Verde que te quiero verde
Me había levantado temprano aquella mañana como ya era costumbre en mí. Me vestí en la penumbra de la habitación y salí sorteando a la gata, que caminaba entre mis piernas sigilosamente. La increpé con un cariñoso susurro y al llegar a la cocina atendí a sus maullidos, llenándole el plato de comida, atendí después a los ruegos de mi estómago vacío, con un zumo de naranja recién exprimida y un largo café. Retomé la lectura que siete horas antes, me había ayudado a conciliar el sueño, pero no lograba acaparar mi atención y mis pensamientos huían por entre los renglones. Me quité las gafas y las dejé sobre el libro abierto, encima de la mesa cuadrada del salón. Recorrí el dial del pequeño transistor acomodado en el bolsillo del pantalón, los cables de los auriculares alcanzaban las orejas por debajo del la sudadera. Me detuve cuando oí las voces de las divas ejecutando un hermoso y triste dueto. Me asome a la ventana, el día era gris y me invadió una profunda sensación de melancolía. Entonces recordé aquellos inmensos ojos verdes.
Me había detenido el día anterior en San Andrés para alquilar una película, en previsión del largo fin de semana que se presentaba. Tuve suerte y aparqué junto al video club. Se anunciaba repetidamente sobre el fondo azul, con letras amarillas, Boom, Boom.
Desde el otro lado del mostrador una joven atendió a mis demandas
_ ¿ señor, que desea?
_ Quisiera hacerme socio
_ ¿tiene su carné de identidad?
Se lo extendí, saco fotocopia, volvió.
_ ¿teléfono?
_ 93 etc. etc.
_ ¿móvil?
yo miraba su rostro, embelesado
_tengo que mirarlo, le dije mientras pensaba, para qué demonios les haría falta mi movil y me contestaba a mí mismo, que aquellos ojos podrían llamarme cuando quisieran. No lo harían. Se lo di.
_ ¿En qué año nació?
_ en el cincuenta y cuatro, - anteayer, pensé en voz alta
ella esbozó una leve sonrisa y su rostro se hizo infinitamente bello.
_ ¿Tiene vídeo?
_ Sí
_ ¿DVD?
_ Sí
_ ¿Play?
_ No, dije, se me pasó el tiempo de jugar
entonces miré el rostro de la joven y me perdí en el infinito de sus ojos verdes y repetí en silencio: se me ha pasado el tiempo.
Childe

