Archivo de Marzo de 2005

Cena y Lectura

3 de Marzo, 2005

Estaba encantada con el modo en que se estaba desarrollando el día. Mario la había llevado al concierto de la cantante alemana que, en cierto modo, había propiciado que hubiesen llegado a hablarse primero y a intimar después. Se habían conocido en una tienda de discos de importación de Santander, donde ella asistía a un curso de verano en la Magdalena. Acabaron tomando copas por unos bares recónditos, muy alejados del concurrido glamour de la zona del Sardinero. ‘Detesto la popularidad’, le había confesado Mario, quien el año anterior había sorprendido con una novela que le llevó a ser finalista del Nacional de Literatura.

Era apenas la cuarta cita y toda ellas se habían desarrollado envueltas en un arrebatador clima clandestino que no hacía más que aumentar su atracción por él. Se veían en sitios donde la prensa local no pudiera acceder a sorprenderles en ningún tipo de actitud romántica. ‘No soy ningún famoso interesante pero no quiero darles la oportunidad de convertirme en ello. Quiero seguir pudiendo pasear por donde me apetezca, con quien me apetezca sin que me asalte nadie ni para fotografiarme, ni para que le firme nada, ni siquiera para elogiarme’, le aclaró en la segunda cita, caminando por el empedrado de las calles de Santillana.

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La “chica” de la tienda

3 de Marzo, 2005

Aquel día su amiga convenció a José para que la acompañanara a comprar algunas cosas, así que entre tienda y tienda entraron a una, que en cuanto a lo que ofrecían no era nada fuera de lo normal, resultaba una tienda muy común como tantas que habían visitado aquella tarde, solo que al salir de la parte trasera de la misma, apareció ante los ojos de José una chica como él nunca había visto.

Lo primero que reparó en ella fueron sus azules ojos que a él le parecieron dos piedras preciosas, luego su blanca piel, claro José moría por las mujeres blancas mientras más blancas más le gustaban, tenia largos cabellos lisos y su apariencia era como la de la seda y de un negro azabache, a José no le tomó ni un segundo comenzar a fantasear con la chica, enseguida le vinieron a la mente infinidad de poemas y citas de amor, las cuales él estaba seguro que si las recitaba la conquistaría, mientras más la observaba más rápido latía su corazón, él estaba allí contemplándola extasiado….

hasta que de repente su rostro cambió, ahora tenía una expresión de ira, odio y frustración, como la pude tener alguien a quien le roban de un tirón todas las esperanzas y es que José se dio cuenta que la chica que los atendía, esa que en un segundo le había robado el corazón y que lo hizo fantasear….

esa chica no era más ¡¡que un trasvertí!!

Por Francisco Pérez Camacho.


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El encuentro

3 de Marzo, 2005

Se deslizó sigilosamente por su habitación, la contempló por un breve instante, que no llegó a ser un minuto, y enseguida comenzó a besarla por todo su blanco y delgado cuerpo, la acariciaba de pies a cabeza como tratando de sentir cada centímetro de su piel, pronto ella comenzó a hacerle lo mismo. Las caricias y los besos fueron cada vez más y más intensas violentas y salvajes.

Ella daba la impresión de que se lo quería comer vivo y esa misma noche, él por su parte parecía que estaba lamiendo y disfrutando del helado más grande y sabroso del mundo, así estaban los dos dejando salir toda la pasión y el deseo que se tiene cuando se es adolescente.

Hasta que de repente se escuchó un grito
¡ Pedrito párate de una buena vez!
¡Que vas a volver a llegar tarde al colegio!

Por Francisco Pérez Camacho.


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Maravillosa Infancia

3 de Marzo, 2005

Miro atrás y veo con que facilidad vivía y sentía cuando pequeño.
Esas miradas cómplices que explicaban todo sin hablar.
Esas enseñanzas y apoyo de los mayores sin maldad, esas
sonrisas por doquier. Recuerdo con emoción aquellos días.
Y aunque los años pasaron cada día trato de rememorarlo en mi
vida actual, esa completitud de persona, esforzándome por ser feliz.
Además creo que el alcance de toda felicidad es la simpleza.
Muchas marcas tengo de la infancia desde esas ansias de crecer
no sabiendo que me esperaba hasta esas tarde bajo el sol hechas
perfectamente para mi donde nada era mas importante que mi
jugar; debemos revivir la emoción de aquellas épocas.
Poco a poco a lo largo de mi corta vida he juntado muchas
experiencias que me llevan a conclusiones siempre parecidas acerca
de la vida y el vivir de las personas.
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Torneo Clausura 2010

2 de Marzo, 2005

Relator -”Y seguimos transmitiendo, en vivo, señores, desde el estadio mundialista Axe, en donde el equipo local disputa la quinta fecha del torneo clausura 2010 Renault, enfrentando a la escuadra Matarazzo que viene de ganarle 1 a 0 al aguerrido equipo Techint, la semana pasada!!!”

Comentarista -”Este es un momento Duracell, si querés ganar, ponéte la pilas!!!”

Relator: -”Sí, estamos todos expectantes ante el resultado de este partido, que definirá la posición de los equipos como argumentos de venta del desodorante hipnotizador de mujeres bellas, y la pasta seca que genera ambiente hogareño!!!

Comentarista -”Creo que también define la posición de los equipos en el torneo, corríganme si estoy equivado”

Relator-”Del torneo clausura 2010 Renault!!!, por supuesto que sí, no es algo que se deba dejar de lado, es importante, tan importante como la alimentación de tus hijos para que crezcan sanos, comiendo Danonino!!!!

Danonino, o enfermedad, vos elegís!!!

