Entradas de octubre de 2008

Relato

Desinformación

Por , en 31 de octubre de 2008

DESINFORMACIÓN

© OSCAR SALATINO

El tiempo transcurre tan lentamente cuando no contamos con referencias que lo que dura un siglo nos puede parecer un segundo o viceversa…y ya habían pasado muchos años desde la última vez que él había abierto sus ojos al mundo.
Un nuevo despertar y la esperanza de una nueva vida, la número…, ya ni siquiera recordaba cuántas y cómo habían sido, pero estaba seguro que habían sido muy buenas.
De repente sintió como si en su cerebro quisiera encenderse una pequeña luz y sonrió marcando en su ajado rostro un rictus que parecía de disgusto.
Una vez más recorrió sus resecos labios con la punta de la lengua con la secreta esperanza de encontrar algún resabio de… algo que ni siquiera recordaba pero que instintivamente le hacía salivar, como si fuera un manjar tanto tiempo deseado. Su estómago gruñó como uno de aquellos mastines que supo tener cuando… ya ni siquiera podía recordarlo. Tanto era su apetito que borraba de su memoria recuerdos que tendrían que resultar imborrables, por lo menos para alguien de su especie, una especie destinada a… tampoco recordaba eso.
La acuciante necesidad lo obligó a levantarse casi con desesperación. Su osamenta, tan vieja casi como la ciudad en la que se encontraba, crujió cuando trató de mantenerse erguido. Los síntomas de la descalcificación eran inconfundibles y se estremeció al sentir el escalofrío corriéndole por la huesuda y encorvada espalda.
Los sordos crujidos de sus articulaciones mientras trataba de enderezarse le hicieron recordar que una fractura significaría el fin, un fin que parecía no llegar nunca, y que inconscientemente, era tan temido como deseado. Un rato más tarde conseguía recuperar el control de su cuerpo. Un suspiro de alivio escapó de su boca y junto con el sonido llegó hasta sus fosas nasales la fetidez de su aliento. Aunque acostumbrado a ella su huesuda nariz se arrugó en muestra de disgusto.
Un disgusto que desapareció cuando sus legañosos ojos se alzaron hacia el ventiluz para descubrir la creciente y para él bienhechora oscuridad.
Tras una nueva inspección a su vestimenta -por cierto bastante pasada de moda- se sacudió unas imaginarias motas de polvo de las hombreras de la chaqueta antes de enfilar hacia lo que parecía la puerta de lo que había constituido su refugio durante… no podía recordarlo.
A medida que se internaba en los oscuros callejones, el fresco aire de la noche pareció revitalizarlo y sus pasos se fueron haciendo más firmes a medida que se internaba en ellos. La ciudad no le resultaba totalmente desconocida, pero a lo largo de tanto tiempo había andado tanto que había perdido la cuenta de cuál era el mejor sitio para encontrar alimento. Los sonidos de la vida nocturna aguzaron sus sentidos y sus labios volvieron a sonreírle a esa nueva vida que acababa de comenzar.
Estaba tan absorto en sus pensamientos que el insulto del automovilista que estuvo a punto de atropellarlo le provocó una desasosiego tan profundo como su historia misma, esa que le costaba tanto recordar. Sus oídos, acostumbrados al silencio, recogieron esas palabras que sonaban duras y su proceso cognitivo demoró algunos minutos en descifrar el mensaje. Aunque el idioma no le resultaba desconocido tuvo que esforzarse para recordarlo. Las palabras repetidas en forma de susurros y sus peculiares sonidos fueron creando imágenes que desfilaron por su mente recomponiendo conocimientos ya casi olvidados.
Sacudiendo la cabeza como si intentara despejarla continuó andando, aunque ahora prestando mucha más atención a todo lo que sucedía a su alrededor. Aquí y allá se oían risas gozosas, discusiones, gritos alarmantes de los vendedores de baratijas y un sinfín de sonidos que abriéndose paso en su mente lo llevaron a otras épocas, a otros sitios, a otras… ¿vidas?
Los músculos de sus piernas, aunque ajados por el paso inclemente del tiempo comenzaron a recuperar la elasticidad y sus pasos se volvieron metódicos a medida que devoraban una distancia que no tenía realmente importancia, por lo menos en la medida en que le interesaba al resto de los mortales.

