente contra el vacío de tu ausencia.
Si bien no hubo que lamentar víctimas fatales, mi corazón herido gravemente por la realidad decidió internarse en un sueño, en el cual puede imaginarte a mi lado.
Testigos del hecho afirman que fue desgarrador ver como mientras era trasladado, gritaba enamorado tu nombre…

Juan Leandro Alzugaray

Autor: Juan Leandro Alzugaray

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Narrativa

Las aventuras de Laurencio Puerco

Por , en 1 de febrero de 2009

Nos remontamos al año 1326 en una fría y oscura noche de septiembre.
La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que sólo ella conocía. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso gimió su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruzó la órbita de Capricornio y un aborto prematuro surgió de este enlace mal parido en los abismos de la tierra. El grito espantado de una grulla resonó entre los matorrales y huyó despavorida hacia el oscuro horizonte cuando sonó el primer golpe del tambor.
Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los aborígenes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de leña ardían, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. Música y cánticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los agónicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de opíparos alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de más edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamación a sus dioses.
En el momento de mayor frenesí, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparición de los enanos malabaristas, llamados así porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumbó el suelo con una poderosa convulsión, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergió del interior de la montaña un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alzándose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante.
Entre los pocos supervivientes de los más de treinta mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido filósofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logró conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.
En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dejó constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ejército otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formación de una inmensa nube de vapor abrasador y tóxico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emergían ráfagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instantáneamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendió este terrible castigo. El temblor se hacía cada vez más intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente caían en el interior del volcán. Los gritos agónicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes se dejaban oír por encima del estruendo del terremoto, como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, huían despavoridos sorteando dificultades insalvables precipitándose hacia su propia muerte. El volcán entró en erupción con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretendían huir por la ladera. Seguir leyendo »

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Relato

Una casa en el acantilado

Por , en 1 de febrero de 2009

Cuando la mujer observa el lugar donde se encuentra la casa no puede evitar el pensamiento de que está ubicada en el fin del mundo, y tal vez no va desencaminada. Por fin, después del largo y tortuoso camino, monte arriba, la ha encontrado. La casa está al borde de un acantilado y edificada de manera que la puerta de entrada da al vacío. Se diría, a la vista del que llega hasta ella, que está a propósito de espaldas a la vida.
La anciana se detiene a esperar que su respiración se relaje y se sienta sobre una piedra que queda a su altura. Se recoge el cabello enmarañado por el fuerte viento que ruge y se ajusta las solapas del abrigo sobre su cuello. De pronto, ante la inminente presencia de su objetivo, siente vértigo. Está confusa, insegura ante lo imprevisible de lo que pueda ocurrir cuando se enfrente a Miguel. Si es que él está allí aun. “Tiene que estar, no puede ser de otra manera. Miguel no le haría esa jugada”. Es su última oportunidad, ¿dónde ir si él la rechaza? Está convencida de que su esfuerzo no será en vano. Para una mujer significa un paso tremendo el que ha dado; viene a implorar compañía y eso es una rendición sin condiciones.
Tras unos minutos de descanso toma nuevas fuerzas y venciendo sus miedos se encamina hacia la casa con determinación. Pase lo que pase no está dispuesta a irse sin averiguarlo.
Miguel está sentado en el porche de su casa, extasiado con el espectáculo que hay frente a él. Se balancea levemente en una mecedora y sus ojos, inundados de mar azul y reflejos naranja de un sol en decadencia, no parpadean. A sus setenta y cinco años no ha perdido todavía la capacidad de sorprenderse cada día del milagro del atardecer visto desde su privilegiada atalaya.
El rumor de los pasos de la visitante, llevados por el viento, llega hasta Miguel haciendo que se sobresalte por lo inesperado del hecho de ver rota su rutina. Con dificultad gira la cabeza asiéndose a los brazos de la mecedora y queda callado, con un gesto de intriga en el rostro, escrutando con su mirada la frágil figura de cabellos blancos que ha aparecido repentinamente.
La mujer, a pocos metros de él, está inmóvil, aferrada a las solapas de su abrigo con ambas manos y tratando de transmitir alegría en sus ojos.
—¿Quién es usted?—pregunta Miguel después de carraspear con la garganta. Seguir leyendo »

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