Entradas de octubre de 2007

Relato

A primera vista

Por , en 3 de octubre de 2007

Autor: Luis Tamargo

Desde pequeña sobresalió por su carácter desobediente e indomable. Su padre lo achacaba a que nació cuando las mareas decrecían, pero sabía que la naturaleza de los seres está marcada por el entorno en que crecen y se desarrollan y, por ello, albergaba la esperanza de que algún día ella misma encontrase la medida justa. Sin embargo, lejos de agradar las expectativas de sus progenitores, la niña gustaba de arriesgarse siempre hacia límites más ignotos e inexplorados ya impulsada por sus irrefrenables ansias de conocer ya por poner así de manifiesto la rebeldía de su carácter.

A menudo recalaba en aquella zona apartada de la costa, al otro lado de la barra de arrecifes, una frontera que traspasaba con indiferente atrevimiento a pesar de las inútiles advertencias de sus amistades más preocupadas. En una ocasión, mientras se bañaba entre las rocas, se vio sorprendida al emerger de repente de una de sus zambullidas. A sus espaldas oyó el silbido melodioso y el chapoteo inconfundible de una embarcación. Cuando se volvió, el hombre silbó de nuevo al descubrir sus pechos desnudos y, desde cubierta, se echó a reír, abriendo mucho los ojos y saludando con la mano abierta mientras se alejaba.

A ella le gustó su porte distinguido desde el puente de mando, su aire resuelto y simpático, su esbelta figura recortada entre los azules de cielo y mar. Esa fue la primera vez que lo vio. Después, a lo largo de sus osadas correrías, se ocupó de averiguar dónde continuar observándole a escondidas, con curioso detenimiento. Así, desde la distancia, se fue fraguando un sentimiento de amor oculto que daba respuesta a sus inquietudes y, a la vez, colmaba todas sus ansias de exploración.

En otra ocasión, contempló desde la playa las luces que engalanaban la Gran Mansión y la fiesta que allí celebraba el Capitán, en honor de su tripulación, con motivo del Día del Mar. El lujo y la pomposidad se reflejaban en los uniformes solemnes y en los elegantes vestidos de las mujeres que bailaban en los espaciosos salones, bajo las enormes lámparas de lágrimas, al son de la música orquestada.

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Ciencia ficción

EL VIGILANTE

Por , en 3 de octubre de 2007

La luz de la vela se está consumiendo poco a poco y puede que perezca
antes de que acabe mi relato. Apenas puedo descifrar mi escritura entrecortada
y he de suponer que la culpa es de este dichoso temblequeo fruto del pánico que
corroe todo mi cuerpo. Hace solo unas horas que me encuentro en la misma
posición, agazapado, escondido bajo mi escritorio. La situación que me ha
llevado hasta aquí es de lo más irónica.

Procedo de buena familia inglesa, bastante acomodada y me trasladé a
Arkham hace tres años para acabar mis estudios en la facultad de ciencias de
Miskatonic. Siempre me han dado la misma habitación, la número seis de la
segunda planta, por lo que se me hace más cómoda la estancia aquí. Me siento
como en casa y entretengo mis horas muertas observando a mi vecino por una
apertura de la pared producida por la humedad.

Los pasados años fueron más aburridos, pero el nuevo inquilino tiene
algo que lo hace misterioso. Su aspecto es peculiar, viste con traje de
chaqueta y estudia filología, lo sé porque he visto sus apuntes sobre la
estantería. Y allí fue donde vi esos tomos de portada carcomida en cuyo lateral
venían títulos indescifrables por la rareza del idioma.

Soy poco docto en estos temas pues estudio ciencias, así que los copié
y los mandé traducir a un buen amigo mío. “El libro de los esplendores” es uno
de ellos, y el otro, el que más usaba se llama “Dogma y ritual de la alta
magia”. Los busqué por las bibliotecas y al no hallar rastro alguno, los
encargué a las librerías más caras de la zona y ninguna dio con ellos a pesar
de la importante cantidad de dinero que ofrecí por esos ejemplares.

Con lo que mi curiosidad me llevó a vigilar a mi vecino durante más
horas por aquel agujero de la pared. Se pasaba las noches en vela, comentando
frases ininteligibles de esos libros bajo la mustia luz del candil, y por el
día descansaba. Con lo que me era fácil observarlo en su vigilia ya que todas
las mañanas estaba ocupado con mis clases en Miskatonic.

Pero anoche sucedió algo extraño, ese chico tenía una mueca en su cara
en forma de triunfo, sonreía como si hubiera encontrado la respuesta al
acertijo y aquellas palabras, que eran las mismas de las noches anteriores
sonaron diferentes, guturales y sobrenaturales, las oí claramente por toda mi
habitación, en mi interior… un viento helado entró por la ventana que la
había dejado abierta, apagando la luz de mi vela. Temí encenderla y que pudiera
sorprenderme, pues la apertura de la pared no era demasiado pequeña y él ya
había apagado la luz del candil. Así que me dispuse a acostarme.

Esta mañana no estaba en su habitación y me extrañé pero seguidamente
tuve que marchar a la universidad para tomar mis clases.

A las ocho ya había anochecido y yo estaba de vuelta en mi estancia,
deseando observar a mi vecino, encendí la vela y cerré la ventana con los
postigos, eché la llave de la puerta tras haber ordenado a la señora Boltzman,
la casera, que nadie me molestase.