Una mueca de disgusto se dibujó en su rostro al pensar en ello, realmente ya era algo que lo tenía sin cuidado. Mortalidad, inmortalidad, vida, juventud, pasión, ya todo le resultaba igual, en esos momentos lo único que le interesaba era saciar su apetito, un apetito que crecía a cada instante. Un apetito insano, desaforado, hasta pantagruélico, pero apetito al fin.
Las luces con sus caleidoscopios de colores lo aturdieron y cerró los ojos mientras retrocedía a la oscuridad que al cubrirlo parecía revitalizarlo. Un nuevo intento y un nuevo retroceso, hasta que su estómago volvió a recordarle su necesidad.
Un paredón medio derruido le facilitó la entrada a lo que parecía un caserón antiguo del que le llegaba el aroma de su alimento preferido. Su ansiedad le hizo olvidar las precauciones y de pronto se encontró frente a un perro de raza desconocida pero con una amenazante sonrisa llena de afilados colmillos que le gruñía de una manera inconfundible.
Sus largas y descuidadas uñas produjeron un desagradable chasquido que hicieron que el animal alzara sus orejas en señal de alerta.
Rió por lo bajo, un sonido sordo punteado con una aguda tos repentina. Un sonido espeluznante.
El perro agachó las orejas mientras cerraba sus belfos e inclinaba la cabeza ante ese poder que emanaba de lo que parecía un hombre muy anciano, y luego presintiendo su necesidad lo guió hacia una puerta lateral que permanecía entreabierta. La lámpara encendida en un rincón de la enorme habitación desparramaba suficiente claridad para hacerle saber que esa noche podía darse ese banquete que hacía tanto tiempo anhelaba.
Días más tarde encontraron lo que quedaba de su cuerpo junto al del perro, éste último como un cachorro acurrucado entre los huesos de sus brazos.
El misterio todavía no fue resuelto y hasta el día de hoy -casi cinco años después-, las autoridades policiales continúan investigando la muerte por desangrado total de seis enfermos de sida en su etapa terminal y el caso se ha convertido en un clásico de análisis para los estudiantes de criminología.
Porque… y aunque parezca mentira, a nadie se le ocurrió que la desinformación puede ser mortal, hasta para el último de los vampiros.

Autor: DESINFORMACIÓN

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Relato

Tarde de cine

Por , en 30 de octubre de 2008

TARDE DE CINE
© OSCAR SALATINO

Tarde de frío, lluvia finita pero tan helada que parece calarte hasta los huesos. Hacía más o menos una semana que mi marido había decidido cambiarme por un modelo más nuevo. Nuevo en años, pero seguramente no en kilometraje. En realidad todavía no sabía como sentirme: ¿deprimida?, ¿alegre?, ¿aliviada? o ¿apesadumbrada? La procesión todavía no había empezado y como estaban planteadas las cosas no quería pensar para nada en eso. El análisis profundo al que debía haberme sometido parecía esquivarme y sus razones tendría. En esas 168 horas de lo que consideraba una segunda oportunidad en mi vida no estaba dispuesta a perder el tiempo analizándolo.
Cuarenta y cinco con la apariencia de 38 –al menos eso era lo que me dicen mis amigas- alguna arruguita rebelde y unos pocos centímetros de más en mi cintura que me había prometido bajar con algunas sesiones de gimnasia que nunca me decidía a comenzar. Sin considerarme una mujer fatal puedo asegurar que mi vida se desarrolló dentro de los visos de normalidad para mi época, madre rígida en cuanto a las amistades masculinas y padre que se limitaba a asentir cada vez que mi vieja defenestraba a algún candidato con el que me veía más embalada que de costumbre. No era cuestión que la “nena” diera el mal paso y el honor de la familia quedara mancillado con un casamiento de apuro. Conociendo a mis tías y demás parientes, algunos lejanos, pero cercanos para ese tipo de acontecimientos, no me extrañaría en absoluto que se ufanaran en complicados cálculos trigonométricos para demostrar que la boda de la más chica de la familia obedeciera a razones “non sanctas”. Quizás por eso cuando apareció Ricardo en mi vida –pariente lejano de uno de mis parientes lejanos- mi vieja suspiró satisfecha. Con su comprobable “pedigrí” la familia podía respirar tranquila y el cerco tendido a mi alrededor comenzó a aflojarse. Cuando dos años más tarde anunciamos el compromiso pareció que mi vida estaba encaminada, al menos eso creyeron todos, yo incluida.
La noche de bodas no resultó como lo esperaba, en realidad no sé que era lo que esperaba, pero seguramente no lo que sucedió. Ricardo, tan gentil y caballero –me abría la puerta de los taxis y me acercaba la silla cuando cenábamos afuera- pareció transformarse en una bestia apenas nos quedamos solos en el cuarto de hotel. Mi “limitada experiencia” quedó desbordada y no me quedó más que aceptar lo que sucedió a continuación. FRUSTRADA, NO PUDE EVITAR SENTIRME REALMENTE FRUSTRADA cuando “todo terminó” y se durmió sin siquiera darme las buenas noches. Aunque durante la luna de miel “mejoró un poco” nunca llegó a cubrir las expectativas románticas que mi mente había hecho germinar durante los últimos meses. Al mal tiempo buena cara solían decir, así que cuando regresamos y comenzamos nuestra vida en común traté de convencerme de que las cosas tenían que ser de esa manera y acepté mi karma. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses y Ricardito como le dice mi mamá continúa resultando para el entorno el solícito marido que se desvive por mí. En realidad no creo que actúe como actúa porque sea un mal tipo, supongo que debe ser una cuestión genética, ya que es una réplica casi exacta de su padre, el tipo más bestia que llegué a conocer en toda mi vida.
Hijos no tuvimos, y nunca pude saber si la cuestión pasaba por él o por mí, porque ante la menor sugerencia de realizar un estudio de fertilidad su machismo innato y mal entendido afloraba como un volcán en erupción y como no quería llevar las cosas a mayores terminé por olvidarme del tema, para siempre.
Fueron 25 años de algún tipo de indiferencia que todavía no puedo definir, tardes de domingo de fútbol y salidas con amigos a los que nunca pude conocer. Horas extras que lo agotaban a tal punto que cuando llegaba a casa se duchaba, cenaba y se acostaba a dormir como si no existiera otra cosa en el mundo para una “feliz pareja”. Hasta que un día todo se terminó.
-Esto no va más, yo no puedo vivir de esta manera, bla, bla, bla, bla…
Lo miré como si en realidad estuviera hablando con otra persona, porque lo único que podía inferir de su parrafada –más palabras de las que había intercambiado conmigo durante un cuarto de siglo- era que TODA LA RESPONSABILIDAD DEL FRACASO era absolutamente mía y nada más.
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Relato

