Una ciudad silenciosa, que pareciera rendirse ante el ocaso, mientras las multitudes caminan por las calles, todo pareciera desvanecerse ante la sutileza de esta proyección humana de tranquilidad, una sumisa ciudad que se rinde al final del día.
Pisadas que apaciguan el asfalto, mientras aquellos automóviles esperan la luz verde, ningún claxon es oído, parecieran ya estar demasiado cansados para ello, entonces después de aquella desarmada imagen, empieza a caer una llovizna, que después se vuelve una fuerte lluvia.
El bullicio se apodera de la ciudad, la gente empieza a correr, la lluvia golpeando el asfalto, la pisadas que torturan mientras se empiezan escucharse feroces cláxones que parecieran querer devorar a las personas. Todo parece un extraño desorden que se desemboco en unos cuantos minutos, la simpleza de lo complicado. La multitudes se tornan amenazantes a la casa de taxis y de los autobuses.
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