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La melodía de Gabriel

La melodía de Gabriel *(Fragmento) Hacia una noche estupenda, había luna llena y millones de estrellas parpadeantes en el oscuro cielo. Por eso se había previsto hacer una fiesta para esa noche en la gran mansión del señor Charles Wachip, se había mandado invitar a todos sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos en concreto a todos los que alguna ves se habían cruzado en su vida de 69 años, claro que todos no podían entrar en casa por muy grande que fuera, por eso había una simple pero importante advertencia que había de cumplirse para poder asistir a la fiesta: ir disfrazado, no importaba de quien o de que, pero el disfraz tendría que estar bien trabajado y que fuera creíble. La esperada fiesta en la mansión había comenzado, la música clásica tocada por los
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SE PASA LA VIDA

SE PASA LA VIDA Al pecho de la calle se le ha sellado, justo en el centro, una linea de acero; es algo parecido a los rieles de la vía del tren.Esta vía no es ferroviaria, por ella no avanza a grandes velocidades un tren de carga o pasajeros.Por sus hendiduras se desliza un bastón, este bastón lleva un ojo en el extremo que se aplica a la vía, la mano que lo dirige debe de empujarlo con fuerza para evitar que este salga de su linea; de ser así, el ojo perderá el control. Solo algunas calles tienen esta linea y para encontrar otra que haya sido sellada y hendida de plata habrá que caminar a ciegas, en medio de titubeos, rodeando y de regreso sobre las mismas.En ocasiones estaremos al borde del abismo
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Antología Microrelatos I

–Purgatory Lo siento pero ya no puedo seguirte más estoy aquí perdida, también, entre almas iguales Ya solo podré verte en mis sueños que serán los más hermosos. Lo siento he salido huyendo hacia otro camino, será mejor así, ahora aunque mi cuerpo se encuentre en este laberinto mi mente siempre estará contigo, mi amor. –You Are the One Uno por uno voy venciendo les, uno por uno voy cayendo por un acantilado hacia el mar azul que hay en tus ojos me sumerjo y me hundo, peor me salva tu dulce boca y los dos nos convertimos en un sol invisible, que brilla sin parar en cada lado del universo. –Cyber Love Es algo automático, pero lo que siento no lo es, los seres que me rodean parece no haberse dado cuenta, siento una emoción que no había tenido
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La última hora del día

Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron como langostas el espacio abierto de la plaza y danzaban en torno a ella, a su figura retorciéndose de maneras toscas, y algunas veces soberbias. Uno de ellos se rió luego al caer sobre su sombra, enroscado de la risa y atropellado por mil suelas mugrosas; rió tanto que se orinó encima y Lola dio un ligero salto para evitar mojar sus pies desnudos. Más tarde, por la calle ya no corrían sombras, estaba el sol sentado en la mitad
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EL EXTRAÑO

La máquina emitió un silbido a través de la bocina y se detuvo exhalando todo el vapor de la caldera en una espesa nube blanca. La jornada laboral había llegado a su fin. Pitman, cubierto de grasa, surgió de entre los engranajes y bajó por el dentado para entrar junto a sus compañeros a las duchas de descontaminación. Algo más tarde, los obreros de la fábrica, flanqueados por los policías de hojalata que vigilaban las calles armados con sus porras eléctricas, partieron hacia la taberna con gran algarabía y allí pidieron una ronda de cerveza Ale bajo la imperturbable mirada del gran reloj de la torre. No habían terminado de tomar la penúltima pinta cuando sonó la segunda sirena, en la que las chimeneas de las fábricas enmudecen y el frio polar
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Ella

Caminé largo rato siguiendo las luces intermitentes que iluminaban la triste calle, no recuerdo bien lo que me impulsó a cambiar las tardes familiares (O tal vez me es difícil explicarlo) por las caminatas hacía lo desconocido, cual hoja de papel al viento en un mundo cruel que amenaza constantemente con hacerla desaparecer, de sumirla sin piedad en la inmensidad de lo desconocido, de lo lejano, de lo distante. Progresivamente fui dejando atrás la calidez del núcleo familiar, los planes a futuro y los paseos dominicales, en la medida en que me veía inserto cada vez más en el mundo sombrío de los desdichados, dependientes de los vicios y amigos de la soledad. Bastó que viera mi reflejo en uno de los espejos exteriores del café, que con sus exóticas luces iluminaba la calle, para que un sentimiento nostálgico recorriera mi cuerpo, me