El viaje

Por , en 29 de octubre de 2008

EL VIAJE
© OSCAR SALATINO
Estamos a mitad del otoño, mi estación preferida.
Es un día claro y respiro hondo para llenar mi pecho con el aire frío que entra por la ventana que olvidé cerrar.
Entre las sombras alcanzo a distinguir los menudos cuerpos de los pájaros que comienzan a moverse dentro de sus nidos, aunque todavía esté oscuro.
Una línea de luz comienza a marcar el horizonte cuando alzo mi vista hacia él.
La natural impaciencia provocada por el viaje inminente me ha hecho abandonar la cama más temprano que de costumbre, y como tantas otras veces, ni siquiera enciendo la luz para llegar a la cocina a prepararme ese café que alejará las brumas del sueño que ya no fue y que nunca será.
Algo parece pesarme en la frente y al frotármela descubro alguna que otra nueva arruga. Río en silencio, al menos eso es lo que creo.
Con la taza en la mano me dirijo a mi estudio. El olor entremezclado de cuero ajado y madera encerada se mezcla con ese tufillo especial de los libros de páginas amarillentas que he releído una y mil veces, y esa conjunción de aromas se abre paso hasta mis neuronas insuflándoles vida.
Suspiro profundamente antes de que mi trasero, encaje, tal vez por millonésima vez, y en forma perfecta, en la huella que se ha creado en el asiento del viejo sillón a lo largo de todos estos años.
Desde que comenzó este tan particular día de otoño, siento que ha llegado el momento en que puedo comenzar a relajarme.
Revuelvo el montón de papeles buscando esa lista de asuntos pendientes que nunca puedo completar, seguramente porque no son temas importantes, y por lo tanto no tienen ningún tipo de prioridad.
Le echo una mirada al reloj y me sorprende la velocidad con que ha pasado el tiempo y yo todavía sin terminar de prepararme para el viaje.
Bebo el ultimo sorbo del café, y aunque ya está frío, las gotas del oscuro brebaje me producen tanto placer como el primer trago. Comienzo a levantarme cuando noto que el contenido del portalápices está desordenado.
Rezongo contra mí mismo mientras pongo un poco de orden.
Adelante los lápices de madera con sus minas de grafito, un poco más allá alguna fibra de color para resaltar o tachar en forma indeclinable ese párrafo que parece salido de una historia que yo no puedo haber escrito jamás.
La estilográfica siempre a mi derecha, aunque antes de colocarla en su sitio reviso que su carga de tinta esté completa.
Finalmente alineo el anotador que utilizo para plasmar en lo que parecen garabatos, según mi hijo, mis ideas para algún próximo libro. No sé por qué, pero siempre hay una historia rondando mi mente
Parado junto a mi escritorio de persiana, una verdadera antigüedad por la que si mal no recuerdo pagué una pequeña fortuna –para qué sirve el dinero sino para gastarlo-, reviso todo una vez más para cerciorarme de que no dejé nada fuera de lugar.
Todavía consigo rescatar unas últimas gotas de café de mí casi olvidada taza mientras me dirijo a la cocina.
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Policíaca

