Entradas de enero de 2009

Narrativa

La casa del centro

Por , en 31 de enero de 2009

LA CASA DEL CENTRO

La ciudad se presentaba como un ser extenso, como un ente deforme. Cubierta por un cielo entre azul y gris. Mostraba bajo las nubes hileras de casas desordenadamente emplazadas que formaban calles angostas por las que caminaban personajes de las más diversas características. Los sonidos que desprendía, iban desde las risas de niños que se divertían mojándose en un charco producto de la última lluvia, el ruido de un avión que llegaba o se iba, los diálogos de las gentes que parecían el zumbido de abejas en una colmena; hasta el molestoso ruido de camiones que circulaban llevando materiales de construcción al otro lado de una quebrada que dividía la cuidad en dos. Hacia el sur se levantaban construcciones antiguas. Casas y edificios grandes que mostraban en sus fachadas el paso del tiempo impregnado en formas alegóricas que exponían balcones y techos. El tránsito en las angostas calles era caótico. Vehículos y autobuses parecían luchar entre ellos buscando un escape que los libere del atolladero en el que el humo de los escapes llenaba el ambiente, convirtiendo las calles en una visión apocalíptica. En las aceras la gente caminaba como si cada quien buscara algo diferente, sin mirarse entre sí enfilaban por las calles. Unos andaban con los ojos sobre el pavimento, otros con la mirada perdida en la multitud. Sobresalían seres abandonados que habían hecho de las calles su morada: niños andrajosos, viejos desdentados con la mirada clavada en el rostro de los transeúntes esperando compasión.

Entre la multitud, Andrés llevaba en sus manos un portafolios en el que guardaba sus escritos, un sinnúmero de hojas en las que plasmaba historias que quería contar, historias basadas en sus ficciones, en sus vivencias transformadas en relatos fantásticos que soñaba con poderlos publicar. Para eso había venido hasta la capital desde su provincia. Le habían dicho, sus amigos, que en la capital su obra tendría más oportunidades de salir a la luz. Le hablaron del movimiento cultural de la capital, del sinnúmero de instituciones que le podrían abrir las puertas para lograr su objetivo.

Llegó al centro de la ciudad después de tomar un autobús que lo trajo desde la Terminal terrestre. El caos del tráfico lo confundía, miraba con asombro la indiferencia de la gente, cada cual ocupado en sus actividades, rostros y más rostros que iban y venían como si fueran y vinieran de ningún lugar. Se detuvo en una tienda empujado por la sed que sentía fruto del intenso calor emanado de un sol que pegaba como si calentara sólo a esa ciudad. Antes de entrar miró un cartel pegado en el muro exterior de la tienda, era un cartel que anunciaba la presentación de un cantante de la nueva trova cubana, género del cual gustaba Andrés. La presentación era para el día viernes por la noche, después de dos días. Andrés pensó que tenía tiempo para asistir, de hecho sus días en la capital no estaban programados, le daba igual, no tenía nada pendiente en su ciudad. Después de que le despidieron de su trabajo en la fábrica de cartón por apoyar un paro de actividades exigiendo mayor seguridad en la planta industrial para los trabajadores, cobró su último sueldo y un dinero extra que le entregaron como liquidación, con ese dinero se vino para la capital tras del sueño de ver sus historias publicadas en un libro.
Seguir leyendo »

