Entradas de octubre de 2008

Relato

¿Y si han salido de mis intestinos?

Por , en 22 de octubre de 2008

Un doloroso pinchazo en la zona abdominal inferior despierta mi mente de su ansiado descanso. Siento una gran molestia en el vientre, como si estuviese repleto de líquido y a punto de reventar. Poco a poco, evitando movimientos bruscos, me despido de la cama dirección hacia el cuarto de baño. Cierro la puerta del mismo y enciendo la luz. Con rapidez, me siento en el inodoro dispuesto a descargar la materia sobrante de mis intestinos. Mientras me desperezo, cojo un cigarrillo del paquete de tabaco que ya dejo en el cuarto de baño cada noche, debido a mis asiduas visitas. Otro pinchazo en el vientre me hace sentir un escalofrío en todo el cuerpo.

Sentado, con los pies descalzos sobre el frío suelo de cerámica azul, observo como el humo del cigarrillo va contaminando el espacio vacío del baño, indiferente. No pienso en nada en concreto, tan solo dedico una parte de mi mente a controlar mi aparato excretor mientras otra parte (o la misma), se dedica a controlar la difícil tarea de fumar un cigarro. La desilusión de esta tarde ha llevado mi mente a un estado de desgana y desarraigo difícil de explicar con palabras. Simplemente, me siento perdido y sin rumbo a bordo de una enfermedad que me lleva a su destino sin más amabilidad por su parte que la de ofrecerme dolor. Mucho dolor.

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Microrelatos

Primer ejercicio, a viernes 2 de mayo de 2008

Por , en 21 de octubre de 2008

Ella se sienta junto a mí y lee con avidez la correspondencia de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre que acabo de mostrarle. Mis padres todavía no han regresado a casa, y un amigo medio calvo que ha venido a copiar unos documentos ha tenido la gentileza de dejarnos a solas. Yo, naturalmente, busco la manera de decirle que me gusta desde aquella ocasión en que la vi —por una feliz casualidad— tan calurosamente pegada a la boca de hache, entre el deseo y la pared de la cocina, y no encuentro mejor estrategia que trasladar el asunto a un episodio en la vida de Sartre ahora que finalmente hemos podido conversar más a gusto.
Separados apenas por la prudencia, no dejo de pensar en sus piernas esbeltas y rollizas; ella hace el gesto de apoyar la cabeza en uno de mis hombros (esperando quizá que yo le diga que puede hacerlo, que no tengo ningún complejo; pero no le digo nada y mi discreción no me ha llevado a ninguna parte). Hubiera querido abrir la boca para decirle que podía hacer lo que quisiera; pero ya no puedo recuperar el pasado, y ella tampoco volverá a ensayar el ademán.
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Cartas

Ángel

Por , en 21 de octubre de 2008

Te pude dejar y no quise. Pude marchar de tu vida. Ahora ya no pienso lo que pudo haber sido de mi vida sin ti. Te dí más de lo que me pediste. Perdí a las personas que me querían, mi alma, mi cuerpo… Todo a cambio de tenerte y sentirte.
Maldito ángel que borraste mi pasado y destrozas mi presente.
Todas las farolas se apagaron, quedó en silencio todo aquello que alguna vez existió, lo que formó parte de los dos. Se me olvido pedirte que te fueras, porque ya no quiero que seas mi dueña. Se me olvidó perdirte que no te marcharas, porque sin ti no tengo fuerzas.
Los cuatro puentes los echaste abajo. Qué cosas tiene la vida, qué cosas tiene el engaño, que te va poniendo lo que está arriba, boca abajo. Señor, bendice a todo aquel que por ti suspira, que se condenan ellos mismos a muerte esperando verte un día, encadenados a ese ángel, cocaína.

Autor: violeta_loquesea@hotmail.com

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Narrativa

Las tres en el reloj de la torre

Por , en 21 de octubre de 2008

No era el reloj de la torre el que, con su ritmo acompasado, rompía la suave letanía de la noche, sino aquél otro que con una cadencia letal vacila unos segundos antes de asestar la puñalada mortal; un híbrido de metal y cadenas que restaura la paz una vez dominada toda pasión. Un simple añadido a la pulsera de oro del ladrón que durante la nocturnidad se permite el lujo de abarcar con su musculoso brazo el horizonte que marca el arco de una venganza violenta y metálica, al compás de los violines de la sinrazón, con el beneplácito de una situación dada: es un tunante que durante la secuela psicológica de una fórmula matemática ha dado a luz ese sentido de la pluralidad aritmética que elabora en la mente la solución de todos los problemas mundanos, permitiendo de este modo tan fútil el sentimiento desgraciado de una infeliz decisión; esto es, devorar con la carne y el hueso de un cuchillo la carne y hueso de un mortal, en la comunión morganática de la sangre con el cáliz. Porque ese recipiente vedado al cristiano no puede ser sino la misma boca del inmortal que vaga errante en la confesión de una falta que no puede ser devorada más que por sí misma, al no encontrar sentido a la queja que ningún ser humano puede conocer más que a través de la revelación de ese secreto imperecedero: el oscuro devenir del alma a través de los siglos de una humanidad condenada a perecer, en el mismo modus operandi del nacimiento en una matriz indigna del organismo oculto entre úlceras de estómago, vómitos y espasmos involuntarios, donde la fe resulta ser la herramienta de trabajo de unos padres que moderan con su inteligencia supina el buen comportamiento de un feligrés, ese retoño que a los treinta y tres años y tres días será la mitad de hombre en la duplicación de unos instintos animales vagamente relacionados con la ocasión que se le presenta en forma de pastor alcoholizado por el tinto de su propia
cosecha.
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Relato

Carrusel de historietas

Por , en 21 de octubre de 2008

Una tarde tuve un momento para mí,
En esa sensación egoísta y permisible
El murmullo de la multitud ensordecía mis sentidos,
Sin saber que escuchaba me detuve.
Mirando como suelo hacerlo,
En silencio, sin preguntas, sin respuestas sensatas
Sencillamente observando.

Todo de repente era nada,
Nada en nuestros pensamientos y anhelos
Viéndolos de cerca me hastiaban,
Un niño con problemas en su interior,
No hablaba, caminaba de un lado a otro,
Le miraba quizás buscando entender su propósito en este carrusel,
Miles de ideas cruzaron y sin querer me descuide.

Descuide mis sueños viendo los impropios
Mis deseos íntimos se esfumaban
Anhelaba solo lápiz y papel…
Esta insistencia de contarlo todo
Sin saber muy bien que.

Suspirando, mirando,
Deseando tan solo un lápiz y un papel.

Leyendo en las miradas las frases a escribir
Sentí el ímpetu de mi corazón,
La frescura de escuchar relatos en este circulo
En este tiempo
Queriendo exponerlos con la sensación que me dejan.

No camine de un lado a otro,
Me asenté…
Me miraba a mi misma buscando entender
Estos minutos, estas horas dentro de melodías musicales
Miles de ideas cruzaron, y me centre en aquel carrusel
El murmullo, las palabras incomprendidas
Sencillamente observando.

Miles de emociones me llenaban,
No me hastiaban pero definitivamente me encontraban.
Mi impulso de tener aunque sea una vez
Tan solo lápiz y papel.

Autor: Iris Hidalgo

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