A sangre fría

Por , en 28 de octubre de 2008

A SANGRE FRÍA
© OSCAR SALATINO

El día era insoportablemente caluroso, y el efecto invernadero se hacía sentir con demasiada intensidad para ignorarlo. La ignorancia y la insensible estupidez de aquellos que continuaban talando la selva amazónica con el pretexto de abrir caminos para la civilización estaban consiguiendo exactamente todo lo contrario y nos estaban destruyendo a todos.
Los gobiernos títeres del hemisferio sur continuaban demasiado inmersos en sus propios y pecuniarios interés para ocuparse de la ecología y ni siquiera pensaban en sus descendientes, ya que estos hijos y nietos de la corrupción ni siquiera tendrían oportunidad de poder disfrutar de tan mal habido dinero.
Aquel día llevaba mi chaqueta en la mano, pues ya no soportaba su peso sobre mi cuerpo. Me desempeñaba en una repartición estatal, y no era bien visto que fuera a trabajar sin ella, aunque la temperatura rondara los 40 grados centígrados, algo que ni siquiera los vetustos equipos de aire acondicionado conseguían mitigar medianamente.
Cuando abrí la puerta del departamento me recibió la vaharada de calor sofocante. No podía quejarme, y si lo hacía para que alguien se apiadara de mí tampoco serviría de nada pues vivía sola. Aquellas que viven solas me van a comprender sin más explicaciones.
Dejé la chaqueta en el perchero y mientras me dirigía al dormitorio, tan minúsculo como el resto del departamento, me quité la blusa empapada en transpiración que se me pegaba al cuerpo. Buscando un poco de aire abrí la ventana que daba casi sobre la medianera del edificio vecino, un edificio un poco más viejo que el que yo habitaba, es decir con una antigüedad que rondaba siete décadas.
El reflejo del sol sobre la pared no alcanzó a deslumbrarme porque en el apuro por sacarme la ropa, aún conservaba puestos los anteojos de sol, unas gafas que habían conocido mejores épocas y que tendrían que continuar desempeñando su función hasta tanto y cuanto pudiera reemplazarlas por algunas mas modernas. Pero ahora eso podía esperar, tenía otras urgencias para cubrir y las gafas no representaban ninguna prioridad.
Terminada la aliviante tarea de desvestirme, acomodé la ropa que me tenía que volver a poner al otro día y enfilé hacia el cuarto de baño. Las cañerías comenzaron a dejar a escuchar su característico crujido cuando abrí las llaves del agua. El chorrito marrón fue desapareciendo para dar paso a otro chorrito agonizante pero esa vez de agua limpia. Mientras aguardaba a que la bañera se llenara, tenía tiempo suficiente para prepararme un café y aproveché plenamente aquellos segundos de paz.
Volví con el jarro de café al baño, el agua había llegado a un nivel bastante aceptable. El agua parecía tan caliente como el resto del ambiente, pero unos segundos después comencé a sentir el alivio que tanto había buscado. La verdad que después de un día tan difícil como el que había pasado, necesitaba ese descanso como algo impensable. Dejé el jarro sobre el borde de la bañera y traté de relajarme, y después de unos minutos lo conseguí aunque a medias. El primer sorbo me supo a gloria y después de la primer pitada al cigarrillo me supo todavía mucho mejor.
Extendí el brazo izquierdo para encender la radio y la melodía de un programa de música tranquila inundó el ambiente. Todo parecía de maravillas y disfruté los siguientes minutos de mi tan preciada soledad, hasta que lo vi asomándose a la ventana.
El odio, uno tan recalcitrante que bastaba para encenderme la sangre a niveles insospechados hizo presa en mi. Traté de ignorarlo, pero sus ojos parecían fijos en los míos atento a cada uno de mis movimientos. Siempre odié a los mirones y ese era uno de los más persistentes.
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Terror

Dagon

Por , en 28 de octubre de 2008

Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré a la sórdida calle de abajo desde esta ventana de la buhardilla. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas páginas garabateadas apresuradamente, quizá se hagan idea —aunque no del todo— de por qué tengo que buscar el olvido o la muerte.

En una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico el paquebote en el que iba yo de sobrecargo fue apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido en la degradación que luego alcanzaron; así que nuestro buque fue capturado de manera legal, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración que se deben a los prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo.

Cuando por fin me encontré libre y a la deriva, tenía muy poca idea de dónde me hallaba. Navegante poco experto, sólo sabía calcular de manera muy vaga, por el sol y las estrellas, que estaba algo al sur del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitud y no se divisaba isla ni costa algunas. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegué sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pasara algún barco, o de que las olas me arrojaran a alguna región habitable. Pero no aparecían ni barcos ni tierra, y empecé a desesperar en mi soledad, en medio de aquella ondulante e ininterrumpida inmensidad azul.

El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a conocer los pormenores; porque mi sueño, aunque poblado de pesadillas, fue no tuvo interrupciones. Cuando por fin desperté, descubrí que me encontraba hundido a medias en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a mi alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual se había adentrado mi bote cierto trecho.

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Relato

Perdi el amor de mi vida

Por , en 27 de octubre de 2008

La conocia desde muy niños las visitas con mis abuelos eran grandiosas y ella vivia ahi justo enfrente de la casa de mi abuelo, era la menor de 6 hermanas y sin duda la mas cuidada de su familia, no pasabamos mucho tiempo juntos pues me encantaba correr tras un balon y ella como jugaba con sus hermanas a los tipicos juegos de niñas, corrio el tiempo y las visitas al abuelo eran mas esporadicas, los nuevos amigos y la lejania de mi hogar practimante terminaron con el poco contacto que teniamos, hasta que la desgracia se poso en mi familia, eramos 3 hermanos (2 mujeres y un varòn) y mi padre fallecio justo cuando terminaba la primaria y tuvimos que ir a vivir con mis abuelos, me sentia desolado, todos mis amigos se quedaban muy lejos y comenzaba otra vez de cero, buscar socializar con gente nueva y sin tu padre a lado es lo mas duro de la vida a esa edad, entre a un secundario a tres calles de la casa de mis abuelos, el primer grado no me trajo ningun amigo nuevo yo me sentia separado de los demas, alguien extraño que solo veia el reloj para que terminaran las clases y salir corriendo a casa y refugiarme ahi.

