Colgó con rabia el teléfono. Otra vez había acabado discutiendo. Desde la muerte de su madre, Beatriz no se llevaba bien con él. La larga y penosa enfermedad que padeció antes de morir, hace cinco años, había acabado rompiendo la buena relación con su padre. Es triste ver cómo una tragedia en la familia acaba por destruirla al completo, lenta e inevitablemente. Acabas culpando siempre a los que tienes a tu lado, a los que más necesitas.
Tenía diecinueve años recién cumplidos cuando un cáncer traidor y asesino decidió que su madre no merecía vivir. En fase terminal – dijeron los doctores -, un año máximo. Como si ese tiempo fuese importante. No se va la vida en un año, sino en ese mismo instante, de pronto todos morimos. Y así vives, sin vida, esperando unidos el momento de la cruel verdad, saboreando cada amargo segundo, esperando… Porque el tiempo ha decidido tornar su avance pausado, para que sea la espera una cruel eternidad, y que nazcas y mueras mil veces.

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