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Fué actualidad, Relato

LOS CURAS NO TIENEN CURA.

Por jacobo saul rabin, en 31 de Mayo de 2010

Presumir que el mundo puede cambiar después de un Holocausto, es sencillamente no comprender la naturaleza humana.

La religión Católica Apostólica y Romana, a pesar de ser un riñón del Judaísmo, necesitó alimentar el odio contra el hebreo como método para atraer fieles ,y como sistema, para tapar sus propias engañifas.

En unas declaraciones a un periódico italiano, el obispo emérito de Grosseto, Giacomo Babini, un octogenario inútil y parasitario acusó al “Sionismo” de la campaña de denuncia de los escándalos pedófilos.

Este pensamiento retrógrado e irrecuperable tiene un mismo correlato de aquellas acusaciones que se nos hacían en siglos pasados, de utilizar sangre de niños católicos para elaborar el pan ácimo. Lo único le faltó a este imbécil con sotana, decir que nosotros somos los causantes de la Gripe A. Porque esta misma Iglesia alimentó entre el vulgo la idea que la Peste Negra que asoló Europa en la Edad Media nosotros la provocamos.

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Clásicos

La Noche-mala del Diablo, de Leopoldo Alas

Por Marcelo Ferrando Castro, en 30 de Mayo de 2010

Viajaba de incógnito Su Majestad in inferis, despojada la frente de los cuernos de fuego que son su corona, y con el rabo entre piernas, enroscado a un muslo bajo la túnica de su disfraz, para esconder así todo atributo de su poder maldito.

Viajaba por el haz de la tierra y recorría a la sazón el Imperio Romano, en cuya grandeza confiaba para que le preparase por la fuerza y la humillación de las almas el dominio del mundo, que era suyo, según demostraban, con árboles genealógicos y una especie de leyes Sálicas, los abogados del infierno.

Había llegado a la Judea romana, atravesando el Gran mar como si fuera un vado; sobre las olas las plantas de Luzbel dejaban huellas de humo y chirridos del agua que quedaba hirviendo a su paso. Tomó tierra en Ascalon, y subiendo hacia el Norte por la playa estéril y desierta, antigua patria de los Filisteos, pasó, al ponerse el sol, cerca de Arimatea y de Lidda; más al llegar la noche, fría, helada, las estrellas que brillaban, y temblaban, muchas de ellas, con particular brillo y temblor, le dieron cierto miedo supersticioso; y como un ave a quien el viento, que cambia, empuja hacia donde va su ímpetu; o como nave que la tempestad envuelve, Lucifer se sintió impelido hacia Oriente, o mejor, hacia el Sudeste, camino de Emmaús, y allá fue, remontando la corriente de un flaco riachuelo.

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Fantasía, Relato

Camarón Blanco

Por Mario Valenzuela Rojas, en 29 de Mayo de 2010

CAMARON BLANCO

-Preciosa me parece la vida en este nuevo día! Despierta mi Padre y me inunda con su tibio aliento…, ¡Las nubes escapan asustadas!!:
¡Padre! Creador del divino mirar.
Amo tus dulces caricias de luz.
Sosiego y calma en este despertar.
El pequeño Chirio gorjeaba alzando su cabecilla entre las ramas de picapica. Entonaba la canción de un nuevo amanecer a la vida. Se sentía dichoso y su alma vibraba rozagante de felicidad. Mostraba jubiloso su pechito amarillo elevar sus trinos suaves.
-¡Oler el perfume de las quilas, jugar entre las zarzas, comer lo que Dios me ha brindado…¿Qué más puedo desear?-, decía el pajarillo mientras saltaba de rama en rama, o volaba sobre las hierbas.
Sus ojos incansables se extasiaban en esta siempre primera contemplación. La línea férrea por un lado, y por el otro, el cerro que se perdía a lo lejos, lleno de árboles que escalaban hacia el cielo. El camino del tren, silencioso y enmohecido, no presentaba obstáculos para el pajarillo.
De las matas de arbustos se iba a saltar y buscar semillas e insectos entre los agrietados soñadores, o subíase a los inseparables compañeros de la línea férrea para recrearse en el paisaje. Desde ahí, bajo el terraplén y orillando los raíles, se extendían pastizales anegados en grandes trechos, cuidados por las sempiternas rumiadoras. Hacia el oeste, grandes sementeras de alfalfa o trigales erguidos en semillas de pan y adolescencia.
No sabía el porqué de tanta dicha por la creación; veíala con el alma henchida de amor. Jugueteaba y revoloteaba. Sus ojos endulzados de recientes flores, fulguraban en matices rosas purpurinos, irradiados de sus pupilas brillantes. Pasaba el día.

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