El segundo año entro ella, un año menor que yo ingresaba a la secundaria a primer grado con una gran seguridad, una de sus hermanas ya cursaba el tercer año y le cuidaria las espaldas y tenia un monton de amigas que acarreaba de la primaria, fue entonces que mis ojos quedaron cautivados, la deje de ver como una amiga y esa sensacion de la que tanto hablan cuando se enamoran la comence a sentir.

Estaba perdidamente enamorado de mi vecina, la niña con la que jugaba y me divertia de vez en cuando de niño se estaba convirtiendo en una adolecente hermosa, fue entonces que me acerque a ella nuevamente, con el temor de echarlo a perder todo le ofreci de nueva cuenta mi amistad y revivir viejos tiempos, siempre fui muy aplicado en las matematicas materia en la que ella fallaba un poco y eso siempre me sirvio para estar cerca de ella, por mi maldito temor nunca pasamos de ser amigos.

Al graduarme de la secundaria y entrar a la preparatoria represento un retroceso de nueva cuenta, no coincidiamos en horarios y teniamos muy poco tiempo, entre amigos tareas y estudios se pasaban los dias, y lo peor vino cuando encontre un trabajo de medio tiempo para ayudar un poco en la casa, de lunes a viernes trabajaba medio tiempo el cual reponia el sabado y domingo, nunca pense en mi ni en lo que dejaba de hacer cuando me dieron el empleo lo unico que pensaba era en que podia ayudar un poco a mi madre.

Ya tenia 17 años cuando tube de nueva cuenta la oportunidad de confesarle mi amor y todo lo que sentia y que habia guardado desde hacia ya 4 años, empezamos a salir como amigos, el cine y la neveria eran los lugares mas frecuentados, alguna banca en los parques cercanos servian para pasar horas admirandola y esperando perder el miedo de decirle cuanto la queria y todas las noches que soñaba con ella.
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Terror

Tenebrosía

Por , en 26 de octubre de 2008

S.O.S:

Siento volar bajo el agua cada vez que buceo, es una sensación única, es obvio de saber que es lo que mas me gusta, pues el buceo es lo que practico en cuanto tengo tiempo libre y eso no es difícil de encontrar ya que siempre lo busco, a parte de eso incluso en ocasiones el buceo entra dentro de mi vida profesional.

Hay algo que quiero narrar, pero antes: ¿Nunca nadie se ha preguntado de donde pueden venir esas historias y películas misteriosas fantasmales y siniestras? Creo que puedo contestar a esto y por supuesto lo aré.

Todo fue aquella mañana de Agosto cuando cogí mi barco y me dirigí lejos de la costa, aún recuerdo el canto de las gaviotas y la brisa del mar, la esencia de la espuma del mar que sentí antes de sumergirme en el mar con mi traje de buceo. Disfrutaba de la compañía junto a los peces, son unos animales realmente impresionantes, lejanos a nuestro entorno de vida y a la vez tan cerca de nuestra vida, es como si viviesen en una clase de mundo diferente. Durante esas dos horas de oxigeno de las que disponía era libre del mundo terrestre, en el desafiaba la gravedad, volaba por donde me complacía junto las criaturas submarinas. Mientras disfrutaba y paseaba por tal paisaje de algas y rocas en un entorno sumergido encontré un barco que desde su momento llegó a formar parte de las profundidades. No era la primera vez que encontraba un buque sumergido, incluso en una ocasión encontré un cadáver, fue una de esas ocasiones en las que el buceo tenía un sentido profesional. Me dirigí hacia la nave para explorarla, haber si encontraba algo interesante o útil, a veces se puede encontrar herramientas de utilidad. Realmente encontré algo interesante.

Es increíble lo que sucedió, cuando entré en la cabina del capitán se produjo un temblor, lo primero que me vino en mente fue la posibilidad de que se produjera un maremoto, caso en que estaría en un gran peligro, sin embargo nosé si en ese momento hubiese preferido que fuese un maremoto al darme cuenta de lo que realmente sucedía, incluso ahora nosé que lección tomaría si me diesen a elegir, pues el barco hundido en el que me encontraba estaba dirigiéndose hacia la superficie. Me asomé a la cubierta desde la cabina del capitán contemplé esqueletos trabajando cada uno en su puesto. En ese momento la mano esquelética del capitán se apoyó en mi hombre mientras este soltaba unas maléficas y resonantes carcajadas que salían de esas mandíbulas marcadas. Tenía un ojo de cristal y en el otro lado un gusano. En cuestión de segundos en que pasase todo esto concluí desmayándome.