Comentarios (0)
Relato

DOS MIL OCHO

Por , en 31 de enero de 2009

Era un caluroso día de verano en uno de los hemisferios. Las noticias decían que el petróleo no paraba de subir. La gente comenta los desastres de un volcán en un país del sur. Hacía rato que se venían masticando las consecuencias de la guerra de Irak en los países involucrados. Se avecinaba una inminente crisis energética y alimentaría. No era un muy buen comienzo de año que digamos. Era un enero que deseaba que febrero se llevara su responsabilidad. Mientras yo miraba atentamente la televisión en donde se mostraban algunas protestas y se promovía el gran cambio que nos revolucionaría a todos… el apagón analógico y la llegada de la televisión digital. Febrero pasó sin penas ni glorias. Marzo fue el terror, como todos los años, de los bolsillos de la gente por las compras escolares. En aquel hemisferio comenzaban las clases. En el otro hemisferio el frío no se hizo notar como años anteriores (algunos le echaban la culpa al calentamiento global). Abril ya hablaba de cambios en la economía, mientras que mayo, despreocupado y cruel, hacía estallar otro volcán en el mismo país del sur, pero esta vez dejando en estado de emergencia una región entera, aunque fue mas importante el exabrupto de un jefe de estado en la cumbre de ambos continentes. Junio dejó en claro que el agua era el tema importante. Era casi mal mirado hablar de otra cosa que no fuera su buen aprovechamiento. Aunque a nivel continental y en un ambiente político el tema verdaderamente conflictivo fue la inmigración, y una directiva de retorno de título famoso y contenido escondido. Julio, agosto y septiembre fueron testigos silenciosos del sufrimiento de los habitantes de Osetia del Sur, aunque los juegos olímpicos fueron mucho más ovacionados. Octubre puso la nota romántica y nos premió con la visita de un meteoroide, haciéndonos creer que éramos parte de una película espacial. Los medios de comunicación estaban nerviosos por la crisis mundial y lo trasmitían como es debido a la población, frenéticamente. Noviembre y diciembre no aportaron mucho que digamos. A mi juicio, no se puede esperar mucho más de un año par, y menos mal. ¡Feliz año nuevo!

Jean Machuca
http://www.jeanmachuca.com/2008/12/dos-mil-ocho.html

Autor: Jean Machuca

Comentarios (0)
Narrativa

Lluvia de mayo

Por , en 30 de enero de 2009

LLUVIA DE MAYO

Sentado en la barra, frente a la blanca cruz de Puerta Cerrada, te sueño. Es una mañana fría del mes de diciembre. Recuerdo un paseo por mi barrio, contigo. Un bello día del mes de mayo que acabó en maravillosa lluvia. Cuando en los meses cercanos al verano llueve, los ángeles no lloran. Nos mojan de elixir enamorado. Nos hacen correr a cobijarnos en lugares ocultos donde poder besarnos. Hay mujeres que hacen perder el juicio. Por las que uno cambiaría de vida. Tú eras una de ellas.
He vuelto a Madrid a pasar las fiestas navideñas en familia. Los niños cantan la lotería en el televisor del pequeño local. Es la última vez que lo hacen en pesetas. El camarero y un cliente hablan sobre el fin de la peseta, sobre el euro. Nada de eso me importa. He venido esta mañana para soñar. A soñarte.
Yo nací muy cerca de la Plaza Mayor. Mi infancia y primera juventud están ligadas a este barrio. Tú llegaste después, y fuiste el motivo de mi huida, de mi cambio de rumbo. Paseo por la Cava Baja y te recuerdo, te sueño. En esta droguería, “La Antoñita”, compraba mi madre siendo yo niño. La casa en la que nací tenía dos plantas. La segunda abuhardillada, constaba de dos habitaciones con tragaluz en las que mi padre puso un palomar. Allí pasaba muchas horas del día jugando, empezando a soñar. Había palomos “ladrones”, que traían palomas de la Catedral, de la calle Toledo. La calle del Almendro, la plaza de la Cebada. Aquí estuve contigo, te besé por vez primera. Bueno, me besaste tú a mí. Nunca hubiera sido capaz de hacerlo, te veía tan hermosa, tan deseable, que no creí que llegaras a fijarte en mi.
Camino por calles conocidas, ahora ajenas y distantes. Ya no conozco a nadie. Es curioso como en pocos años cambia todo.
Tus dedos acariciaban mis labios tras besarnos. Casi puedo sentirlos ahora, cuando todo terminó, cuando ya no estás.
La nochevieja la pasaré en mi lugar actual de residencia. Ahora tenemos trabajo. Hay que seguir recogiendo aceituna, este año ha sido bueno, está gorda. Ya veremos a qué precio la pagan. Cuando hay tanta producción, la compran barata.
No creo que nada de esto te importe.
Entro en “la Escondida”, y pido un vino.
– ¿Alguno en especial?
– Un ribera.
Seguir leyendo »

