Vayamos por donde vamos, tratemos de no perdernos, y si es así, que por lo
menos sea juntos…
Desde los tiempos en que no existía la noche ni el día, y que ninguna cosa
tenia sentido, había un predicador que recitaba sus prédicas hacia la nada,
ésta tan inmensa como el lugar en que habitaba.
Dedicaba su vida entera al recitar, esto lo hacia sonreír y disfrutar de sí
mismo. Hasta que en algún momento no se sabe por qué, decidió pensar y
escuchar los sonidos que lo acompañaban, esto lo llevó a dejar paso al dulce
silencio. Pero en sus momentos de descanso algo lo atormentaba y lo llevaba
a no comprender. En sus sueños veía un mundo muy distinto al suyo, había
mucha gente, gente sin alegría, que deambulaba sin sentido teniendo todo lo
que él nunca había tenido.
Entonces decidió empezar a recorrer el camino que se le presentaba en sus
sueños, hacia ese mundo tan lejano para poder comprender qué le sucedía a
esa gente a la que no entendía.
Después de caminar por bellos paisajes y detenerse a contemplar tan lindos
lugares, encontró una hermosa aldea donde vivía la gente que habitaba en sus
sueños. Fue recibido con mucho cariño y afecto, todos eran muy amables, era
como si ese lugar no fuera extraño para él. Volvió a recitar mientras le
prestaban mucha atención y pudo lograr ver la sonrisa en toda la gente. Nada
le faltaba y lograba que la gente se divirtiera con sus palabras. Comprendió
que esa gente necesitaba algo nuevo para poder ser feliz y por eso hasta su
llegada no tenían de qué disfrutar. Pero fueron pasando los días y ya nadie
lo escuchaba, deambulaba solo por la aldea como si no estuviera ahí para la
gente que volvió a entristecer sus miradas, hasta que al final decidió
despedirse con su última prédica de este mundo y volver de adonde él era.
Reunió a toda la gente del lugar y por última vez les pidió que lo
escucharan.
”Ya se nota que mis prédicas no sirven, nadie me escucha ni me entiende,
mi risa se transforma en amargura al paso del tiempo, comprendo que ya no
existo para ustedes. Pero algo, como siempre, queda. Mi aprendizaje nunca
termina, pienso cómo vivo, y mi corazón manda, por eso me he sentido perdido,
pero cumplí con mi risa porque fecundó su dios y los divirtió…¨

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