Cuando desperté había oscurecido completamente, yo estaba en un bote no muy lejos de la costa, no obstante no reconocía esa costa. El bote disponía de un remo, así que me dirigí hacia la orilla, no muy lejos había un faro, cosa que decidí ir a el para pedir ayuda al farero. No comprendía lo que me había pasado, no se si fue algun tipo de delirio por falta de oxigeno y me desmayé y allí he acabado, pero no tiene sentido, porqué ¿como había llegado asta el bote? No he podido estar tantas horas inconsciente sin que fuese algo grave, y no parece k haya sido nada por el estilo. Pero en caso que nada de eso pasara significaría que es cierto lo que había visto, pero ¿Cómo es posible? Mientras pensaba todo esto a lo lejos pude ver un grupo de personas, me dirigí a paso ligero para al menos saber donde dónde estaba. Estos tambien se empezaron a dirigir hacia mi, pero mas rápidamente, cuando los tenía a pocos metros de mi obtuve la respuesta a mis preguntas. Eran un grupo de esqueletos con ropajes estilo punk, daban vueltas y saltos a mí alrededor mientras soltaban unas risas agudas y desesperantes. Corrí aprisa y con desesperación hacia el faro mientras corría podía observar semejantes cosas, era como estar en una atracción del terror, pero mas realista, como estar dentro de una película de hombres lobo, el paisaje de mi alrededor se trataba de arboles secos y rodeados de niebla mientras fantasmas e imágenes espectrales paseaban entre ellos y a mi alrededor, no paré ni un solo segundo de correr, aunque mientras corría pude ver el contraste en el que estaba, pues estaba corriendo por medio de un bosque cuando a pocos metros a mi derecha podía ver el horizonte del mar y la luna llena iluminar el mar. Luego giré la mirada hacia mi izquierda y podía ver en la cima de una montaña una manada de lobos aullando bajo la luz de la luna la cual los iluminaba. Así es, había dos lunas.
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Relato

Sobre sueños, amor y realidades

Por , en 25 de octubre de 2008

Mi mirada perdida observaba algún punto de mi habitación, claro que no era un estante o un póster lo que yo veía. Mi atención había traspasado las fronteras de mi cuarto. Semi dormido mis ojos se cerraban, hasta que me encontré en un sitio lejano, cerca de unas cordilleras, caminando a orillas de un lago rodeado por bosques de araucarias.
Imaginé las más hermosas puestas de sol, un aire puro y fresco entrando en mis pulmones. Sentí la rigurosidad de la arena en mis pies descalzos al caminar por la orilla de aquel lago.
Caminé hasta que la pude ver, sentada sobre un viejo tronco semienterrado en la arena. Imaginé sus pensamientos, su tristeza
y su eterna búsqueda de amor, igual a la mía.
Me acerque a ella e imaginé nuestro encuentro, donde no hubo palabras, donde solo hizo falta mirarnos a los ojos para saber que siempre nos habíamos buscado. Imaginé ese beso lleno de amor, ese abrazo desesperado y esa paz enorme que sentía al encontrarla… ya para entonces mi sueño era profundo… y en este acaricié su rostro y amé cada una de sus facciones, roce sus labios con mis dedos y quise besarla nuevamente.
Sentí que sus manos intentaban apartarme -¿Qué sucede le pregunte?
Ella: – Debo irme, aún no es el momento -Me contesto, casi como un susurro.
Yo: – Te amo, te necesito.- Le supliqué que se quedase.
Con lágrimas en los ojos me contestó.
Ella: -Yo también te necesito a ti, esto es solamente un sueño en que ambos nos hemos encontrado. Pero no te preocupes el destino nos volverá a reunir. No te olvides que esto es solo un sueño. Pero ambos existimos, pero de formas diferentes.
Llorando se echó a correr.
Grité con desesperación.
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Relato