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CIUDAD SITIADA

2 de Marzo, 2005

Lis no está despierta. Tiene los ojos cerrados y respira de manera un tanto irregular. Su cuerpo menudo y pálido se oculta bajo un número indeterminado de mantas y ropas de los más variados colores. Aunque ella no lo sabe, tiene la pierna derecha dormida. Pues una niña de unos ocho años, con trenzas y de pelo color zanahoria, ha encontrado una relativa comodidad descansando su cabeza sobre la extremidad de Lis. Además, ella misma descansa sobre y debajo de otras gentes, desconocidas, unidas entre sí por el mutuo calor que se brindan entre ellas. No es una frase hecha. No se brindan un calor humano, pleno de sentimientos, aunque algo de ello habrá. Es una frase literal. Siguiendo el primitivo, aunque útil, o en vez de aunque precisamente por ello, instinto animal latente en todo ser humano. El mismo que hace que en un rebaño las ovejas se junten entre ellas para darse calor en una fría noche de invierno, luchando desesperadamente por no ceder ante la blanca y rígida muerte que brinda la congelación.

Falta poco para el amanecer. El frío ha tenido tiempo de sobras para calar dentro de los huesos de los durmientes y cuando despierten notaran que el sueño no les ha servido de mucho. Falta poco para que despierten. Tanto Lis como los demás saben inconscientemente que el incesante murmullo del bombardeo y el estruendoso rasgar de alguna bomba cercana, ha cesado. El mensaje ha sido procesado en su cerebro, y este hace un tímido aviso para despertarla. Pronto abrirá los ojos y se retorcerá entre las mantas. Y como cada mañana al despertar acudirá a ella la absurda idea de unos alegres soldados, con impecables uniformes que se van a desayunar deliciosas pastas de té no sin antes dirigir una ansiosa mirada de despedida a sus relucientes cañones, dando así un respiro a las trasparentes figuras que se mueven entre las ruinas de la ciudad sitiada. Vagas sombras que causan la sensación de ser los fantasmas de los miles de muertos, algo más sólidos, algo más tangibles, pero no mucho más.

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Square signals

2 de Marzo, 2005

El día amanecía hoy una hora más temprano. La luz había convertido en una cebra las sábanas de Adrian hacía tiempo, pero su explosión de enfado no se consumó hasta oir las 40 toneladas de clavos que producían en su cabeza los pitidos del desperador.

Ninguna mañana se sentía de buen humor, pero hoy varias cosas la hacían especialmente detestable. El olor de la botella de whisky a los pies de la cama provocó una angustiosa náusea a Adrian, que trataba de desperezarse. Sentía como si hubiese estado embalado durante 20 años y por fín lo soltasen, no se podía ni tener en pie.

Había quedado a las 9 de la mañana con Jan Krushev para entregar el final de su trabajo. Tan sólo serían unos minutos, largos, fríos y distantes. Luego todo habría acabado, pero Adrian sentía un miedo sordo que se enredaba en sus intestinos. Salió de casa con la contradicción interna de quien espera impaciente en la sala de un dentista.

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EL BILLETE

2 de Marzo, 2005

Como cada tarde, tras salir del trabajo, entré en el bar cercano a la oficina y pedí una cerveza en la barra. Había sido un día muy largo. Con dos compañeros de baja y más trabajo que nunca, había salido casi una hora más tarde de lo normal, a las ocho y media. Saqué el periódico de la cartera y le eché un vistazo mientras bebía lentamente mi consumición. Acabada la cerveza, me dispuse a pagar, para lo que registré mis bolsillos en busca de monedas. Las pocas que encontré no sumaban suficiente dinero, con lo que tuve que darle al camarero un billete de 20 euros.

Recogí el cambio, un billete de diez euros y algunas monedas; cuando estaba guardando el billete en la cartera, observé que tenía algo escrito en uno de sus laterales, al dorso de la banda iridiscente de seguridad. Se trataba de una caligrafía inconfundiblemente femenina, elegante y pequeña. Caía un poco hacia la izquierda y el trazo azul parecía ser de tinta de pluma. La leyenda no podía ser más descorazonadora: “me siento sola”.

Escamado, salí del bar y tomé el metro. Durante el trayecto hasta mi casa, de unos 25 minutos, observe detenidamente el billete con la enigmática frase. Las primeras letras estaban algo borrosas, seguramente a causa del efecto de los dedos al manipular el papel, que estaba casi en perfecto estado. La letra me gustó mucho. Admiro a la gente que tiene una bonita caligrafía, sobre todo porque la mía es horrorosa. Tengo entendido que existe una práctica, ignoro si científica o no, que retrata el carácter de las personas a través de los trazos de su caligrafía. “Lástima no tener ni idea de eso”, pensé en aquel momento.

Ya en casa, dejé la cartera sobre la cama y me tumbé en el sofá. Traté de imaginar a la persona que había escrito aquello. La supuse joven, bien formada e incluso con un buen trabajo. Tal vez estaría atravesando una mala etapa. Todos estamos expuestos a ello, yo mismo había tenido unas semanas atrás un periodo negro, relacionado con la separación de mi mujer. Llegué a la conclusión de que había escrito esa frase sentada en alguna cafetería, mientras repasaba una existencia llena de frustraciones y desengaños. De algún modo, me sentía como si hubiera encontrado una botella con un mensaje dentro, como las que lanzaban los náufragos en tiempos. En este caso, ella era una náufraga en mitad de una ciudad de 3 millones de personas. La suya era una soledad de hormiguero.

Recordé entonces que cuando yo era pequeño tenía la costumbre de firmar los pocos billetes que caían en mis manos. Siempre esperé que alguno de ellos regresara a mí después de haber cruzado el país de punta a punta, de haber servido para pagar infinidad de cosas. Revisaba por ello todos los billetes que veía entrar en mi casa.

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