Comentarios (0)
Narrativa

Algo oscuro

Por , en 30 de enero de 2009

Algo oscuro

Cuando la conocí, me llamó la atención su pelo negro y abundante. Cosa anormal en mí, ya que siempre me gustaron las mujeres claras de pelo. Tal vez fue su mirada gris verdosa y penetrante, su pícara sonrisa o el movimiento de su insinuante y pequeño trasero al caminar.
El caso es que de una forma u otra, me gustó. Tras conversar con ella me di cuenta de que le gustaba ser halagada. Alguien dirá que como a todas las mujeres, pero no. A ella le gustaba el flirteo. Y a mí, siempre me gustó flirtear, es decir; el juego amoroso que no se formaliza ni supone compromiso.
Las primeras citas fueron tomar un café, una cerveza o comer juntos. Posteriormente quedamos alguna noche para tomar una copa. Fue una madrugada de sábado con las feromonas de ambos alteradas, cuando por vez primera, consumamos nuestro deseo salvaje, ardiente y desaforadamente en mi coche.
En esa primera vez no aprecié en ningún momento sus verdaderas apetencias sexuales. Llevábamos meses viéndonos y hasta ese momento no habíamos tenido ni un triste beso con lo que pensé que era normal que nuestro primer coito fuera desmedido, tórrido y ansioso en exceso tras meses de espera.
Fue en posteriores citas cuando empecé a conocer sus más íntimos secretos, sus verdaderas apetencias sexuales y os diré sinceramente que me gustó.
Yo había leído mucho no sobre masoquismo – que es la perversión sexual de quien goza con verse humillado o maltratado por otra persona – pero sí sobre vampirismo; que a la larga – al menos para mí – significan casi lo mismo.
Más de un filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman una “sustancia silenciosa”.Tal vez maléfica. El esclavo siente placer por la “tortura” y atracción por quien la inflinge y al mismo tiempo y recíprocamente también el amo al verse ejecutor y ser también espectador de la borrachera erótica que se está desarrollando. Hay quien dice que “el mal seduce tanto como el bien, o incluso más”.
Poco a poco y tras varias relaciones sexuales, fui dándome cuenta de que su disfrute era extremo cuando se rozaba e incluso se traspasaba la línea del dolor. Me pedía en principio que la diera mordisquitos que se fueron convirtiendo en mordiscos que tardaban más de una semana en desaparecer de su cuerpo. Al ser una joven de pechos pequeños y tras mis experiencias en juegos sexuales con otras féminas, pensé que delicados mordiscos en sus pezones, le proporcionaban un extremo placer por tener mayor sensibilidad que las mujeres de grandes senos pero me di cuenta de que su satisfacción era inmensa, tanto como para – en varias ocasiones – llegar al orgasmo cuando sin pretenderlo apretaba mis dientes más de lo normal. Los primeros leves cachetes en su trasero se convirtieron posteriormente y a petición suya en azotes y mordiscos que me “obligaba” a realizarla. Seguir leyendo »

Comentarios (0)
Narrativa

Tabla de salvación

Por , en 29 de enero de 2009

Tabla de salvación

Es curioso como cada uno de nosotros nos aferramos a un sueño. Al menos los luchadores que seguimos creyendo que nada es imposible si se pone el corazón en ello. Los sueños nos ayudan a seguir adelante. Muchas veces sin ellos sería más difícil avanzar en este arduo camino que es la vida. Tan maravillosa a veces como amarga otras tantas.
“La Juli”, que así se la conoce en el pueblo, tiene su sueño y gracias a él, lleva viviendo esperanzada muchos años. Viuda desde que falleció Santiago, (maestro del pueblo, que sufrió la pérdida de su empleo, tras la contienda civil, en 1939, por sus ideas republicanas) quedó con un niño y tuvo que trabajar duro para criar a su hijo.
Hoy, con más de 80 años de edad, vive sola en el pueblo que la vio nacer y donde ha residido siempre. Su hijo, aunque la visita todos los fines de semana, vive en Cuenca, que es donde se casó y formó su familia.
Como os decía al principio, “la Juli” tiene su sueño. A pesar de su edad, y de los años que lleva viuda, sus ojos brillan intensamente cuando cuenta que desde que falleció Santiago no ha dejado este de visitarla casi a diario. La primera vez que lo hizo, era de noche. Ella, metida en la cama, sintió pasos que, subiendo la escalera, se dirigían hacia su dormitorio. Esa noche, “la Juli”, le dijo a su fallecido esposo que no volviera a aparecerse ante ella así. La había dado, y nunca mejor dicho, un susto de muerte. O, más exactamente aún, un susto de muerto. Desde ese día, y cumpliendo el deseo de su viuda, continuó visitándola y hablándola pero siempre en sueños.
De unos meses a estas fechas, Santiago, le dice a “la Juli” que dentro de poco estarán juntos de nuevo. Que no tema porque él mismo vendrá a buscarla y la tendrá cogida de la mano, mientras contemplan como meros espectadores el entierro de su cuerpo. En el momento en el que echen tierra sobre el ataúd, partirán a la habitación en la que ha estado Santiago todo este tiempo. Lugar en el que vivirán juntos eternamente los dos. Parece ser – según dice Santiago – que allí también hay que trabajar, pero que entre los dos podrán llevar fácilmente su labor a buen puerto. Me decía “la Juli” que allí se está mucho mejor que aquí y que cuando me digan que ya no está entre nosotros no me apene porque está segura de vivir una existencia mucho mejor. Y, lo que es más importante, acompañada de su esposo. Seguir leyendo »