El límite

Por , en 24 de octubre de 2008

Esta es la historia de un hombre, como tantos otros. No tiene importancia ni su nombre ni su edad, de nada serviría decírselos.
Es un hombre que conoció el límite, ese límite que nos separa de este mundo y ese otro que llaman locura. ¿Pero realmente será locura, quiénes somos realmente los locos? .Serán personas capaces de ver mas allá de ésta mediocre realidad que nos circunda. Algunos de nosotros, los que nos llamamos personas cuerdas, ¿ pudieron conocer ese mundo que ellos pueden percibir…?
Yo no los juzgo, yo también fui un escéptico, yo también me cerraba a ese lado de la realidad, hasta que lo conocí a él. Lo recuerdo aún hoy, parado frente a mí, con sus ojos fijos en la nada, esperando quien sabe qué.
Llovía con una garúa helada, con ese frío que llega hasta el alma. Pero él parecía no sentirlo.
Yo solo aguardaba el colectivo 178, ese que esperaba con ansias desesperada, por el pavor que me daba esa noche de llovizna helada. Él en cambio no parecía esperar nada, con su rostro casi inexpresivo y sus ojos sin vida que parecían nunca parpadear.
Llevaba puesto un gamulan hasta las rodillas. Su figura espectral comenzó a inquietarme, sentí que se me erizaba la piel. Y el cómo conociendo mi temor, me habló.
EL: Perdona que te aborde de esta manera. Pero no es a mí a quien debes temer, sino a ellos.
Su voz no fue nada tranquilizadora, me quedé sin habla, no pude responderle, no comprendía en ese momento lo que me estaba sucediendo. Veia en el algo desconocido, como fuera de este mundo.
Su voz, casi como un murmullo, volvió a replicarme.
EL: Ya te he dicho, no es a mí a quien debes temer, sino a ellos.
Junté valor y le respondí con dureza.
YO: No lo comprendo, usted habla de temores Y yo no les temo, a quienes usted llama ellos. Yo solo aguardo mi colectivo, el cual ya no debe demorar demasiado.
EL: Es que tú sigues sin entender, ese colectivo que tu esperas no vendrá al menos esta noche. Aún te resta mucho por conocer.
YO: ¿conocer, qué es lo que debo conocer?
EL: De la vida, de otras vidas, de las que aún no te han sido develadas a ti, ni a muchos como tú. Eres uno de los tantos elegidos, entiendes ahora, debes conocer y contar esta historia, tu historia. La que otros como tú la conocieron y no se han atrevido a contarla.
YO: sigo sin entender, tu me pides que viva otras vidas en esta noche. Como podría yo vivir otras vidas en una sola noche.
EL: Es que esta no es una noche usual, esta noche durará lo que ellos decidan.
YO: ¿pero quiénes son ellos?
EL: Ellos lo son todo, o prácticamente todo, al menos en estas realidades alternas.
Seguí sin poder comprender esta conversación que me parecía cada vez mas fuera de este mundo.
EL: Sigues confuso, no te aflijas. La noche durará hasta que tu comprendas.
YO: ¿La noche durará hasta que yo comprenda, cómo es eso posible ?
El: No te preocupes yo te guiaré. Trataré de que sea lo mas simple para ti, esa es mi tarea en esta realidad. Pero depende mucho de ti, debes comprender que debes tratar de cambiar tu interior. Yo solo soy un emisario de los ellos. Ellos me guiaron hacia ti. Ahora estamos solos en este trecho del camino. Yo te guiaré, pero depende mucho de ti. Siento que eres un buen elegido, tu alma está prácticamente sin maldad, pero aun hay impurezas que depurar.
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Relato

Sentimientos comunes

Por , en 23 de octubre de 2008

Mi mente está cerrada al egoísmo, mi corazón no deja entrar al desprecio. Surcan crepúsculos de cielos

negros en el mundo de los ordinarios. Logro de la miseria de sus almas, desiertos de llantos en sus mentes,

sus almas simplemente ya no sienten.

Y ustedes….?

Han apartado a ese chico en el fondo del salón. El escucha y siente igual que todos. Le han gritado y

arrojado cosas. El solo sabe llorar en su interior.

Le hacen creer que el es el peor, lo hieren sus palabras. Se siente inferior, y el recién comienza a vivir. Es

un niño, casi un bebé. Se cree un pecador, cuando todos pecan en contra suya.

Se mofan de él, algunos se compadecen y para otros solo les es indiferente.

De el se ríen, sin él no tendrían su estúpida diversión.

Se echó a llorar y tuvo que crear su propio mundo. Ese silencio perturbador nuevamente, ha callado para

oírlo; son tantas las voces que hablan, ninguna hacia el. En ese mundo se encontró solo.

Si supieran todo el amor que hay encerrado en ese niño, si supieran lo indefenso que está. El desea decirlo,

su interior grita desgarrado, pero su vos no lo repite .

Tiene miedo, está asustado ¿Qué le han hecho a ese niño? ¡¡¡¡Que le han hecho¡¡¡¡

Pero uno fue diferente, el no se apartó, permitió un pequeño cambio en su mundo interior.

Se sentó a su lado, comprendió el daño que le causaban, no fue indiferente. El le habló, solo eso, le habló…

Ya no volvería a ser el mismo, ya no volvería a ser igual. Pero bastó uno solo para hacerlo feliz .

Y tú … ?

Crees que tu hijo no sabe lo que es el amor, crees que es cuestión de edad. No busques explicación lógica,

solo los idiotas creen que el amor tiene explicación. Como prohibirle el derecho de amar y ser amado.

Acaso quieres que el no sea feliz. O simplemente crees que esa persona no es suficiente para el. Es

demasiado gorda, flaca tal vez? Ha teñido su pelo y eso no te agrada? Cree en cosas que tu no crees? Ya

sé, no ha logrado terminar sus estudios? Pero has pensado el porque? Tuvo que trabajar para vivir,

no se le brindó una oportunidad.

No te repliegues ante tu verdad, escucha la del otro, de ella también aprenderás. Oirás mil historias,

todas diferentes, de todas ellas aprenderás .

Tú también le cerraras las puertas, creo que no. Se que al fin lo entenderás.

Y tú … ?

Has realizado muchos ejercicios. Tú cuerpo ha crecido, tus músculos se han endurecido. ¿A tú alma le ha

sucedido lo mismo?

No dejaras entrar a ese muchacho por no gustarte su ropa. No está a tú moda… ?

No dejaras entrar a ese muchacho por ser trigueño. No hace juego con tú bronceado… ?

