Entradas de marzo de 2008

Narrativa

Historia intrigante

Por , en 1 de marzo de 2008

Fueron estos mismos bosques oscuros y marchitos donde solía pasar la tarde de juego con unos cuantos amigos, caminamos a través de inmensos arboles cuya sombra mitigaba el castigo del sol en nuestra morena piel, el suelo estaba cubierto de una hermosa hierba verde que amortiguaba nuestras caídas y los recurrentes manzanos nos alimentaba

Una Noche de Verano
por A. González

Fueron estos mismos bosques oscuros y marchitos donde solía pasar la tarde de juego con unos cuantos amigos, caminamos a través de inmensos arboles cuya sombra mitigaba el castigo del sol en nuestra morena piel, el suelo estaba cubierto de una hermosa hierba verde que amortiguaba nuestras caídas y los recurrentes manzanos nos alimentaba nuestras agotadas fuerzas, todas las tardes la tierra se llenaba de las voces de decenas de niños revoloteando entre sus campos dónde cada paso era absorbido por el murmullo del río azulino que en pleno verano se convertía en lugar ideal para refrescar la calurosa tarde, sus cristalinas aguas emergían de entre las húmedas montañas del sur, donde en pleno invierno la neblina formaba un manto mágico entre sus copas, recorrían todo el bosque hasta llegar más allá del pueblo del Mistak al norte llenando de vida durante su camino las decenas de granjas de nuestros padres. Aún recuerdo muy bien como justo antes del atardecer las gotas de aguas que se liberaban en el ambiente por el riego de las plantas parecían brillar bajo el resplandor de millones de diamantes aquellas mágicas tierras en donde crecí.
Sin embargo aquella tarde en el bosque únicamente se oía el prodigioso silencioso de la naturaleza, los arboles estaban solos los laberintos no eran recorridos y el bramido del río no fue escuchado por nadie, pensé haber llegado demasiado tarde para el revuelo de la persecución en el campo y que tal vez se han dirigido al terreno de fútbol, sin perder instante corría tan rápido como puede entre los altos monumentos naturales bañado por la deliciosa sombra de sus hojas cuyo espectáculo de mil formas animaban mi camino, por cada paso que daba maldecía la mala suerte que me tocó ese día cuando mi padre por estar enfermo mi hermano mayor me encomendó ir hasta el pueblo del este a pie en busca de semillas la tarea me llevo casi todo el día, aún cuando apresure el paso lo más que pude, pues el camino era muy largo y para cuando por fin regrese ya el sol estaba más allá de la mitad de su viaje y su luz comenzaba a tornarse roja.
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