Comentarios (0)
Relato

Volver a casa

Por , en 21 de enero de 2009

Volver a casa

Amante, el que ama. Amantes, hombre y mujer que se aman. Qué palabra más bonita y qué mal entendida. Siempre que se habla de amantes se tiende a pensar que tienen relaciones amorosas ilícitas. Pero yo me pregunto si es ilícito amarse, sin medida, sin ataduras…
Ya va entrando la luz por la ventana. Está amaneciendo, alguien en la lejanía tiene puesta la radio. Suena una melancólica canción, “noches de bohemia”. Tampoco yo entiendo como tú te olvidaste de tanto amor como compartimos. La habitación en la que me encuentro tiene blancas paredes, desnudas de detalles y una ventana al exterior con una gruesa reja. Dicen que para evitar que nos tiremos. Yo creo que para evitar que nos escapemos. Escapar sí, pero a dónde. A estas alturas creo que no tengo a dónde ir.
Muchas veces me pregunto qué hago aquí. A pesar del diagnóstico de los médicos, yo no estoy loco. Me gusta soñar, eso sí. No creo que soñar sea un delito. Todo el mundo sueña, ¿o no?.
– Ángel. ¿Qué haces aún en la cama?. Vamos, levántate y a la ducha, o te quedas sin desayunar.
Esta chica se piensa que somos niños, ¡como si me importara o no desayunar!. Leche con galletas, sin café. Tan solo los fines de semana descafeinado. Dicen que así no nos ponemos nerviosos.
Y ahora a pasar la mañana en el jardín. Ya me conozco casi todos los árboles. En algo hay que emplear el tiempo. Y hablar ¿con quién?. Si aquí, menos yo, están todos locos. La gente que nos cuida prefieren hablar entre ellos, y cuando lo hacen con nosotros nos tratan como a niños o como a locos. Seguir leyendo »

Comentarios (1)
Relato

El bar

Por , en 20 de enero de 2009

El Bar

Este bar escondido y plagado de recuerdos donde soñé estar contigo y donde, más tarde, no sólo estuviste a mi lado sino que me llenaste de amor y de apasionados besos. Este bar, uno de los pocos lugares donde nos vieron juntos, sin saber realmente quiénes éramos. Local en el que escribí uno de mis primeros relatos, tal vez huyendo de ti, cuando aún no sabía de quién o de qué huía. Lugar en donde te soñé mil veces y otras tantas te añoré. Bar oculto, como lo fue nuestro amor, ahora perdido en el recuerdo, ya que tú, mi amada, has dejado de soñar. A los pies del castillo de Medina de Pomar, en burgalesas tierras; rodeado de árboles en los que grabamos nuestros nombres, nuestra herida.
Llegabas radiante de felicidad y abrazada a mí, me llenabas de besos. Tus ojos brillaban al verme como no lo habían hecho ni creo que vuelvan a hacerlo nunca. Nervioso y deseoso por verte te colmaba de besos y caricias.
Ahora, sin ti, en la barra de este bar, añoro el tiempo que viví contigo y en mi obsesiva locura puedo olerte, sentir tus caricias y hasta escucharte reír.
¿Recuerdas cuando quise quedarme con un local cercano para montar un bar de copas?. Estaba en venta y pensé en comprarlo y compaginar mi trabajo actual con el de poner copas y buena música en las tardes – noches.
Tú, mi querida celosona, sin pensártelo dos veces no aprobaste la idea.