Lo mirarás con desprecio, por no tener tu mismo color de piel… ?

Te ha hablado y has escuchado su acento. No lo dejaras entrar porque no se parece a tu vulgar dialecto

Moderno…?

No rechaces por no ser como tu, el no quiere ser igual.

Te creías un superhombre, te creías un semidiós. Tu cara bonita y tu cuerpo escultural.

Discriminaras por sentirte superior, lo harás? crees en realidad ser mejor ?

El te ve como a cualquier otro, tú lo ves inferior. Pobre, si hubieras comprendido, nadie es mejor, nadie

es peor . Solo somos diferentes.

Si volvieras a pensar y a sentir con el corazón . Entonces comprenderías.

Solo uno de ellos, a quien tu habías apartado, te haría feliz.

Y tú … ? que nos has quitado .

¿No te agobia tu mundo? Arqueas la mirada ante la miseria, tu miseria. Creíste ser el Mesías. Muchos te

creyeron, muchos se engañaron , hubo solo quienes te eligieron .

Pasó tanto y no lo veías, te cegaba tu vanidad de demonio. Lo sé, no fuiste solo tú, te antecedieron tantos.

Qué sucedió?, no los viste pasar?, no viste todo su mal ?

Pobre de ti, que lo único que tienes es dinero. Pobre de nosotros, que tu dinero nos gobierna.

Mira a ese niño, pide una madre. Mira a su madre, desea que el regrese a su lado. Siéntete humano, siéntete

feliz. Mata tu pasado y cambia el presente .No te atreves a ver tu interior, te aterra ese demonio.

¿alimentaras esa bestia hasta el final ?

Darías lo que fuera por un poco de amor. Volverías a amar si alguna vez hubieras

amado. La vida es una hoja en blanco, nada está escrito.

Pero ahora … qué esperas ? La muerte no te dará consuelo, la vida no te dará respiro.

Piensas volver y ser igual. No lo digas, ya no mas. Ahora tienes que cambiar, tienes que hacerlo.

Partirás en esa dirección, recorrerás ese sendero, rozaras muchos cuerpos. Te observaran esos rostros,

sentirás miedo y arrepentimiento . Entonces despertaras y lo harás.

Tomaras sus manos, veras sus llagas, sentirás lo que han sufrido por tu egoísmo. Levantaras la cara y

veras sus ojos. No sentirás mas el temor, solo pensaras en abrazarlos, ellos no te rechazaran.

Habrás vencido a tu propio demonio, el ya no estará, no volverá

Quien discriminaría el amor de un niño, quien discriminaría el afecto de un joven. Robarles su felicidad

para oscurecer aun mas tu alma. No juegues con tu vida, no juegues con la de los otros. Le quitarás para

quedártelo?, si en realidad no lo necesitas .

Quién te diría la verdad, quién te la haría escuchar, quién te la haría entender? solo tu creíste poder.

Tú mirada no te asusta? Para qué has luchado, no ves que a ti también te han lastimado. Piensa en tus

hijos, desearías qué sean discriminados ?

Estas marginado en tu propia soledad, creerás estar acompañado, cuando solo tu sombra sea la que te

escuche. Pedirás a gritos otra oportunidad . Para qué, podrás esta vez?

Acaso tú no fuiste un niño, no recuerdas tu infancia? Tu colegio, tus amigos. Se te cerraron las puertas, te

prohibieron crecer? ; viste tus sueños desvanecerse , antes de siquiera comenzar a soñar ? , pediste un

mendrugo de pan, cuando tu estomago no cesaba de hablar ? , preguntaste alguna vez por qué tú no tenías

hogar? , miraste aquel cartel , sin saber leer ?, miraste a través de ese cristal que te separaba del mundo de

los demás ? te sentiste detenido en el tiempo , cuando todo se movía vertiginosamente a tu alrededor ? .

! Ese niño , si¡ No tuvo la oportunidad de crecer . Cuál fue su culpa, cuál el porque?

Nunca lo pensaste, pero siempre lo supiste. Pasará vertiginosamente tu vida, no harás nada para evitarlo?

No te detendrás a pensar lo correcto, no te detendrás a realizarlo?

Estarás parado en una punta, mirando al mundo girar. Formarás esclavos de tu ejército? Lucharás

contra el enemigo, pero no lo distingues? , está en ti tu verdadero enemigo. No nos dictamines nuestro

camino, somos dignos de elegir .

Te creíste conocer, te mostraron quien eras en realidad. Te dolió, lo comprendiste al fin, eso te ayudó a

cambiar, eso lo hizo posible .

Veras que al final harás lo que sea para lograrlo. Te liberaras de tu propia opresión, la cual no te dejaba

amar. Entonces actuaras; no fingirás, no habrá ya a quien mentir. Te respetaran, sabrás respetar. Te

cortará el suspiro la sonrisa de un niño .

Oirás un quejido, será el del demonio, a quien habrás vencido. Tu egoísmo.

Serás tú, luego serán miles más. Veras que cada vez estas mas cerca y al fin lo lograrás.

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