Entusiasmado miré por el agujero y cual fue mi sorpresa que en su lugar
había un ojo que me observaba. Un ojo amarillento, extremadamente grande, con
dos pupilas y un iris enrojecido. De él salían pequeñas pústulas de las que
emergía un líquido grisáceo que comenzó a caer por la pared de mi habitación
mientras aquel enorme ojo pestañeante me seguía observando. Mis músculos se
contrajeron, no pude gritar, ni siquiera lo intenté, estaba demasiado
atemorizado para pensar. La señora Boltzman no vendría, no me molestaría hasta
la mañana siguiente que vendría a despertarme y nadie vivía en la segunda
planta salvo mi vecino y yo. Estábamos solos, ese abominable ser de dimensiones
desconocidas, ese ser indescriptible del cual solo se veía su enorme ojo y yo.
El líquido era demasiado viscoso para filtrarse y desprendía un olor putrefacto
que me embriagaba, era el olor del miedo. Formó un charco en el suelo que cada
vez se acercaba más a mis pies. Sufrí un escalofrío horrible al pensar en el
tacto de aquel líquido lacrimal y me escondí bajo mi escritorio, el único lugar
de mi habitación desde donde no veo esa imagen que me vigila. Pero se que está
ahí, lo oigo respirar…

…¡Fui yo quien pronunció aquellas palabras!, las recité anoche, yo. Y ahora
ese ser tras el agujero agonizante espera mis órdenes.

Hoda

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Ensayo

Una Gota

Por , en 2 de octubre de 2007

Recuerdo una vez una gota de agua infeliz que vivía en un pequeño lago a las afueras de la ciudad, sus compañeras de no querían saber nada de ella ya que era una gota de agua con “pájaros en la cabeza” y eso si que era ser raro. Sus padres terminaron en el mar y sus hermanos en una depuradora, pero ella anhelaba algo más.

Soñaba por las noches mirando hacia el cielo que nacía de una nube y que descansaba entre los pétalos de una flor, que se consumía cuando el sol empezaba a dar calor y que sé hacia parte de ella. Pero miraba a su alrededor y solo veía miles de gotas perennes en su sitio.
Un día se fijo que llegaba por el camino una mujer, se la veía agotada por el calor, se agachó en la orilla y bebió agua. La gota se sintió de repente rara y mareada y le entró unas ganas inmensas de dormir……….y se durmió.

La mujer yacía placidamente dormida en la orilla, cuando por el mismo camino por el cual llego ella hasta el lago se acercaba un hombre, se la acercó la acarició la mejilla, los labios, los brazos, ella poco a poco iba abriendo los ojos y la gota empezó a ver luz, al principio tenue y luego más brillante. El hombre sujeto por la cara a la chica se aproximó a su oído y le dijo unas palabras, luego se fundieron en un beso. De la mujer escapó una sonrisa y unas cuantas lagriman de felicidad, una de esas lagrimas era nuestra pequeña gota soñadora, se vio como resbalaba por la mejilla debajo de la chica hasta topar con uno de los dedos del hombre y ella se las quitaba a besos.
De cómo una gota que no encontraba su lugar hasta encontrar lo que buscaba.

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Ciencia ficción

Tiempo que perder

Por , en 1 de octubre de 2007

Autor: Javier Malonda Ricart

El autor comenta los siguiente sobre el libro:

El libro trata sobre dos personas a cargo de interesantes proyectos de investigación. Pras trabaja en un experimento para lograr viajar a través del tiempo y Armand está a cargo de un enorme proyecto de simulación que intenta recrear la evolución del planeta Tierra. Mientras cada uno lleva su vida como puede, las cosas se complican y ambos descubrirán que tienen muchas cosas en común.

Como aviso en el prefacio, no soy un escritor profesional y no pretendo hacer la novela del siglo. Simplemente se trata de un proyecto personal que creo que ha quedado cuanto menos decente y que me gustaría compartir con todo el mundo. Espero que el que menos pase un buen rato con el libro. ¡Feliz lectura!

Os lo podréis descargar desde aquí: Tiempo que perder

Este libro no sólo se puede copiar y distribuir sin ánimo de lucro tan libremente como se desee,
sino que además animo a ello. Mi máxima ilusión es que todo este trabajo pueda llegar a tanta gente
como sea posible. ¿Para qué existen los libros si no es para ser leídos? Lo único que pido es que
se conserve mi nombre junto con las copias. Ya que voy a seguir siendo pobre, al menos que el
reconocimiento pueda alimentar mi ego.

Notas Extraídas de Barrapunto.com

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Narrativa, Relato

Joe Volado

Por , en 1 de octubre de 2007

Emisoras de radio, estamos trasmitiendo…cadenas de televisión sincronizamos el miedo en riguroso directo. El caos desvaría…hoy no hay colegio, la situación es desesperada…las adolescencias observan apoyadas en el muro.
Veinte litros de agua bendita por metro cuadrado, tomad y bebed…
A veces huir es el lugar de donde vienes. Joe Volado alunizó en un pretérito indefinido, llegó sin tripulación, sin nave…sin credenciales…desconociendo la ruta, la velocidad y el tiempo transcurridos. Transita solo la física…la duda atraviesa sus pensamientos, ¿no hay tierra en este planeta?. Un hombre acaba de germinar en la llanura del desconcierto, no sabe donde buscar raíces y la adicción al alcohol le está ahogando en el quebrado cenagal del absentismo. Eclipsado de los archivos, desapercibido por las arterias de ida y retorno ¿qué infiernos llora?.
Joe solitario enmarca sus recuerdos entre crucificados tapices surrealistas ajusticiados por el camino. Aterradoras alboradas de góticos despertares…iba dejando una estela de mismos ayeres por orillas de pueblos, ciudades, playas lóbregas, por atajos de piedra y rondas emparedadas de gris abandono y extrablancos vacíos amnésicos. El cielo surcado de señales, un desierto de símbolos que jamás expresaban nada. Seguir leyendo »

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