– ¿Que vas a estar tú, mi chico, por las noches poniendo copas, rodeado de chicas guapas?. De eso nada.
Esa fue tu respuesta a mi proyecto. Palabras que me arrancaron una sonrisa y me hicieron inmensamente feliz. Tus muestras de cariño, tus celos, me hacían sentirme el hombre más dichoso del mundo. El que tenía a su lado a la mujer más bella, encantadora, cariñosa, atractiva y sensual. Que es entre otras muchas cosas lo que eres para mí.
Paseábamos abrazados por las calles cercanas al bar e imaginábamos qué casa de las que veíamos nos gustaba más para vivir. Rara vez coincidíamos aunque al final nos hubiéramos quedado con cualquiera, ya que lo importante era estar juntos.
Amor, cuánto te echo de menos. Llevo tiempo sin verte y sólo te escucho de tarde en tarde. No quiero asumir que todo ha terminado, no quiero creerlo. Me niego a dejar de soñar. Tú te conformas con tu vida, muy bien, pues yo no. Yo quiero tenerte y tú en tu interior deseas que así sea. Si no piensas así, dímelo y dejaré de soñar; incluso de verte.
Eso sí, cuando tengas que hacerlo que sea mirándome a los ojos, porque los tuyos, esos que tanto añoro y a los que tanto quiero, nunca mienten.

Madrid, marzo de 2004
Fernando José Baró.

Autor: Fernando José Baró

Comentarios (0)
Relato

El rapto de Usoa

Por , en 20 de enero de 2009

El Rapto de Usoa

¡Ahora lo entiendo!. Veo a los ángeles con sus alas desplegadas llevándote en sus brazos. Tú, dormida, entre sueños, lo ignoras todo.
Los dioses siempre estuvieron de mi parte. Les resulté simpático. Nunca se preocuparon en demasía por mí, dejándome hacer. Hay quien lo llama suerte. Yo siempre que necesité algo inalcanzable se lo pedí a mis dioses y ellos, casi al limite de no lograrlo, me concedieron lo deseado.
Ahora veo a pesar de las tinieblas todo más claro. Los ángeles son también algo terrenales y han sentido envidia de nuestro amor. Más que de nuestro amor, de ti. Se han dado cuenta como yo que no hay mujer en la Tierra más apetecible, deseable y entrañable que tú.
A pesar de sentirte cerca de mi, estás más lejos que nunca. Vives en un sueño. Perdida, sin ver clara la realidad. En mis noches oscuras, en las que llevo días sin ver la luna – mal presagio para mí – recuerdo tantas ilusiones forjadas por ambos, que hoy parecen olvidadas por ti, en ese sueño en el que te tienen inmersa mis enemigos, los ángeles. Ellos solo sueñan cosas posibles, no dejándonos como antes imaginar otra vida, otros mundos fuera de la razón. Soñar un imposible que a veces lo fue gracias a nuestro amor y a la libertad que los dioses nos dieron para ser felices.
Ahora los dioses parece que duermen, o tal vez me estén probando, deseosos de saber hasta dónde llega mi amor por ti.
He intentado, como otras veces, hablar con ellos, sin conseguirlo. Sus puertas están cerradas. Tal vez mi exceso de confianza con ellos ha terminado enfadándolos e intentan que les tenga más respeto, aunque siempre que les hablé lo hice con el respeto debido.
Los ángeles me miran desafiantes y sonríen, mientras te llevan lejos de mí, creyéndose ganadores de la batalla. Tú, mi amor, duerme, descansa y coge fuerzas, ausente de todo cuanto pasa, en ese sueño en el que te tienen inmersa. Yo, espero un leve movimiento de los dioses, siempre deseosos de probar a los mortales, que me permita la libertad de arrancarte de sus brazos. Te tienen secuestrada amor. Y yo, mientras tanto, afilo mi espada pacientemente por si fuera necesario entablar con ellos una singular y acaso mortal batalla.

Madrid, septiembre de 2003
Fernando José Baró

Autor: Fernando José Baró

Comentarios (0)
Relato

ARIADNA

Por , en 19 de enero de 2009

Ariadna

Harto de todo, desengañado y enamorado erróneamente o tal vez desenamorado dirigí mis pasos a Villafranca del Bierzo. Pensé en un primer momento hacer el camino de Santiago, pero no tenía fuerzas para empezarlo, por lo que hubiera sido imposible acabarlo. Consciente de no estar entero moralmente para hacer nada, pensé en pasar unos días solo, intentando centrar mi vida de nuevo. Cogí una habitación en el hotel San Francisco, en la Plaza Mayor, y tras comer y echarme la siesta dirigí mis pasos a la famosa calle del Agua. Calle cargada de palacios y escudos nobiliarios, entre los que destacan el de Torquemada, del siglo XVII, de arquitectura barroca, una casa morisca de tres plantas, la casa solariega de los Álvarez de Toledo, también de estilo barroco, con dos grandes escudos de los marqueses de Villafranca, y la casa natal del poeta y novelista Enrique Gil y Carrasco, autor de El Señor de Membibre, donde aparece una placa conmemorativa. En esta misma calle hay infinidad de bodegas típicas donde degustar los vinos bercianos. El vino del Bierzo es un caldo con cuerpo que deja un ligero sabor a tierra en la boca; manchado de rojo oscuro el vaso; casi se puede masticar. Las bodegas son más que centenarias, llenos de enormes telas de araña sus techos y esquinas. Con grandes cubas y tinajas donde el tiempo quedó parado, tal vez esperando algún quijote que, vaciando sus panzas, las rescate del olvido. Fui vagando entre bodega y bodega hasta sentirme bien gracias al alcohol que ya corría por mis venas y me hacía ver la vida con ese optimismo pasajero cuando se está “alegre”. Sentado en una mesa de tosca madera, con un vaso de vino en mis manos, vi que entraban un grupo de jóvenes con mochilas.
Eran tres chicas y dos chicos. No debían tener ninguno más de veinticinco años. Escuché sus comentarios entre risas y deduje que estaban haciendo el camino de Santiago. Desde mi mesa les invité a un vino, deseoso de poder conversar con alguien. Aceptaron y, tras cruzar unas palabras, se sentaron conmigo. Eran de Madrid como yo y venían a pie desde Astorga. Estaban alojados en el albergue situado al lado de la iglesia de Santiago. Este templo tiene el privilegio en su Puerta del Perdón de ganar ante ella el jubileo los peregrinos enfermos. La iglesia consta de una sola nave con techumbre de madera y es el más interesante templo románico de la región.
Seguir leyendo »

Comentarios (0)
Relato

Eran otros tiempos

Por , en 19 de enero de 2009

“Somos el tiempo que nos queda”
(Caballero Bonald – Jerez 1926)

Eran otros tiempos

Eran tiempos de guerra; tiempos en los que España seguía siendo poderosa y temible. Tiempos en los que en Madrid, el antiguo Magerit con los árabes, como en otras ciudades españolas, podías sentir el hierro frío de una toledana, de una daga vizcaína o de una navaja en tus carnes. Eran tiempos en los que te jugabas la vida por una ofensa; por tu honor. También eran tiempos para el amor.
Yo vi la luz en Sopeñano, una pequeña aldea burgalesa en el Valle de Mena. Mis padres; intentando darme mejor vida que la que habían llevado ellos dedicándose a la ganadería, me enviaron a Madrid. A casa de un tío mío que era cura en la capital. Aprendí a leer y a escribir y me hice soldado. Me forjé como hombre empuñando el acero, combatiendo en nuestros tercios de Italia y Flandes.
Eran tiempos del reinado de Felipe IV y en los mentideros madrileños solo se hablaba de la muerte de don Juan de Tarsis y Peralta, conde de Villamediana. Correo mayor del reino, buen poeta, buen espadachín, hombre de talante agresivo y temerario, con fama de libertino, amante del lujo, de las mujeres, de la buena pintura, de las piedras preciosas, de los caballos – los dejaba morir en sus cuadras, de viejos; antes que venderlos como carne – del juego y de la vida desordenada.
Se casó en 1601 con Ana de Mendoza con la que no tuvo descendencia. Fueron numerosas sus amantes, era según parece bisexual y su muerte no está clara si fue por sus acosos galantes a la esposa del monarca, la reina Isabel de Borbón, o tal vez por pretender o llevarse al lecho, a la amante del rey Felipe IV, la joven y bellísima portuguesa Francisca de Tavora, dama de la reina. Otros creyeron que fueron sus tendencias homosexuales las que le llevaron a la tumba para evitar un escandaloso proceso judicial en la Corte.
Lo cierto es que le mató un experto espadachín por orden del rey, del Conde Duque de Olivares o de ambos, el 21 de agosto de 1622 en la calle Mayor de Madrid, cuando iba en su carroza acompañado de su amigo don Luis de Haro y que el crimen de Estado, quedó impune. El matador fue el espadachín Bellido, según la famosa décima del insigne poeta y clérigo cordobés, vecino de Madrid, don Luis de Góngora. La orden insinúa Góngora partió de Felipe IV.
Seguir leyendo »

Comentarios (0)

  

 

Secciones

Canales

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio